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Deportes

REAL ZARAGOZA

El pulso atómico

Ewerthon y Oliveira se sumergen en una sana rivalidad por el Pichichi de la categoría. Los goles de esa lucha amiga son el mejor carburante para el ascenso del Real Zaragoza.

Hace un año, el Corinthians se arrojó a la Segunda División brasileña por primera vez en su historia. La noticia sacudió el fútbol sudamericano por la dimensión de la víctima: clásico de Brasil, campeón del Mundialito de clubes, segunda hinchada más poblada del país tras la del Flamengo, vitrinas nutridas de campeonatos 'Brasileiraos' y 'Paulistas', criadero de glorias como Rivellino o Sócrates… Su hundimiento no fue inesperado. Cayó arrastrado por los disparates mafiosos de una directiva protegida por la multinacional MSI, empresa basada, entre otras cosas, en la representación, inversión y desinversión de futbolistas. El clientelismo, los desvíos de capitales y los sobornos a los árbitros arrasaron el alma del Corinthians. Todos los pecados quedaron purgados hace un mes. Con cuatro jornadas de antelación, el 'Timao', como se conoce al histórico de Sao Paulo, regresó a Primera. Sonrió de nuevo.

A muchos kilómetros de allí, Ewerthon y Oliveira también sonríen. Ambos criaron su ferocidad goleadora en la cantera del Corinthians, golpeando las mismas redes y mirando al mismo cielo. Aunque nunca convivieron en el primer equipo; sí lo hicieron en juveniles. Ahora repiten en Zaragoza, conformando la pareja ofensiva más temible de Segunda, capaz de festejar 15 dianas (8 Ewerthon y 7 Oliveira) y encabezar el ranquin de parejas goleadoras del lugar, por delante de Nino y Ángel (Tenerife, 11 goles), Antoñito y Momo (Xerez, 11) y Dinei y Ghilas (Celta, 10). Solo las lesiones han frenado una producción mayor. "Nos compenetramos bien. Somos brasileños y coincidimos en el Corinthians. Nos conocemos, y eso nos ayuda. Pero para nada somos egoístas y queremos el protagonismo. Aquí somos un equipo y debe ser compartido entre todos. Llevamos quince goles entre los dos, podríamos llevar más por nuestras características y calidad, pero lo importante es ganar, con independencia de los goleadores. Si marco, bien, y si no, si ganamos, soy igual de feliz", afirma Ewerthon, ocho goles y provisional Pichichi junto a Marcos Márquez (Las Palmas).

Por el premio a la voracidad, nadie presenta candidaturas más categóricas que los dos zaragocistas. La puja amiga se antoja bestial. De no quebrar el ritmo, ambos se repartirían a final de temporada ¡48 goles!, una cifra atómica y desgarradora. Su comportamiento, además, supone una garantía para Marcelino. Hasta el momento, cada uno de los goleadores brasileños, ha explotado su secuencia. De Ewerthon fueron los primeros partidos (goles consecutivos a Real, Las Palmas y Elche), cuando él se apagó, Oliveira continuó con su serie (Murcia, Alavés y Sevilla), al Xerez lo destriparon entre ambos, y, actualmente, ante la pausa de Oliveira (cuatro jornadas sin marcar, sanción mediante), Ewerthon mantiene vivo el gol. Esta alternancia es un seguro para Marcelino y carburante para el ascenso.

Tanto Oliveira como Ewerthon, pese a su aparente uniformidad, han logrado conciliarse en el espacio ofensivo. No importa que ambos sean fugaces, verticales y algo autosuficientes. Marcelino los ha articulado reinventado a Ewerthon como un brioso segundo punta. "Juego un poco distinto, más atrás, corriendo en la presión, apoyando al centro del campo… Estoy motivado, con una nueva mentalidad, feliz, tranquilo y con ganas. Disfruto de cada partido siendo útil al equipo. Esperaba estar así", subraya Ewerthon, que ha olvidado su aciago curso pasado y ha desmentido con fútbol las deformes notas que, en verano, lo empujaron hacia la puerta de salida: "Hubo un informe de una persona, no importa quién, hablando cosas sobre mí que no eran verdad. Pero el entrenador vio que era distinto a esas informaciones. Yo tenía una deuda conmigo mismo por cómo salí del Zaragoza y quería quedarme. Pero la gente habla. A mí los informes no me preocupan. Siempre soy la misma persona y, cuando me acuesto a dormir sobre la almohada, estoy tranquilo. La gente me pedía por la calle que me quedara. Ese cariño fue importante para que juegue en Segunda. Luego está Marcelino, que ha sido muy claro conmigo. Ahora hay que tener paciencia, porque en enero no se asciende". Para Ewer y Oliveira sería el segundo del año, tras el resurgir del Corinthians.

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