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REAL ZARAGOZA

El desahogo de Agapito

Agapito Iglesias se plantó ante la prensa para dar sus explicaciones, para llamar la atención de los suyos -se entrevé una seria advertencia al secretario técnico, Pedro Herrera- y para anunciar que Gay sigue y él también. Fue un Agapito más humano.

El desahogo de Agapito
El desahogo de Agapito

Necesitaba un desahogo. Y se lo tomó a gusto. Permaneció durante casi una hora ante los medios, con un guión que fue desglosando antes de someterse a las preguntas, duras, incisivas, directas: "Ha sido usted el peor presidente de la historia del Real Zaragoza", llegó a escuchar el máximo accionista de la entidad blanquilla.

A Agapito Iglesias alguien le había cambiado el paso. Transmitió con contundencia que él no se ha planteado la continuidad de Aurelio Gay al frente del banquillo. Que tiene plena confianza en él: "Aurelio continúa sí o sí porque creo en Aurelio y creo en la plantilla". Y se sentía molesto por la inquietud generada en torno al entrenador. Que no negó que podía haber salido del mismo seno del club. Se aferró con firmeza a su respaldo incondicional a los entrenadores y su seguridad dejó en el ambiente un serio resquicio de dudas sobre su sintonía con el secretario técnico, Pedro Herrera. Que fue, además, el único componente del entramado técnico que no fue respaldado de forma específica: sí lo hizo con José Aurelio Gay y con Nayim; y tuvo palabras de apoyo hacia su director deportivo -Antonio Prieto-, aunque no lo nombrara personalmente. Fue al negar cualquier contacto con Mijatovic para hacerse cargo de la tarea que en la actualidad ocupa en el Zaragoza el directivo madrileño.

Y puesto ante los medios, Agapito Iglesias avanzó en sus argumentos. Anunció que en las próximas semanas podría llevarse a cabo un proceso de "judicialización" de la compra del Zaragoza. Era una forma compleja de explicar que piensa llevar a los tribunales a las instituciones, que fueron las que zancadillearon las expectativas derivadas de la compra de la entidad. Según Agapito Iglesias, el club se ha devaluado por culpa de las iniciativas frustradas de la recalificación de la pastilla de La Romareda y la construcción del campo de fútbol.

Con este gesto, Agapito Iglesias dará un giro claro en la relación con las instituciones. El empresario llegó al Real Zaragoza amparado, avalado y protegido por el Gobierno de Marcelino Iglesias, que impulsó una trama para ubicar al constructor al frente del equipo aragonés, en un complejo proyecto con intereses políticos y económicos. Con el respaldo del lado socialista del Ejecutivo aragonés -y con la garantía de su ayuda y apoyo-, Agapito Iglesias fue avanzando en la gestión zaragocista. Pero el paso del tiempo le ha ido dejando solo. Seguramente, por la elección de sus compañeros de viaje: "Creo que nunca he estado acompañado", aseguraba durante su comparecencia de ayer. Las circunstancias no han ayudado a consolidar amistades tan singularmente interesadas.

Y, sin duda, ofrecía esa imagen de soledad que tal vez él no se había ocupado de transmitir conscientemente, pero que se mostraba en su presencia ante los medios. Era la de ayer, tal vez, la comparecencia más sentida, alejado de ese aire orgulloso, casi chulesco, de sus citas clásicas ante los periodistas. Ejercía de presidente en una labor de defensa del club ante lo que él consideraba ataques hacia el equipo. Siempre bajo su perspectiva. A su vera, tan solo uno de los componentes del Consejo de Administración: Paco Checa. Ni el'rojillo' Porquera ni mucho menos Herrera o Prieto.

El anunciado golpe judicial que planea contra las instituciones coincide, además, con el acercamiento hacia el Partido Popular, con el que Agapito Iglesias ha mantenido ya contactos, en parte también por el abandono que sufre por parte de sus referentes de siempre en el bando socialista.

Insistió a lo largo de su comparecencia en que él es "responsable y avalista" del Real Zaragoza "y los seguiré haciendo en la medida en que pueda". Y solicitó, además, "que se nos deje trabajar en paz". En esta línea, argumentó que le quedan muchos años al frente de la entidad zaragocista.

Es singular el cristal con el que mira el ojo de Agapito porque no se sentía acogotado por las críticas del estadio hacia los directivos. En realidad, hacia él mismo. Estima que son los resultados los que justifican el malestar de la afición, pero que él seguirá trabajando muchos años por el Zaragoza.

Y eso que lo regala a quien esté dispuesto a "trabajar en favor del Zaragoza". Bueno y también a hacerse cargo de la deuda de 110 millones de euros reconocidos que arrastra la entidad.

Intentará como pueda sortear la ley concursal y se aferra a su plan de saneamiento, por mucho que genere un buen puñado de dudas que el Zaragoza pueda sacar ocho millones de euros de este vestuario -que es lo que está fijado en las previsiones de su plan-. Por ejemplo.

En fin, Agapito Iglesias. Más humano, más cercano, más solo.

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