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Deportes

FIN DE SEMANA

El otro Gran Premio

La victoria de hoy en Montjuic supondría para el Real Zaragoza la mitad del pasaporte para su permanencia en Primera División. Matuzalem y Chus Herrero son las dos grandes novedades de la alineación de Villanova ante un Espanyol que se juega su última opción de pugnar por la UEFA.

La desesperación, el agobio máximo, la necesidad, los aprietos en cualquier faceta de la vida de los humanos, han sido siempre -según las diferentes culturas- fuente de supersticiones, apelaciones religiosas o explicaciones basadas en lo paranormal. Ahí, en ese terreno concreto del nerviosismo, los vértigos y las casualidades más o menos buscadas, vuelve a tener un espacio el largo preámbulo que el Real Zaragoza ha dedicado a este partido crucial que hoy juega en Barcelona ante el Espanyol (17.00/PPV).

Con anterioridad, desde hace ya varias semanas, se ha hecho uso de este tipo de detalles que tienen algo de maniáticos, algo de santeros y algo de extravagantes. Así, se cambió el uso del banquillo de La Romareda; se pidió adelantar partidos al sábado por la noche; se anticiparon las concentraciones; se buscaron hoteles diferentes... Todo por si acaso las brujas, en caso de existir, se dieran por aludidas. En otros tiempos, hubiera sido más natural acudir a las rogativas, las romerías, las procesiones o las ofrendas de flores y frutos en algún ara de devoción predefinida. Hoy en día, está más a mano utilizar el sendero pagano y darle sentido a todos los elementos casuales que puedan favorecer un estado moral positivo o una creencia mayor en las posibilidades de éxito de cualquier individuo o grupo metido en complicaciones.

Y en esas estamos a estas alturas de la película de miedo en la que hace días anda metido el cuadro zaragocista, como si de la niña del exorcista se tratara. Resulta que el equipo aragonés ha estado 48 horas preparando el duelo de esta tarde en El Montanyà, denominación que explica por sí sola el cariz de la partida del pueblo de Seva donde se ubica el afamado hotel en cuestión. A su vez, se trata de un lugar radicado en uno de los montes legendarios de la Cataluña interior, el mítico Montseny. Como si de una premonición se tratase, el Zaragoza va a jugarse buena parte de su destino en la elite precisamente en otra montaña, la llamada 'Montaña Mágica' de Montjuic, junto con el Tibidabo, una de las dos protuberancias del terreno que dan personalidad y carácter al plano de la ciudad condal. Esta vez son los hados de altura los que han sido requeridos para que ejerzan sus beneficiosos favores al apurado grupo que dirige Manolo Villanova.

Anda tan mal parada la cosa en la clasificación, que al Zaragoza solo le sirve ganar y, hoy, más que nunca. Perder, e incluso empatar, sería quedarse probablemente de nuevo en manos de terceros, pasar a depender de los demás. Por ello, sumar los tres puntos es el único botín válido, un grandísimo premio que hace medio año que no se logra fuera de casa.

Desde hace 15 días, Barcelona está llena de anuncios del Gran Premio de Fórmula 1 que se disputa en el circuito de Montmeló (otro topónimo, por cierto, alusivo a un monte de la comarca). Una cita automovilística que, curiosamente, también ha salpicado cada minuto de la concentración zaragocista en El Montanyà por el aluvión de público que atrae cada año a toda la zona de alrededor. Ese Gran Premio es el que justamente busca el Zaragoza en el estadio olímpico barcelonés. Un premio grande, enorme, que solo puede llegar en forma de triunfo ante los periquitos, venidos a menos de forma estrepitosa en la segunda vuelta hasta alejarse 5 puntos de los puestos europeos, con los que coquetearon hasta de enero.

Con Matuzalem por Óscar y Chus Herrero por Ayala como grandes novedades, el equipo aragonés sueña con que los resortes de la fortuna y su propio acierto le den su Gran Premio esta tarde en la Montaña. Un alto mítico para el zaragocismo desde que hace 4 años se tumbó al Madrid 'galáctico' en la final de la sexta Copa del Rey. Todo cuadra. ¿O no?

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