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REAL ZARAGOZA

Dieciséis años sin ganar

El Real Zaragoza llega una vez más a Mestalla con la sensación de que, desde 1993, existe un gafe sin rostro que le impide ganar al Valencia en su campo. En 77 años de historia, solo se han logrado 5 triunfos allí.

Luccin pugna con Silva por un balón aéreo en el último Valencia-Real Zaragoza. Los levantinos ganaron 1-0.
Dieciséis años sin ganar
ESTHER CASAS

Viaja este fin de semana el Real Zaragoza a Valencia con un reto mayor en su equipaje. Al margen de los soñados tres puntos, paralelamente a la obligada búsqueda del triunfo en el campo de uno de los grandes de la competición española, la expedición zaragocista tiene ante sí la posibilidad de acabar con uno de los embrujos que más están arraigando en su trayectoria liguera en las dos últimas décadas: la imposibilidad de ganar al Valencia en su campo haga lo que haga, lo merezca o no, llegue en lo alto de la tabla o esté pasando apuros.

 

La situación no es comparable todavía con lo que ocurre en el Camp Nou de Barcelona, donde hace 44 años que no se da una victoria en Liga del Real Zaragoza, pero el gafe de Mestalla comienza a agrandarse peligrosamente en la trayectoria del equipo aragonés en Primera División. Si en el caso del estadio azulgrana la referencia es un manido gol de Canario en un 0-1 obtenido en 1965, el último hito victorioso en el campo valencianista lo dejó otro 0-1, con gol de Higuera, el 3 de enero de 1993. Están próximos a cumplirse, pues, los 16 años desde aquel último éxito obtenido en el que, entonces, aún se llamaba estadio Luis Casanova.

 

No hay explicación lógica a tan larga sequía en este escenario, solo rota en la vuelta de la Supercopa de 2004 cuando el Zaragoza que dirigía Víctor Muñoz se proclamó campeón derrotando por 1-3 a los valencianos, remontando el 0-1 adverso que se había cosechado en la ida en La Romareda. Como en el Camp Nou, donde también hay excepciones coperas y 'supercoperas' que confirman la regla del gafe, Mestalla comienza a presentar síntomas similares al feudo culé en muchos aspectos.

Desde aquel ya lejano 1993, Valencia y Zaragoza han jugado 14 duelos de Liga en Mestalla (uno por año, excepto en las dos presencias aragonesas en Segunda). Los 'chés' ganaron 9 y, lo más que logró arañar el Zaragoza, fueron 5 empates. El balance goleador es definitorio del desnivel que ha solido reinar en este duelo en los tres últimos lustros: 23 goles han anotado los diferentes equipos valencianistas por tan solo 8 los blanquillos. 4 penaltis han lanzado los locales por ninguno los visitantes.

 

Realmente, solo en una ocasión de esas últimas 14 ha estado el Zaragoza cercano a romper su mal fario en Mestalla. En la temporada 2005-06, con el antes citado Muñoz en el banquillo aragonés, en el antepenúltimo compromiso entre ambas escuadras, el Real Zaragoza llegó ganando 0-2 a los últimos 8 minutos con goles de Sergio García y Ewerthon. Pero una expulsión de Generelo echó al equipo atrás y el Valencia logró remontar in extremis con dos tantos de Kluivert y del que luego sería jugador zaragocista Pablo Aimar. Aquella tarde, el gafe se manifestó como algo serio. Un demonio cruel que no permite al Zaragoza salir triunfante de un campo donde, es verdad, en otros tiempos las cosas tampoco se le dieron demasiado bien. De hecho, tardó casi 50 años en ganar el primer partido en ese coliseo (fue por 1-2 en la temporada 1982-83, con Beenhakker en el banco). Pero, al menos, desde entonces, hubo 5 equipos del Zaragoza que lograron ganar allí. Valdano, Amarilla, Morgado, Güerri, Vitaller, Villarroya, Vizcaíno, Señor, Cedrún, Casuco, Juliá y varias decenas de jugadores de los ochenta pueden dar fe de que se puede hacer. Y otros tantos de los noventa, están en condiciones de avalar su teoría: Mateut, Pablo Alfaro, Esteban y buena parte de la plantilla del éxito posterior de la Recopa, con el goleador Higuera, Poyet, Pardeza, Aguado, García Sanjuán o Gay entre los que componían el once del último triunfo zaragocista en Valencia a las órdenes del joven Víctor Fernández de 1993.

 

Pasado mañana surge una nueva oportunidad para lograr convertir el sapo en un príncipe azul. Para romper ese hechizo que acaba siempre convirtiendo en suplicio o decepción las visitas a Mestalla. Como sucedió aquella noche de 2000 en la que el Zaragoza de Rojo pudo salir campeón de Liga en este campo en la última jornada, pero, tras empezar ganando con un gol de Milosevic, se vio remontado y acabó cayendo 2-1. Quizá este Zaragoza de Marcelino sea el que halle las palabras mágicas.

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