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REAL ZARAGOZA

El primer día siguiente

La Ciudad Deportiva vivió un ambiente singular: el primer entrenamiento sin Víctor Fernandez después de año y medio. Ubieto y Basigalup dirigieron una sesión de tristeza y caras largas.

Ayer era un día especial en la Ciudad Deportiva. Es natural. El primer entrenamiento del primer equipo sin Víctor Fernández en la dirección después de año y medio. Es verdad que el de ayer, después de un partido, era un trabajo de rutina: estiramientos y descarga muscular en los que habían jugado de titulares ante el Mallorca, junto a Óscar, que disputó toda la segunda parte; y más carga física y balón para quienes no saltaron a La Romareda.


Pero ayer, al mando del grupo humano del Real Zaragoza estaban un preparador físico, Andrés Ubieto, y el preparador de porteros, Eduardo Basigalup.


El protagonista principal de la jornada de ayer, Víctor Fernández, no estaba ya, a esas alturas, en el entorno de la Ciudad Deportiva. Había llegado a las 10.46, en su vehículo particular para despedirse de la plantilla.


A la cita concurrían también los responsables directivos y deportivos de la entidad: Agapito Iglesias, Eduardo Bandrés, Miguel Pardeza y Pedro Herrera. Fueron ellos los primeros en entrar al vestuario, para dar a conocer directamente a la plantilla una noticia que había sido oficial la noche anterior, pero que la directiva no había tenido la oportunidad de comunicar directamente a los jugadores.


Allí se les pidió compromiso, entrega, implicación. Que la situación es reversible y que deben ser los jugadores los que la saquen adelante empujando hacia adelante del proyecto.


Más tarde desfilaron Víctor Fernández y sus hombres de confianza, Narciso Juliá y José Luis Arjol. Fue una ceremonia rápida, en la que no se entretuvieron demasiado. Se despidieron de los que habían sido sus hombres en la aventura zaragocista.


El acto, sencillo, tenía un peso singular. Sobre todo, después del anuncio que el propio entrenador haría poco después, en rueda de prensa: "No volveré a ser entrenador del Real Zaragoza". Con rapidez, se montó en su coche, que pasó a conducir José Luis Arjol.


Su ausencia llenó toda la Ciudad Deportiva. Atrás quedaba un año y medio de trabajo diario, de conversaciones, de reflexiones, de confidencias. Víctor explicó después que no lo esperaba y esa reflexión llenaba con su eco la instalación deportiva.


Ayer no hubo risas ni bromas en la sede clásica del entrenamiento del conjunto aragonés. Y ese tono se estiró más allá de la sesión de trabajo.


La plantilla hizo ayer pacto de silencio, un mutismo común para tratar de aislarse de la crisis, alejarse de la destitución, de sus análisis y de sus motivos. A pesar de que estaba prevista la comparecencia de los capitanes disponibles, Alberto Zapater y Diego Milito, estos prefirieron refugiarse en su silencio.


Hoy conocerán los métodos del nuevo técnico, Ander Garitano. Mañana, deberán hablar en el cesped de El Sardinero.