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El tiburón de Agapito

Jorge Mendes juega en estos días un papel fundamental en el Real Zaragoza. Donde no alcancen los marchitados medios del club, lo hará él.

Jorge Mendes, el nuevo hombre de confianza de Agapito Iglesias
El tiburón de Agapito
HERALDO.ES

Nadie o casi nadie en Navaleno conoce a Jorge Mendes. «Jorge, ¿qué?», cuestiona precisamente Jorge, el dueño del restaurante El Maño, situado a poco más de doscientos metros de la casa de Agapito Iglesias en su pueblo natal. «Ni idea de quién es», remata. Tampoco Juan, uno de los clientes: «Así que este señor hace negocios ahora con Agapito …».

Desde que compró el Real Zaragoza, Agapito ha cuajado negocios con mucha gente. Siempre buscó el empresario soriano un olfateador del mundillo, alguien en quien confiar, con quien moverse en un terreno pantanoso, repleto de tiburones y rapaces. Uno de esos asistentes de confianza acabó incluso como director general del club, el alemán Gerhard Poschner, quien enlazó a Agapito con personalidades y notables del fútbol y le facilitó contactos y operaciones. Ahora, esa función, ese teléfono que siempre responde y ofrece consejo, ese hombre en quien delegar es el portugués Jorge Mendes, el representante de moda.

Jorge Mendes juega en estos días un papel fundamental en el Real Zaragoza. Donde no alcancen los marchitados medios del club, lo hará él. Bajo su cobijo se encuentra el puñado de nombres en cartera del equipo aragonés. Representa a Giovanni y Jonathan, los hermanos Dos Santos; a Hugo Almeida, a Bruno Gama; ha participado en el fichaje de Juan Carlos, su ascendencia sobre el Benfica es esencial en el intento de regreso de Roberto Jiménez a la portería… Jorge Mendes, pues, representa el motor del mercado zaragocista.

Pero, ¿quién es este empresario de trajes lujosos, Porches, y sonrisa de broker? Jorge Mendes Agostinho nació hace 45 años en Lisboa, aunque aparente algunos menos. Hijo de Manuel, funcionario, y María, ama de casa, cambió su Lisboa natal por Viana do Castelo, una pequeña ciudad de 30.000 habitantes a 50 kilómetros de la frontera con Galicia. Jugó en el club local, el Vianense, como interior izquierdo. Pero sus inquietudes empresariales se impusieron al fútbol. Compró las vallas publicitarias del estadio y, con su explotación, comenzó a levantar un mito. Montó una hamburguesería y un videoclub que funcionaron como una máquina de hacer escudos portugueses. Aquello le llevó a crecer abriendo una discoteca y allí conoció a la figura que inauguraría su carrera como agente: el portero Nuno, a quien hizo su socio y traspasó en 1997 al Deportivo de la Coruña de Lendoiro, que no podía faltar en la película. Luego, atrajo a su cartera a Costinha, Jorge Andrade, Hugo Viana… Junto a su sobrino Luis Correira, diez años menor, instauró un modelo empresarial en constante expansión, donde el gancho de futbolistas es la gestión de la imagen, con jugosos contratos publicitarios para sus representados.

Un inmenso 'holding' futbolístico

De Mendes se dice que, como los grandes agentes, toca las teclas adecuadas, es ambicioso, sabe entablar relaciones prestigiosas y, sobre todo, posee el músculo persuasivo de un encantador de serpientes. Su poder e influencia creciente se explica con algunos datos indiscutibles. A través de la empresa Gestifute (Gestión de Carreras de Profesionales Deportivos), controla a casi un centenar de futbolistas. Da trabajo a más de 30 empleados, y sus operaciones cada verano suelen mover entre 150 millones y 200 millones de euros, en total, casi 1.000 millones en los 14 años que lleva en el negocio.

