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El corazón de la crisis

Tras un complejo despegue liguero, se buscan alternativas para enderezar la situación. Las miradas se vuelven a los dirigentes, no al banquillo.

Agapito Iglesias dialoga con Gay y con Nayim.
El corazón de la crisis
T. GALáN/A PHOTO AGENCY

Despeñado en los infiernos de la clasificación, sin recursos institucionales y con escasos deportivos, los responsables del Real Zaragoza buscan una salida para un caótico despegue liguero. Es verdad que en el más pobre e ignorante análisis del fútbol, el gesto más recurrente es el de la destitución del entrenador, José Aurelio Gay. Pero un somero conocimiento de los entresijos de este Real Zaragoza ofrece otras variadas perspectivas.

El zaragocismo es consciente de que no son Gay y Nayim los responsables de la situación por la que atraviesa el equipo y que su destitución tiene muy pocas opciones de resolver la crisis por la que pasa la formación blanquilla.

El entrenador madrileño tuvo el mérito de hacer compacto un conglomerado de hombres que la dirección deportiva puso en sus manos en invierno pasado. Y con ese revulsivo y su guía, el Real Zaragoza -en situación desesperada a la llegada del técnico que procedía del filial- logró la salvación en una campaña agónica. Ya entonces, los dirigentes se habían encaminado por un carril de compleja interpretación para el zaragocismo: la destitución de Marcelino García Toral. Aquella crisis desencadenó, sin ir más lejos, en la dimisión en bloque el Consejo de Administración, entre ellos, del presidente, Eduardo Bandrés. El cargo lo asumió a partir de entonces Agapito Iglesias.

Gay se ganó la renovación, aunque fuera más bien su ilusión por entrenar al Zaragoza que la convicción del club la que le garantizara la continuidad. Y Nayim se mantuvo a su lado.

Una pretemporada aseada, en la que el equipo mostró un tono aplicado, no ha podido ocultar las deficiencias de la escuadra en el inicio de Liga. El conjunto aragonés se ha mostrado más que impreciso en la resolución y muchas veces demasiado inocente en la retaguardia. Además, se nota la ausencia de un norte, de un liderazgo en los momentos más delicados; una referencia que pueda ayudar a reconducir las situaciones más comprometidas.

El Real Zaragoza tiene argumentos deportivos para encontrarse en una posición más cómoda en la clasificación. Pero ha perdido también su alianza con la fortuna. Que, sin duda, habría contribuido a aliviarle de su situación.

En cualquier caso, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la elección de culpables por parte del zaragocismo se aleja bastante de las percepciones de los dirigentes. Y, desde luego, no apunta ni al entrenador ni a los jugadores -por más que sea consciente de sus limitaciones, de uno y de otros-.

Porque la responsabilidad se busca en aquellos que han conformado el equipo, con muy notables débitos, sobre todo en ataque. Una formación descompensada, muy ajustada y rematada de retales, de jugadores desheredados, a quienes el Real Zaragoza brinda un futuro inesperado ante el asombro de una afición aturdida por la esa errática política de incorporaciones.

Sin duda, la labor de confección de la plantilla se complica por las indudables dificultades económicas, pero el problema ya no sólo radica en la falta de recursos porque la parcela técnica ha mostrado sus deficiencias en tiempos de aparente solvencia financiera.

El fácil recurso a las destituciones puede suponer un problema de calado mayor: junto a la indudable dificultad para acertar con el técnico, no existe la posibilidad de reforzar al equipo. Y los duelos que se avecinan -Athletic, Barça y Valencia-, no ayudan al desembarco de un nuevo entrenador.

El Zaragoza es hoy en equipo herido, en posiciones de descenso y desconcertado en lo deportivo; pero que, a pesar de todo, tiene su más grave problema en su corazón, en la gestión, en el ámbito institucional.

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