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ASCENSO AL DHAULAGIRI

El reto de ser la primera

La zaragozana Marta Alejandre se convirtió ayer en la primera aragonesa en culminar con éxito el ascenso a un ochomil en su segundo intento a una cima de esta altura, tras el fallido Broad Peak de 2007.

Marta Alejandre acompañó a Carlos Pauner en 2007 al Broad Peak. Era su estreno en un ochomil. Si hubiera culminado con éxito la aventura se habría convertido en la primera aragonesa en subir una cima de esta altura. Pero el fuerte viento en el collado la obligó a darse media vuelta a 7.800 metros. En 2008, la rubia zaragozana, de 27 años, carita risueña, decidida en la vida, sin miedo en la montaña, ya puede gritar bien alto que, ¡ahora sí!, ha cumplido en el Dhaulagiri, en la "montaña blanca", el reto que el dios Eolo le privó hace un año.

Para Marta, la experiencia es un grado. Estudio Geológicas "porque lo asociaba a monte", aunque lo suyo siempre ha sido el contacto directo con la Naturaleza. Montañeros de Aragón le abrió las puertas a la escalada, al alpinismo..., al Himalaya. "La montaña está en muchos aspectos de mi vida", reconoce. Y desde Villanúa ha fomentado su pasión y se la ha trasladado a las personas que le acompañan en los 'trekkings', en los descensos de barrancos, en sus frecuentes salidas como guía o como pister, este pasado invierno. Pero Marta siempre ha mirado más lejos, a los Andes (Aconcagua), a los Alpes, al Nepal, donde ha atacado cincomiles y culminó con éxito un seismil, el Island Peak.

Ana Sesé se atrevió a pronunciar la palabra ochomil (Broad Peak, 1989); después fue Isabel Santolaria (Gasherbrum y Broad Peak, 2006). Ambas trataron de convertir los éxitos de esas expediciones en algo más, en un reconocimiento al trabajo y esfuerzo de las mujeres ante el difícil reto de abordar unas montañas que asustan. Marta Alejandre recogió el testigo de Isabel, sin presiones. Carlos Pauner se fijó en ella en 2007 y se la llevó al Broad Peak. "Pese a no conseguir la cima, el resultado fue más que satisfactorio. El camino es apoyar y arropar a los jóvenes valores de esta tierra para llegar a lo más alto", comentaba el alpinista jaqués.

Marta aprendió, "mucho". Y Pauner no dudó hace unos meses en incluirla en el exigente doble reto que se ha propuesto esta primavera: el Dhaulagiri y el Everest. "Entonces, mi preocupación era saber si iba a ser capaz de volver sola. No podía comprometer a mis amigos. Lo que ha cambiado en un año es que ahora sé más adónde voy y esto va a ser fundamental para llegar arriba. Sé qué puntito de más tengo que dar en la altura. Estoy fuerte", reconocía antes de partir, en la pista del aeropuerto de Zaragoza, el pasado 24 de marzo. Con los nervios previos al inicio de una arriesgada aventura. "Voy dispuesta a darlo todo, con energía. Este año sí, me voy a dejar la piel", decía alto y fuerte.

A las 11.45, hora española, el sufrimiento por una eterna ascensión de más de once horas terminaba. Marta Alejandre sonreía de felicidad. El objetivo estaba cumplido.

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