Generar semejante volumen financiero solo es posible uniendo dos cabos imprescindibles: poseer una cartera de futbolistas de nivel mundial y tener cama y mantel en los mejores clubes del planeta. Y Mendes, como casi todos los agentes e intermediarios, es inteligente. Representa a Cristiano Ronaldo, Di María, Nani, Pepe, Fabio Coentrao, Carvalho, Anderson, Simao, Thiago Silva, Quaresma, los hermanos Dos Santos, Rafa Márquez, Motta, Radamel Falcao (su última captación)… Y también a entrenadores, como José Mourinho y Felipao Scolari. Un circuito de nombres que se cruzan y se tocan en algunos clubes, como actualmente en el Real Madrid. A Mendes se le acusa de tener la llave del Santiago Bernabéu. Esa llave ahora es Mourinho, embudo perfecto, amigo y confidente, para que entre el género en el Real Madrid empujado por traspasos de escándalo.

En el negocio de Mendes, un pilar lo representan los clubes plataforma. Mendes no solo representa, asesora e intermedia. No es solo un comisionista, sino también un inversor. Compra joven, barato, al ser posible fuera de Europa, fragmenta la propiedad de los futbolistas compartiendo, cediendo o vendiendo porcentajes a determinados clubes y luego recoge: los relanza hasta la revalorización y la plusvalía. La técnica resulta conocida. En algunos sitios la llaman de un modo y en casi todos recibe el nombre de especulación. Mendes ha levantado su imperio así, a base de comisión (se cuenta que por asfaltar el aterrizaje de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid cobró 9 millones de euros) y especulando, inflando la burbuja del fútbol.Expansión creciente en España

En los últimos años, varios clubes han sido cubiertos por la sombra de Jorge Mendes. Comenzó dominando el fútbol portugués, el Oporto, principalmente, y ahora más el Benfica o el Sporting de Braga. Los éxitos de Mourinho lo catapultaron al Chelsea donde, además del al técnico, colocó a Costinha, Paulo Ferreira, Tiago y el portero Peter Cech, moviendo en unas semanas más de 65 millones de euros. Luego se le abrió la puerta del Manchester United (Cristiano Ronaldo, Nani, Anderson y Bebe) y del Inter (Mourinho, Motta, Quaresma). Y en los últimos tiempos ha agregado, en Turquía, al Besiktas (Simao, Manuel Fernandes, Quaresma, Bebe y Hugo Almeida).

Dentro del fútbol español, además del Real Madrid, las naves nodrizas de Jorge Mendes han sido el Deportivo (Nuno, Jorge Andrade o Zé Castro) y, sobre todo, el Atlético de Madrid (Hugo Leal, Maniche, Costinha, Seitaridis, Cleber Santana, Tiago, Zé Castro, Simao, Motta, Diego Costa y los últimos, los brasileños Miranda y Elías). Desde hace tiempo, Jorge Mendes busca más aliados, clubes con los que reimpulsar a futbolistas de su catálogo. Asociado a él, como dos sabuesos voraces, opera Peter Kenyon, ex director deportivo del Chelsea y ejecutivo de la empresa CAA, radicada en Estados Unidos y encargada de la representación de artistas y deportistas de élite norteamericanos y que se diversifica ahora al fútbol. Mendes y Kenyon, a través de un fondo de inversión, controlan las carreras de varios futbolistas. Uno de ellos es Hugo Almeida, el delantero deseado por el Zaragoza. Cuando le quedaban seis meses de contrato con el Werder Bremen, Jorge Mendes lo colocó en el Besiktas por 2 millones de euros que ingresó el club alemán. Pero los turcos solo compraron la mitad del pase del futbolista. El resto, es de Mendes.

Agapito Iglesias se acerca al agente portugués fruto de su estrecha relación con Miguel Ángel Gil Marín, soriano como él, paisano, dueño del Atlético de Madrid y, como se ha visto, bien situado dentro del bucle de futbolistas de Mendes. Ahora, Agapito trabaja codo con codo junto a Mendes, mientras en Navaleno la gente se pregunta quién es ese portugués de afilados colmillos del que cuentan los periódicos que tan buenas migas hace con Tito.

Jorge Mendes, elegante y con una imagen perfectamente cuidada, camina con Cristiano Ronaldo por las calles de Madrid. El futbolista portugués, junto con el entrenador José Mourinho, se han convertido en los mascarones de proa del imperio de Mendes.

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