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REAL ZARAGOZA

El cuaderno de dibujo de Javier Aguirre

En el Vicente Calderón, el técnico mexicano volvió a echar mano del sistema con tres centrales que ya empleó en pretemporada. La plantilla es corta y las ideas parecen repetirse en el almanaque del mexicano.

Atlético - Real Zaragoza_5
EFE

El Real Zaragoza está en problemas. Javier Aguirre lo sabe y busca soluciones para remediarlo. En el Vicente Calderón, el técnico mexicano trató de innovar su propuesta táctica con un experimento que incluía la criticada línea de tres centrales. La prueba salió mal y el conjunto aragonés encajó dos goles en media hora. Un resultado que desacreditó a un sistema que no supo frenar las principales carencias mostradas por el equipo.

A penas han pasado dos semanas de la última victoria zaragocista pero el pesimismo parece haber enraizado en el cuadro blanquillos. Tres derrotas, con mala imagen incluida, han enturbiado el ambiente llegando a obsesionar al entrenador azteca en una búsqueda de un sistema defensivo operante. Cerrar la hemorragia que convierte al cuadro zaragozano como el más goleado de Primera División, con 20 tantos encajados, parece la prioridad.

En el estadio del Atlético de Madrid, la escuadra aragonesa salió con 7 jugadores de características defensivas: Juárez, Lanzaro, Paredes, Da Silva, Meira, Ponzio y Zuculini. Una nómina a la que se ha de sumar al mexicano Pablo Barrera ejerciendo las funciones de lateral de largo recorrido por el perfil izquierdo. La acumulación de hombres no funcionó y, por medio de la consabida amenaza aérea, llegaron las primeras dianas rivales.

Pruebas de pretemporada

El discurso de los 5 defensas, o 3 más 2 carrileros, como se quiera expresar, no es nuevo para este equipo. De hecho, fue la idea primigenia de Javier Aguirre durante la pretemporada. Ya en el primer encuentro, disputado en el campo del West Ham londinense, el preparador zaragocista dispuso a su zaga de esta forma. Bien es cierto que para justificar dicha decisión el técnico aludió a la configuración de la plantilla, con excedente de defensas por aquel entonces. Juárez, Lanzaro, Mateos, Contini y Paredes fueron los encargados de iniciar dicha andadura.

El experimento se prolongó hasta el último partido de preparación, en La Romareda ante el Espanyol, en el que el Real Zaragoza varió su dibujo a lo largo del partido y pasó del 5-2-3 desarrollado hasta la fecha al 4-1-4-1 de confianza. Aquel que consiguió la milagrosa salvación durante el pasado curso y que fue empelado durante los primeros compromisos ligueros.

Obviando el primer partido ante el Real Madrid, que fue disputado por una plantilla en estado embrionario, el conjunto zaragocista consiguió ir mostrando una evolución constante sobre la base ya conocida. Con Meira asentado como hombre por delante de la defensa, contra los blancos jugó de central, el sistema fue tendiendo de manera natural hacia un doble pivote formado por el portugués y Leo Ponzio. Eso sí, no en disposición paralela ya que el argentino suele partir de una posición más adelantada, haciendo presionando puntualmente la salida de balón del contrario. Dos hombres en banda abiertos, y apoyando en las subidas del lateral rival, y Postiga en punta completaban la ecuación.

Sobresalto en Sevilla

Con una clara excepción. En el partido ante el Betis, que terminó con derrota por 4-3, se pudo ver la propuesta más ofensiva de la pretemporada. Cinco jugadores de ataque, Lafita, Micael, Barrera, Luis García y Postiga, y cinco de defensa, Juárez, Mateos, Da Silva, Abraham y Ponzio. Una enajenación provocada por la ausencia de Meira, que tampoco podrá formar ante el Sporting, y que terminó derrumbada por la perenne inseguridad defensiva.

El libro de Aguirre dejó otra variación, la que ordenaba al lateral izquierdo, Abraham en aquella ocasión, realizar un marcaje al hombre al creador bético y encargaba a Barrera, posteriormente Juan Carlos en la segunda mitad, cubrir el hueco en la banda. Aquel trazo no salió bien y por ahí llegaron tres de los goles verdiblancos. Quizás, el germen del desconcierto aéreo que actualmente parece obsesionar al entrenador zaragocista.

Sin embargo, cabe remarcar que dicha cobertura fuer repetida días después en la visita del Málaga en La Romareda. En aquella ocasión, Paredes fue el encargado de secar, quizás de manera más puntual, a Cazorla. El encuentro se saldó con un 0-0 que, a buen seguro, colmó las aspiraciones defensivas de la dirección técnica.

Debacle final

Sin embargo, cuando todo parecía seguir un orden lógico, pausado, el cuadro aragonés muestra síntomas de una incomprensible aceleración. Tras un partido en Pamplona en el que nada salió como debiese, Aguirre varió un poco su planteamiento, hasta entonces continuista, y dio entrada a Micael por Lafita. Este cambió desplazó a Luis García hasta la banda, donde estuvo bastante desaparecido, y aumentó el tráfico en el centro del campo. El resultado fue un partido a nada que finalizó en derrota por un error puntual de Juárez en el minuto 82. De aquella actuación, Aguirre llegó a decir que le había gustado más que la realizada en la victoria por 2-0 ante la Real Sociedad.

La grada, sin embargo, señaló al lateral azteca, al que ya habían tomado la matricula en compromisos anteriores, y desde el banquillo se ejerció una defensa del jugador poco acertada en la sala de prensa. Aguirre personalizó en Juan Carlos a la hora de repartir responsabilidades por el tanto de Jordi Alba, unas polémicas declaraciones que rompieron la línea de actuación llevada a cabo desde los micrófonos.

Sobre el campo, sin embargo, el sacrificado habitual es Paredes, tanto en Pamplona como en Madrid. Cada vez que ha ocurrido un descalabro en la primera parte el 'Jabalí', como es apodado, ha dejado su sitio a Ponzio. Una solución de urgencia que indica que el ramillete de opciones comienza a escasear. La plantilla es corta y cada vez quedan menos teclas que tocar a la hora de buscar una solución que urge para el próximo domingo, a las 16.00.

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