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Deportes

INGLATERRA - EE.UU (20.30)

Duelo de los dos gallos del grupo C

Inglaterra inicia su apuesta por el título ante la prometedora Estados Unidos en un choque en el que se pondrá en juego la hegemonía del grupo.

La selección de Inglaterra, campeona del mundo hace 44 años, debutará hoy en el Mundial contra Estados Unidos, líder de la Concacaf, en un combate físico "a boca cerrada" por la hegemonía en el grupo C. El árbitro brasileño Carlos Simón tendrá que poner el ojo en el juego y la oreja en las expresiones de los jugadores de ambos bandos, pero particularmente de Wayne Rooney, el hombre clave en el equipo inglés, sobre quien los árbitros están prevenidos después del último amistoso, frente a un equipo local, en el que insultó al director de la contienda.

El recuerdo de la expulsión de Rooney hace cuatro años, en cuartos de final del Mundial de Alemania contra Portugal, sobrevuela el primer partido de Inglaterra, sobre todo por el carácter del adversario, que acostumbra a emplearse con notable contundencia.

La consigna es que Rooney hable sólo con el balón en los pies, pero ni siquiera Fabio Capello puede garantizar que al jugador del Manchester no se le escape, con las pulsaciones a tope, algún exabrupto, bien sea hacia el árbitro o hacia un adversario.

Capello, un técnico de irrenunciable mentalidad ganadora que por primera vez participa en un Mundial como seleccionador, ha conferido su impronta italiana al equipo inglés para convertirlo en un fortín defensivo. En diez partidos, sólo ha perdido con Ucrania, y en los 24 que ha dirigido ha logrado 18 victorias. Con jugadores de carácter en todas sus líneas, Inglaterra está capacitada para todo en este primer Mundial africano si logra sacudirse la presión derivada de sus propios éxitos recientes.

Por su parte, Estados Unidos se encuentra en fase de renovación de un equipo que en Alemania 2006 empezaba a envejecer y en el que ahora, con 27 años de media, incluye a 17 jugadores que trabajan en ligas competitivas del exterior, ocho de ellos precisamente en la Premier inglesa.

Los jugadores de Bob Bradley no se dejarán impresionar por adversarios a quienes están acostumbrados a enfrentarse. Su táctica consiste en achicar espacios sin temor al contacto físico y en trabajar con humildad esperando su ocasión.

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