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CAZA

El nuevo corzo

Baja del monte al prado y genera muchos problemas.

El aumento de población del corzo en Aragón, un fenómeno creciente en los últimos años, unido al cambio de hábitos de la especie cuando deja el monte para adentrarse en los prados está generando diversos problemas en la agricultura y, por ende, para las sociedades de caza que comprenden estos terrenos.

No hace mucho tiempo, el corzo era un animal cuya presencia se circunscribía a zonas muy concretas de la Comunidad, especialmente pirenaicas, como Hecho o Ansó.

Posteriormente han proliferado las colonizaciones de población residual, sobre todo procedente de Francia, pero también del Sistema Ibérico, que por su orografía de sierras axiales facilita el tránsito de esta especie.

El resultado de esta evolución es que el corzo se deje ver por lugares hasta hora inhabituales para el, como la zona de Mezalocha o incluso por los alrededores de localidades tan cercanas a Zaragoza como el Burgo de Ebro.

Esta mudanza representa una amenaza para las plantaciones frutales de diversas comarcas (Jiloca, Aranda, Jalón, etc.), ya que a este mamífero rumiante de la familia de los cérvidos le encanta comerse los brotes, con el daño evidente que ello supone para las cosechas.

Otra controversia generada por esta especie está en relación con sus cuernos, por lo general pequeños, verrugosos, ahorquillados hacia la punta y con un tejido muy vascularizado. Para su renovación, el corzo se frota contra los árboles. Si se trata de las coníferas típicas de zonas pirenaicas o prepirenaicas, el daño es irrelevante, pero cuando esta acción se produce en los árboles de los valles frutales, la repercusión es tremendamente perjudicial. Rompen ramas, las descortezan, la savia no circula bien, la rama acaba muriendo y el fruto, obviamente, no florece.

Pero los problemas de la superpoblación del corzo no terminan aquí. En zonas de Sobrarbe o Ribagorza, estos animales dificultan notablemente las batidas de jabalís, importantes para evitar los destrozos de esta otra especie en zonas bajas más fecundas para la agricultura.

Su caza con perro también presenta complicaciones. El corzo es una especie más apegada al territorio que el jabalí. A diferencia de este, que huye en línea recta de los podencos o sabuesos, el corzo juega con su velocidad para trazar recorridos que no los alejan de manera significante, pero que

distraen la atención y las energías de los perros, afectando a otros tipos de caza y, por ende, a la sostenibilidad en general.

Accidentes de tráfico

Otro riesgo importante que presenta la extensión de movimientos del corzo son los accidentes de tráfico, que proliferan en el área del Moncayo sur y en zonas limítrofes de Castilla y León, sobre todo Soria.

Esta suma de factores ha llevado a la Federación Aragonesa de Caza, en buena sintonía con la Consejería de Medio Ambiente, a procurar fórmulas para disminuir la densidad del corzo. Los dos mecanismos principales que se han establecido son el aumento de los cupos cinegéticos (con peticiones en base a los daños) y la organización de esperas o aguardos en las fincas, con el fin de abatirlos, aun a riesgo de un cambio de hábitos que devuelva el corzo al pasto, una dieta menos suculenta pero más segura para su integridad.

Con este amplio margen de acción se facilita que sean los gestores de los cotos los que valoren si les conviene tomar alguna medida y de qué tipo. En los casos, bastante frecuentes, en los que coincide la figura de agricultor y usuario de un coto, las decisiones pueden estar bien ponderadas, de la mano con los instrumentos administrativos que intervienen.

Son las sociedades las que han de poner en la balanza el gasto en comprar corzo, con los daños a la agricultura y consiguientes reclamaciones que pueden recibir, así como la explotación de esta caza tan atractiva para deportistas de dentro y fuera de la Comunidad.

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