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Deportes

LA AFICIÓN

El bombo viaja solo a Sudáfrica

Manolo cumple ocho mundiales de fútbol -desde España 82- como animador de la Roja, pero se forjó en Huesca y Zaragoza.

Manolo, el pasado mes, animando a la selección en Suiza. Ahora, cambia de continente, pero no de misión.
El bombo viaja solo a Sudáfrica
EFE / JEAN-CHRISTOPHE BOTT

Acaba de volver del partido de Murcia contra Polonia y hoy sale rumbo al mundial de fútbol en Sudáfrica. Es el octavo mundial al que va a asistir desde que se agarró a la selección española en 1982 cuando jugaron en casa, con el Naranjito de mascota, y mejor olvidar su clasificación. Cita de carrera los mundiales: "España, México, Italia, Estados Unidos, Francia, Corea, Alemania y Sudáfrica".

Y no se cansa. "Aguantaré los 33 días del Mundial, hasta la final, porque España llegará lejos. Un mundial es complicado y esperemos que no le pase como en Corea", confía. Ningún jugador puede compararse con sus cifras -lleva 450 partidos animando a la Roja-, aunque sea desde la grada.

Manuel Cáceres Artesero nació en 1949 en San Carlos del Valle (Ciudad Real), pero a los cinco años su familia se trasladó a Huesca, donde él vivió hasta los mundiales de fútbol de España 82. Allí tiene a sus cinco hermanos -otra hermana más, que residía en Huesca, falleció-. Vuelve para visitar a la familia y celebrar San Lorenzo siempre que puede.

Lleva 40 años con el bombo a cuestas como el jugador número 12. Una profesión que no está en el Inem, pero que lo ha hecho convertirse en un logotipo de la selección española, que, al final, ha acabado como favorita...

Su singularidad le ha servido para que lo fiche una conocida marca de 'fast food' para animar desde los mupis y las teles este mes futbolístico. La bufanda de Manolo se regala a cambio de hamburguesas. Ya fue hombre anuncio cuando España ganó la Eurocopa en Austria 2008, donde llevó una orquesta con diez personas y le proporcionaron una casa. "Burger King me paga para tener cerrado mi restaurante un mes y medio, y estar en Sudáfrica. Allí no me puedo llevar orquesta y voy solo. Me hace más feliz el Mundial que el dinero", sostiene Manolo, a quien la selección española le regala el viaje y las entradas a los campos de fútbol.

Hasta convertirse en el icono de los forofos, Manolo el del bombo se forjó animando a la Sociedad Deportiva Huesca, una afición que no le impedía desdoblarse, los domingos en La Romareda, a favor del Real Zaragoza. Recuerda el año que el Huesca perdió un ascenso a la Tercera en un partido épico contra el Guadalajara, y su viaje a París para la Recopa del Zaragoza en 1995. "Salí con la Peña Violeta del Huesca hasta París, disfrutamos el gol de Nayim y volvimos de juerga hasta Zaragoza, para regresar luego a Valencia".

Se instaló hace casi veinte años en Valencia, donde montó un museo-restaurante, frente al campo de Mestalla, pero en las tres últimas temporadas dejó de ser forofo del equipo valenciano. En el Mundial 82 de España hizo 15.000 kilómetros de autostop por todo el país para animar a la Roja, se quedó sin trabajo y sin familia (tiene una niña y está separado). "En Alicante, viajé en una ambulancia con un muerto", detalla.

Aunque todos los equipos de fútbol llevan bombos para animar, él sigue siendo único. "No coincido con un seguidor que vaya a todos los mundiales", dice.

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