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El Náutico encuentra el Ebro

reportaje El Club Náutico aspira a recuperar la pasada época de esplendor adaptándose a la actualidad: rodear los deportes náuticos con otros atractivos servicios.

La instalación se moderniza con un completo gimnasio y piscina.
El Náutico encuentra el Ebro
HERALDO

El Club Náutico ha escrito su historia pegado al río Ebro. Camino de las bodas de oro, la entidad pervive con la imagen de modernidad que impone este siglo. El recuerdo se dibuja en blanco y negro, imágenes de esplendor deportivo, de una época dorada que lo convirtió, también, en un lugar de referencia de la vida social.

El club que fundó Félix Marugán organizó durante décadas regatas internacionales y competiciones nacionales que pusieron a Zaragoza en el mapa de Europa. Sus secciones de remo y piragüismo se repartían medallas en los campeonatos nacionales, y los 45 minutos de motonáutica transformaban el Ebro en un lujoso circuito que atrajo a los mejores especialistas sobre una moto de agua. El Club Náutico nació como un club de deportes náuticos que mantenían un contacto íntimo con el tesoro de la ciudad.

La realidad fue cruel con el Náutico, que dio la espalda a mediados de los 90 al río y guardó las palas y las embarcaciones en un cobertizo para el recuerdo. Ahora, el Ebro vuelve a golpear a la instalación, sometida a una operación de estética que la ha rejuvenecido, aunque sin perder ese halo de romanticismo deportivo que la hizo grande. La nueva junta directiva, que preside Juan Quílez, aspira a recuperar tiempos pretéritos; sin embargo, la actualidad impone una sabia combinación de propuestas para conseguir el mismo fin: volver a encontrarse con el Ebro. "Queremos recuperar la época de esplendor pasada.

Los cimientos que sustentan el club son los mismos de entonces, los deportes náuticos, que son la razón de ser de nuestra entidad. Pero creemos que el deporte también se puede rodear de otros atractivos, y la forma de atraer a los ciudadanos es ofrecerle otros servicios", explica Quílez.

Antaño, era habitual ver en sus instalaciones a políticos locales, regionales y nacionales, deportistas, personalidades de la cultura o de la alta sociedad, empresarios... El tenista Manuel Santana jugó algún partido en la pista de tenis, y Juan Antonio Samaranch, socio de honor, raramente dejaba pasar un año sin asomarse por un club que alcanzó los 1.500 socios. Ahora, un centenar de personas se mantienen fieles a una simbólica cuota de diez euros mensuales. Una dinámica que Quílez y su grupo de trabajo, que tomaron el mando del Náutico el pasado julio, quieren revertir ofreciendo al ciudadano un trozo de historia de la capital pero adaptada a los tiempos modernos. "Las nuevas instalaciones nos facilitarán la tarea de conseguir nuestros objetivos: los deportivos y culturales.

Además de la piscina interior -con cascada, contracorriente y jacuzzi-, los gimnasios para deportistas y tratamientos de salud y belleza y los vestuarios, el renovado espacio presenta un salón social donde queremos hacer exposiciones de fotografía y pintura, conferencias, presentaciones de libros, charlas de deportes náuticos...", detalla Quílez. "Sin olvidarnos del sentido de este club: las secciones de remo y piragüismo que escribieron páginas de éxitos para Aragón", añade Carlos Belled, formado como remero hace 25 años en el club. "Lamentablemente, hay que empezar de cero.

Las personas que les dieron forma y contenido ya no están y han creado otros clubes, como Os'Navaters Flumen y el Club Remo Zaragoza. Nosotros nos ofrecemos a retomar el trabajo, y que las federaciones de estas dos modalidades nos apoyen en nuestra apuesta por hacer cursillos de iniciación, perfeccionamiento y competición", amplía Belled.

El Club Náutico Zaragoza disfruta de una posición privilegiada. "Es una joya en un entorno histórico, y por eso nos entregamos para reconquistar un espacio que se hizo grande por el hecho de vivir al lado del río", concluye Juan Quílez.

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