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AJEDREZ

Damas y Grandes Maestras

Sabrina Vega (a la izquierda del tablero) y Mónica Calzetta (moviendo las fichas blancas), en el Stadium Casablanca
Damas y Grandes Maestras
MAITE SANTONJA

"Somos pocas, quizá por el peso de la tradición. Tenemos que hacer el doble para que se nos vea". Esta confesión la enuncian casi al unísono Mónica Calzetta y Sabrina Vega, las dos mejores ajedrecistas de España, que esta semana han obsequiado a Zaragoza con su presencia en el Open Internacional del Stadium Casablanca, dedicado a la mujer en su tercera edición, que concluye mañana.

 

Efectivamente (puede extrañar de un simple vistazo), la diferenciación de sexos rige también la alta competición del ajedrez. "Es un deporte de resistencia, se necesita estar en forma. Algunas partidas duran hasta cinco horas y todas son de gran intensidad", revela Calzetta, heptacampeona de España y profesional del ajedrez a sus 37 años. Más joven, 22 primaveras, es la igualmente profesional y campeona de España Sabrina Vega, canariona y todavía promesa: "En este deporte hay quien se retira pasados los 60".

 

Ambas comparten una porción de sus vidas y, lógicamente, su principal pasión: el ajedrez, claro. Pasan lejos de casa un tercio del año y se ven en numerosos torneos. Las dos ostentan el mayúsculo rango de Gran Maestra, el máximo título al que puede aspirar un ajedrecista, objetivo perseguido desde la niñez. Esto último, literal: los grandes jugadores despuntan en categoría sub 10. También emanan recursos similares: a Vega la subvencionan el Gobierno de Canarias y la Federación Española de Ajedrez; a Calzetta, el Gobierno de Baleares, su tierra: "A mí la Federación ya no me beca, porque tengo 37. Me consideran mayor, y eso que estoy en mi mejor momento".

 

A Zaragoza, las dos campeonas han llegado para reivindicar la presencia de las féminas en un deporte de varones. En Aragón, solo el seis por ciento de las fichas federadas son femeninas. Calzetta, número 99 del ránking internacional de mujeres, ocupa la plaza 4.484 en la clasificación mundial, la que no distingue sexos.

 

Calzetta y Vega, Vega y Calzetta aspiran a registrar sus nombres en la memoria del ajedrez (la que recuerda solo a varones como Fisher, Kasparov o Tahl) o, al menos, a colaborar siendo referentes para que una mujer lo consiga. Da gusto ver cómo ríen al recordar sus partidas (se han enfrentado en innumerables ocasiones) o cómo hacen planes. "Irás a Croacia, ¿no?", pregunta Calzetta. "Eso espero", contesta Vega. Breve diálogo de damas y Grandes Maestras.

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