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El CAI Teruel sigue vivo

El equipo turolense plantó cara al Cuneo (2- 3) y decidirá su pase a la 'Final Four' de la CEV en Italia.

Julián García-Torres, dispuesto a superar al italiano Mastrangelo en la red.
El CAI Teruel sigue vivo
Antonio García

Una victoria. Es lo que necesita el CAI Teruel para vivir otro momento de gloria, una 'Final Four' de la Copa CEV. El próximo jueves, en la ciudad piamontesa de Cuneo, el CAI puede enloquecer de alegría si es capaz de tumbar, en el choque de vuelta de la 'Challenge Round', al altivo Bre Banca Lannutti que ayer sufrió para arrancar un resultado positivo. El CAI es capaz de romper moldes. Ya lo demostró en la 'Champions League' cuando cambió el guión que el todopoderoso Belchatow polaco se traía escrito a la capital mudéjar. En su estreno en la elite continental, el CAI dio una lección de trabajo, esfuerzo y pundonor. La misma que ofreció ayer a los cerca de 1.500 espectadores que no quisieron perderse un partido extraordinario que terminó con un final épico, en el quinto set. Una pena no ver la grada llena; el aficionado turolense no sabe lo que se perdió porque el rival merecía una visita a Los Planos, que se despedía de Europa por esta temporada. Un Cuneo galáctico donde sobresale un jugador formidable, el opuesto búlgaro Nikolov, un veterano en las pistas, con un currículum plagado de medallas de todos los colores en todos los torneos con caché. Su genio (cómo discutía al final del partido con su entrenador, Alberto Giuliani), su profesionalidad, animaron a un Cuneo más pendiente del ambiente que del balón.

Antes de que a los jugadores del CAI les diera tiempo a calentar las manos, el Cuneo ya había finiquitado el primer set. Con un juego rápido, efectivo, sin florituras. Los balones volaban de un lado a otro. Imposible armar una jugada. Con el 2-10, Novillo ya había consumido los dos tiempos muertos. Ni saque flotante, ni con impulso, ni bloqueo, ni ataque... Demasiada ansiedad. El Cuneo y sus divos, a lo suyo.

Se supone que Giuliani se había leído las referencias del campeón de la Superliga. Quizá pasó por alto el apartado que dice que el CAI es capaz de mutarse en un equipo endiablado, y sacar la garra empujado por una afición que despertó en el momento preciso. Al Cuneo no le gustó que el CAI se volviera respondón, que abordara su defensa con descaro, que le tuteara en ataque. Y los italianos se pusieron nerviosos. El líbero Henno perdió las formas, se llevó el palo de la red por delante, le chilló al árbitro principal, el holandés Roberts (que no fue capaz de sacarle la tarjeta amarilla)… Y la afición reventó. Los Planos se transformó en un auditorio donde se escucharon las melodías más variadas. Y a las provocaciones entró al trapo Mastrangelo, 'il bello Gigi', más pendiente de contestar a la grada que de bloquear. El CAI ajustó las líneas y la máquina empezó a rodar a la perfección. Medio equipo del Cuneo se perdía en hacer aspavientos, y el único jugador que no perdía la compostura era el frío y calculador Nikolov (25 puntos). El CAI bordaba el juego con pasión y cabeza. Y le devolvió el set.

Con los mismos argumentos, sin perder el dibujo en la pista, forzando los bloqueos italianos, el CAI tomó la iniciativa (8-5, 16-16). A Giuliani no le gustaba el color que tomaba el partido. Novillo, con lo justo en el banquillo (ni Batista ni Subiela fueron inscritos para la competición porque suponía pagar 1.300 euros por cada uno, y las arcas del club están más bien vacías) lograba que el CAI mantuviera la tensión, defendiendo los puntos como si se le fuera la vida. Nikolov, quién si no, rescató a sus compañeros del abismo.

El CAI no se descompuso. Se engrandeció aún más. Hizo un esfuerzo sobrehumano. García-Torres tomó la responsabilidad en el ataque y de su entusiasmo, ese rostro desencajado, puños en alto, grito apasionado, "¡vamos!", se contagió el grupo que gozó con el balón. Los Planos se rendía ante un equipo que echó el resto. Y obtuvo el premio deseado: forzar la suerte del quinto set. El CAI Teruel apeló a la épica, pero el Cuneo exhibió galones de veteranía. Y Nikolov puso la puntilla. El CAI sigue vivo, a un triunfo de seguir haciendo historia.

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