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Los sudaneses de Japón

La delegación olímpica de Sudán del Sur ha estado casi dos años preparando los Juegos en una ciudad nipona tras quedarse atrapada por la pandemia y la guerra civil de su país.

Atletas sudaneses en Japón
Atletas sudaneses en Japón
Reuters

En Maebashi, capital de la prefectura de Guem situada a una hora y media al norte de Tokio, ha habido durante meses cinco personas cuyo aspecto llamaba la atención. El color de su piel y su altura eran muy distintas a lo que acostumbran a ver a diario el resto de habitantes de la ciudad, aunque hace tiempo que dejaron de considerarlos forasteros. Se trataba de los integrantes del equipo olímpico de Sudán del Sur, que llegaron en noviembre de 2019 a Japón y que se quedaron atrapados allí por la pandemia y la guerra civil que existía en su país hasta hace unos meses. Deportistas que, tras casi dos años, se convirtieron en uno más en la ciudad. Sudaneses de Japón.

Se trata en total de cuatro atletas y un entrenador -cuatro hombres y una mujer- que tras aterrizar en el país asiático para preparar los Juegos vieron cómo el coronavirus cancelaba la cita prevista para 2020. La mala situación en Sudán del Sur -azotado por la guerra hasta hace unos meses- les conminó a quedarse en medio de la incertidumbre y fueron las autoridades niponas las que les adoptaron, dándoles techo y un lugar donde entrenar. Uno de verdad, pues nunca habían estado acostumbrados a tanto.

"Antes de venir aquí, la vida era muy dura. La distancia desde mi casa al centro de entrenamiento era de 17 kilómetros y tenía que hacerlos caminando. A veces entrenaba con una sola comida al día", explicaba hace unos días Abraham Guem, fondista de 1.500 metros, durante un acto de despedida del equipo en Maebashi. Su vida y la de sus compañeros ha sido muy distinta estos meses, con una pista de atletismo a su disposición y varias raciones de comida al día. Una preparación que hubiera sido otra en su país y que les permitirá llegar a los Juegos en mejores condiciones.

Acuerdo de paz

Para ellos, la noticia más esperada llegó durante el confinamiento, con el acuerdo de paz alcanzado en Sudán del Sur. "Con suerte, eso impulsará el deporte cuando volvamos a casa", señala Guem, feliz por ver cómo los Juegos, finalmente, sí se están celebrando a pesar de la incertidumbre provocada por el coronavirus. "Hubiera sido muy triste que se cancelaran después de casi dos años preparándolos aquí. Ha sido un alivio para todos nosotros", señala el fondista. Junto a él han compartido aventura la velocista Lucia Moris, el vallista de 400 Joseph Akoon Akoon, y el atleta paralímpico Michael Machiek Ting Kutjang, además del entrenador de todos ellos, Joseph Rensio Tobia Omirok.

Los resultados, incluso antes de que se disputen los Juegos, son ya evidentes, con Guem rompiendo el récord nacional de 1.500 el pasado mes de abril (3:42.99) y con el resto de compatriotas acercándose a sus mejores marcas de siempre y rompiéndolas de manera oficiosa en los entrenamientos.

Los cinco, además de entrenar y preparar los Juegos, han recibido en estos meses clases en la universidad y aseguran que su corazón se quedará para siempre en esta ciudad nipona. A ella volverán otros deportistas sudsudaneses en los próximos meses como parte de un acuerdo que mantendrá los lazos entre ambos países. Una gran noticia que permitirá vivir esa experiencia a más atletas cuyo sueño, en este caso, apunta ya hacia París 2024.

Antes, Guem y sus compañeros quieren hacer historia para el país más joven del mundo. Independizado en 2011, y con un reciente acuerdo de paz tras seis años de guerras, Sudán del Sur quiere ver en el deporte y en estos Juegos de Tokio un punto de unión entre sus ciudadanos.

Especialmente fructífera ha sido el viaje para Michael, atleta paralímpico, que raramente había tenido la oportunidad de competir contra extranjeros. En Japón ha podido disputar el campeonato nacional junto a muchas de las estrellas del país y esa experiencia espera llevarla a su país en el futuro y ayudar a otros atletas paralímpicos como él.

También para Maebashi y sus ciudadanos ha sido un regalo contar con este grupo de africanos que han aportado un punto de vista distinto y han abierto los ojos de un pueblo que vive muy centrado en sus propias costumbres. "Tenemos un montón de cosas aprendidas que estaremos encantados de llevar con nosotros a casa cuando acaben los Juegos y podamos volver", explicó Guem, que ha tenido que superar unos problemas físicos pero que no tendrá problemas para salir a la pista y disputar la prueba con el orgullo de representar a su país y de hacerlo en su segunda casa.

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