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CARRERA

El epicentro de la Baja

El pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza y el parque cerrado que se instala junto a él forman parte del otro corazón del mejor raid de Europa, un punto de obligado peregrinaje para todo amante del motor.

El epicentro de la Baja
El epicentro de la Baja
BAJA SPAIN

Debería ser un punto de obligado peregrinaje para todo amante del motor y, más concretamente, de la Baja España-Aragón. Junto al desierto de los Monegros, es el otro corazón de la carrera aragonesa, uno de los puntos donde con más intensidad y claridad se puede vivir y disfrutar del mejor raid de Europa. Es el parque cerrado de la avenida Cesáreo Alierta de Zaragoza, junto al pabellón Príncipe Felipe, donde se ubica el ordenador central de toda la prueba.

El coliseo zaragozano se transforma y ofrece, este fin de semana, una de sus múltiples caras. Desde allí volverá a latir hoy, en la última jornada, el corazón organizativo de la Baja España-Aragón. La pista central, habitual sede de eventos deportivos y conciertos, cambia de rostro y se convierte en un gran aparcamiento donde descansan los vehículos de la organización. Porque el pabellón Príncipe Felipe posee una relevancia capital en la estructura del raid aragonés. El trasiego es incesante. Todo el aparato administrativo de la Baja se reparte por las distintas salas y pasillos del recinto deportivo: dirección de carrera, salas de comisarios y jueces, secretarías, zona médica, sala de prensa... Es la gran trastienda de la carrera. No se ve pero está ahí.

Mucho más visible para el aficionado es el parque cerrado que se encuentra en la zona aledaña al pabellón. Nombre engañoso para un lugar abierto de par en par al público. El ejercicio de los sentidos puede ser intenso. No faltan argumentos para acudir allí. De un vistazo, hecho desde primera fila, se puede admirar el trabajo de los mecánicos, capaces de destripar un 4x4 en un santiamén. También el de los pilotos, que comparten espacio con seguidores y curiosos. Los más conocidos suelen recibir más de una petición de fotos y autógrafos. Le pasó a Marc Coma, que se detuvo con todo quien se lo pidió. Y eso que su rostro evidenciaba el cansancio propio de una jornada durísima pilotando en el desierto.

Además de curiosear, en el parque cerrado es posible permanecer informado del desarrollo de la carrera. Todos los pilotos, antes de abandonar el vehículo para descansar, compartieron sus impresiones con el público en el micrófono de Cesc Vila, incansable 'speaker' de la Baja. Y sonaron los aplausos, la otra razón de ser del epicentro de la Baja.

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