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El último combate de Muangsurin

Ayer falleció Saensak Muangsurin, el púgil que destronó a Perico Fernández del cetro mundial. El eterno campeón aragonés evoca la histórica pelea celebrada en Thailandia

Una imagen clásica de Perico Fernández, con los brazos abiertos al viento de la victoria.
El último combate de Muangsurin
heraldo

Hace décadas que Perico Fernández se soltó los guantes que gobernaron el mundo. Le arrebataron la faja universal, pero Perico sigue portando la corona de referente eterno del deporte aragonés. El mito del legendario púgil regresa de forma más o menos periódica. Ayer volvió a gravitar su imagen sobre el noble arte al conocerse la muerte de Saensak Muangsurin, el boxeador que lo destronó en Thailandia en un combate histórico.

 

Alejado del cuadrilátero, Perico Fernández sigue luchando por la vida, ahora entregado a la pintura. Y es que Perico siempre fue un artista. Es pintor, pero no de brocha gorda. Ahora deposita todo su arte sobre el lienzo. Para hallarlo por Zaragoza en fecha tan señalada como la muerte de su rival más afamado, había que dejarse caer ayer por sus lugares de paso, por los rincones en los que encuentra cariño y afecto al cobijo de Miguel, de Carlos, de Jorge. Por la tarde, sobre todos los escenarios, en el Café de los Artistas, en la calle Francisco de Vitoria. Perico hizo acto de presencia pasadas las 19.30. Al ver la hoja impresa con la noticia recién vomitada por el teletipo, el boxeador no se lo creía en un principio. Luego, articuló un exabrupto impronunciable. Finalmente, rectificó: "Así es la vida. Todos acabaremos en el mismo sitio. Que descanse en paz".

 

Cumplidos los 56 años, Perico abrió el diálogo contando su nueva vida, otro más en su complejo itinerario vital. La proclamó en la barra del establecimiento con argumentos irrebatibles: "Una cerveza sin alcohol, por favor". Después de reposar, se explayó: "Yo también lo he pasado mal. Estuve hospitalizado hace unas semanas. Tengo azúcar en la sangre. Me estaba quedando ciego. ¿De qué ha muerto el chino?", reiteró hasta la saciedad, mientras escrutaba el papelote en el que aparecía impresa la noticia recién cocinada por las agencias. "El ex púgil tailandés Saensak Muangsurin, quien en la década de los setenta arrebató a Perico Fernández y Miguel Velázquez el título de campeón mundial del peso superligero, falleció hoy -por ayer-, con 59 años, de una infección intestinal, informó la prensa local", rezaba la nota.

Gloria eterna

Metido en harina, Perico se comenzó a soltar acerca de los acontemientos acaecidos aquel inolvidable 15 de julio de 1975. "Respeto mucho a los muertos. Que Dios guarde en su gloria a Muangsurin, porque como boxeador veo muy complicado que pase a la gloria del boxeo, pues era un paquete de cuidado. No tenía nada para ganar. Me hicieron una encerrona de miedo en Thailandia; si no, no me habría ganado en la vida. A mí no me derrotó él, sino la droga que me echaron en la comida y en la bebida. He tumbado a bastantes boxeadores mucho mejores que él. El brasileño Joao Henrique o el español Alfonso Redondo eran mil veces mejores que él. En el boxeo, no siempre gana el mejor. El mundo del deporte tiene estas cosas", explicó insistentemente.

 

Perico no se detuvo en su argumentación. "En España había mucha expectación. Desde que me proclamé Campeón de Europa (la recordada noche del 26 de julio de 1974, en Madrid, con rotundo KO a Toni Ortiz), la gente, todo el mundo por la calle, no me dejaba en paz. Luego, me proclamé campeón del mundo. La conquista de ese título mundial se convirtió en un asunto de Estado en Thailandia. El que luego sería presidente del Gobierno de Thailandia preparó la pelea para que ganara él. Boxeamos en un escenario a más de 40 grados. Él apenas me pegó. No me llegó en ningún momento. Perdí por abandono, por el agotamiento causado por la droga que me suministraron. El hecho de que luego no quisieran hacer control antidopaje lo aclara todo. Cuando me proclamé campeón mundial, sí me lo hicieron. Todo está clarísimo. Él o quien fuera se llevó los cinco millones de pesetas que había de bolsa y a mí me dejaron tirado", dijo, en un lamento que ya dura más de 33 años.

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