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MOTOR

Del frío al calor

Alcañiz entró en la historia sin prisa. La última jornada, hoy, debe ser el culmen de su primer evento mundial.

Los aficionados al motor poblaron las gradas del circuito a lo largo del día, sobre todo una vez que se levantó el sol.
Del frío al calor
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Sonora. Así fue la presentación del circuito de Motorland ante la 'jet set' del automovilismo internacional. Con buena nota, Alcañiz entró en el selecto club de las 'World Series by Renault' con un espectáculo que duró, sobre la pista, más de diez horas. Los más madrugadores se adjudicaron los mejores asientos, las perspectivas más bellas. Tuvieron que soportar, por contra, el frío matinal que se presentó sobre el circuito ante la ausencia del sol y la presencia de una gélida brisa. Menos mal que el paso de las horas se alió con los aficionados. La temperatura fue subiendo en el ambiente y en la grada. Cuando las grandes masas empezaron a ocupar sus asientos, la mañana automovilística había comenzado un par de horas antes con las tandas clasificatorias.

 

Pero lo importante ayer, para muchos, era conocer las instalaciones aragonesas en un entorno único, el que creó en Motorland la llegada de los cachorros de la Fórmula 1. Al comparar la categoría reina con las distintas fórmulas que la marca francesa pasea cada año por los circuitos europeos, existe una diferencia notable de la que ayer se cercioraron centenares de aficionados. En las 'World Series', la conexión entre aficionados y pilotos es máxima. Para ilustrar esta afirmación basta recordar la salida de Jaime Alguersuari, piloto de Carlin Motorsport, tras la segunda calificación matinal. Esperado por decenas de seguidores, y a pesar de las prisas, el catalán -que compagina las 'World Series' con una plaza titular en el equipo Red Bull de Fórmula 1- accedió a fotografiarse con sus fans a escasos metros de su 'box'. Ver a los mecánicos ajustando los vehículos, a los miembros de todo un equipo disfrutando de una pata de jamón de Teruel o contemplar, aunque de lejos, la charla de un piloto con sus ingenieros supuso un atractivo inigualable. Por este motivo, el 'paddock' de Motorland fue el punto de atención principal en todo el trazado, el lugar que más seguidores reunió. Triunfó también el 'Sacacorchos', donde los amantes del motor pudieron deleitarse con algún que otro trompo. Y la curva 16, donde los pilotos firmaron algunos de los adelantamientos más atrevidos, como en la cuarta intersección. Una delicia.

 

Alcañiz demostró ser una localidad entregada al motor. Y experimentada. Los más veteranos, sabedores de lo que es en realidad un evento de este estilo, acudieron al recinto con neveras, sillas, mesas? Como si fuese un camping. No se olvidaron de los tapones para los oídos, uno de los 'souvenirs' más perseguidos en la segunda jornada de las 'World Series'. Soportar el rugido de veinte motores de alta competición o asimilar por el órgano de la audición cómo apuró las revoluciones Di Grassi, probador del equipo de Fórmula 1 de Renault, requería protección. Los más novatos, o menos precavidos, tuvieron que ingeniárselas para mantener a salvo sus tímpanos.

 

La grada de la recta de meta, cuyo aspecto fue cambiante durante la jornada -alternó momentos de máxima ocupación con otros de menor aglomeración- se amontonó, primero de abrigos y, más tarde, de chaquetas. Obligaba a ello el ascenso de las temperaturas. Efectivamente, todo lo que no fuese ropa veraniega acabó sobrando. Algunos aficionados, de hecho, echaron mano del abanico o del clásico sombrero pajero. Sí, en Alcañiz en la penúltima semana de octubre. Con menos ropa dieron colorido las 'cheerleaders' y las numerosas azafatas que adornaron, con su presencia, el recinto. Una foto por aquí, otra por allá. "¿Qué sería de un evento de automovilismo sin las apreciadas azafatas?", se preguntaba uno de los animadores del 'paddock'.

 

Idiomas

En Alcañiz se habla este fin de semana una gran cantidad de lenguas: chino, japonés, rumano, español, inglés, francés, catalán, vasco... Todo se explica echando un vistazo a los participantes de cada categoría. Entre ellos, algunas promesas que piden paso en la Fórmula 1, como Bertrand Baguette, al que en el podio le esperaba todo su equipo con una bandera belga, la de su país. Bien arropado estuvo Albert Costa, piloto de la Eurocup Fórmula 3.5 Series, un español cosmopolita, cuyo eslogan está en inglés: "Albert go fast!", o sea, "¡Alberto va rápido!". No fue tan veloz como los miembros de su peña esperaban. El piloto de Epsilon Euskadi no pudo acercarse a las posiciones de cabeza. Esta tarde, sin embargo, la última carrera de la temporada le brinda una segunda oportunidad.

 

Al margen de la competición, Motorland acogió unas cuantas exhibiciones, todas ellas de pase doble. Un par de veces desfilaron los coches de coleccionista de Renault. Otras dos, el Fórmula 1 de Renault. Lo mismo con el show de vehículos deportivos. Unos cuantos giros imposibles, otro tanto de neumático quemado y la afición, volcada. El que más ovaciones arrancó fue Di Grassi, piloto probador de Renault en la categoría reina, la Fórmula 1, que se dejó la piel a los mandos del monoplaza. Voló al máximo de sus posibilidades para el disfrute de los aficionados. Le faltó dirigirse al público. Es brasileño, pero habla español. Ojalá se le escuche hoy en el día grande de Motorland.

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