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REAL ZARAGOZA

El Molinón, terreno abonado

El Sporting solo ha ganado 4 de los 12 partidos jugados en su estadio y es el cuarto peor local en lo que va de Liga.

El Real Zaragoza, hecho una piña en el estadio gijonés antes de comenzar el partido del año pasado. Hacía 12 temporadas que no jugaba allí.
El Molinón, terreno abonado
OLIVER DUCH

Hay motivos para considerar la victoria del Real Zaragoza en Gijón como algo factible. La trayectoria del Sporting en su estadio da pie a ello, pese a la evidente mejoría de los asturianos en el último tramo liguero.

El equipo que dirige Manolo Preciado solo ha podido ganar 4 de los 12 partidos que ha disputado hasta ahora ante su público. Con esos 8 duelos en los que ha sido incapaz de salir victorioso (4 empates y 4 derrotas), es el cuarto peor local de la Liga. Solo los tres equipos que ahora ocupan las plazas de descenso, Real Zaragoza, Almería y Málaga, tienen peor porcentaje que los rojiblancos. Los aragoneses han ganado 4 de 13 (con 3 empates y 6 derrotas en La Romareda); los almerienses solo suman 2 victorias en su estadio en 12 encuentros (más 7 empates y 3 derrotas); y el colista Málaga ha ganado 2 partidos de 11 (con 2 empates y 7 choques perdidos en La Rosaleda).

No está fino, pues, el cuadro astur en El Molinón, por otra parte un feudo tradicionalmente propicio para las victorias blanquillas en todas las épocas, desde que a principio de los años cincuenta del siglo pasado comenzaron a cruzarse en Primera División. Junto con Santander, Gijón es el desplazamiento con más índice de éxitos de los diferentes 'zaragozas' de la historia. 0-2 ganó el del año 59. 1-4 el equipo de 1979. 1-2 el Zaragoza del 82. 0-2 repitió el del 85. Por 1-2 salió triunfador el bloque de 1989.

De nuevo 1-2 ganaron los zaragocistas de 1991. Y, por último, en la época exitosa pre y pos Recopa, se encadenaron hasta tres triunfos aragoneses bien trufados de goles: 0-3 en el 94; 1-3 en el 95 (justo antes de la final de Paris); y 2-3 en 1997, cuando el Sporting dijo adiós a Primera, a la que volvió el año pasado. De siempre, hay un talismán oculto para los zaragocistas en el campo más viejo, en lo referente a su ubicación, de cuantos siguen en pie en la élite española (en Gijón se juega en el mismo sitio desde 1908). El Zaragoza solo perdió ahí en 11 de las 31 visitas que rindió. A los 10 triunfos citados hay que añadir otros 10 empates para conformar una estadística favorable como pocas entre todo el elenco de rivales históricos en Primera desde 1932.

Este año, la escuadra de Aguirre llega extremadamente apurada a este acogedor estadio. Ganar no es solo un deber competitivo, sino una obligación vital. El futuro lo exige en todos sus términos. Y, por fortuna, el Sporting no presenta grandes credenciales que hagan de dicho triunfo un imposible.

En los primeros cinco meses de competición, los asturianos solo habían podido ganar dos de nueve partidos en El Molinón: el primero de Liga, en agosto, ante el Mallorca (2-0); y, con otro 2-0, al Sevilla en octubre. Mientras tanto, allí les ganaron el Valencia (0-2), el Madrid (0-1), la Real (1-3) y hasta el colista Málaga (1-2). Y se llevaron el empate el Athletic (2-2), el Villarreal (1-1) y el Levante (1-1).

El Molinón fue jauja para la mayoría de rivales. Tanto dolió la errática marcha del Sporting y tanto preocupó su incapacidad para vencer como locales que Preciado, un intocable para la afición gijonesa y la directiva (es un técnico valoradísimo en la ciudad, tanto en lo deportivo como en lo personal) estuvo a un paso de ser destituido por la directiva que preside el incombustible Manuel Vega Arango.

Cierto es que, desde mitad de enero, los gijoneses han visto la luz y su hinchada ya cree en ellos. Ganaron en una semana al Hércules (2-0) y al Atlético (1-0) y, hace nada, le rebañaron un meritorio y sorprendente empate a uno al Barça. Aun así, El Molinón sigue pareciendo terreno abonado para el Zaragoza. Porque el potencial de ambos es similar y por ese invisible amuleto que tan buenas vibraciones genera a orillas del Piles.

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