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REAL ZARAGOZA

Cuando tiemblan los pilares

Los principales puntos de sujeción del proyecto zaragocista se debilitan: Agapito Iglesias ha preferido ejercer de actor secundario, Víctor ya no está y Aimar, motor deportivo, se encuentra convaleciente.

Dónde está la figura más representativa del Real Zaragoza?, ¿dónde está el accionista de referencia, Agapito Iglesias? ¿Por qué el declive deportivo ha coincidido con la desaparición de la primera línea del consejero delegado de la entidad?


La escenificación definitiva de la crisis deportiva del Real Zaragoza, que se ha cobrado la figura del técnico, Víctor Fernández, tuvo un ausente solemne: Agapito Iglesias. Al empresario soriano se le echó de menos durante el proceso de "despedida amistosa" del técnico, pero hace ya tiempo que, como otros directivos de la entidad, ha preferido dar un paso atrás y entregar el complicado protagonismo del momento en soledad al presidente Eduardo Bandrés.


Durante el verano, en pretemporada, Iglesias no perdió oportunidad de pasearse del brazo de todas y cada una de las incorporaciones del Real Zaragoza. Llegó incluso a hacerse empalagosa la venta de la ilusión en los prolegómenos de la campaña. Y su presencia llegó también a ser clásica en Boltaña.


Pero la imagen de Agapito se ha ido difuminando conforme avanzaba la temporada. El lunes no acompañó a Bandrés en el esbozo de argumentos manidos que justificaban la salida de Víctor Fernández de la entidad; y apenas se dejó ver por las oficinas de la entidad zaragocista. Tampoco estuvo en la despedida del entrenador -sí había "arropado" al técnico en su presentación-. De hecho, Víctor Fernández se despidió ayer solo, en un acto que ponía de relieve la efímera gloria del fútbol. Y solamente al final de la puesta de largo de Garitano se decidió a acompañar al vizcaíno, nuevo técnico del cuadro aragonés.


Esta actitud contrasta de forma llamativa con aquellos planos de Agapito Iglesias con los técnicos y los políticos. Y, de forma singular, con los paseos del accionista de referencia con el argentino Pablo Aimar, recién fichado, cuando el 8 del Zaragoza se perfilaba como abanderado del cambio que impulsaba Agapito, bajo la batuta de Víctor Fernández y la ejecución de Pablo Aimar. Hoy, el consejero delegado prefiere adoptar un papel secundario, Víctor ya se ha desvinculado del proyecto y el futbolista argentino comparece de su reciente operación de osteopatía de pubis.


Porque lo que la realidad describe por sí misma es la decadencia de un proyecto. El giro definitivo a una iniciativa que se ha querido sustentar sobre pilares sin consistencia. ¿Cuál es el sentido que adquiere ahora el proyecto deportivo? Sin sus apuestas principales, la idea que propusieron los nuevos gestores hace agua.


Ahí estriba la gravedad de la crisis abierta con la despedida de Víctor Fernández. No es solo la relatividad en la que ha quedado el actual proyecto; se abre una incógnita sobre la capacidad para impulsar una iniciativa en la que se ha apostado de forma decisiva y que sobrevive a orillas del descenso.


¿Cuál es la capacidad de gobierno de los gestores del Real Zaragoza? ¿Hacia dónde avanza la iniciativa, inmersa en una reconocida crisis económica y deportiva y con un futuro más que incierto?


No es Agapito Iglesias el único que ha querido refugiarse en la trinchera. Resulta llamativo el juego dialéctico que han mantenido en las últimas semanas los responsables de la parcela técnica: el primero, el propio Víctor, que se ha empeñado en quitarse galones para intentar refugiarse en la parcela de "simple entrenador" cuando había desempañado labores que excedían con creces esa labor. Y el empeño por despachar responsabilidades del actual proyecto se ha apreciado también en Miguel Pardeza y Pedro Herrera, comprometidos en la labor de transmitir el mensaje de que la actual plantilla se conforma por deseo de Víctor Fernández y a imagen del entrenador ahora destituido. En un exceso de dejadez de responsabilidad.


Pero la pérdida de protagonismo de Agapito Iglesias es, si cabe, aún más llamativa: hace ya algún tiempo que el accionista de referencia no viaja con regularidad con el equipo. Y si bien cuenta con la portavocía que le ofrece Eduardo Bandrés, Agapito Iglesias no le ha respaldado en persona en ninguna de las polémicas y pequeñas crisis que ha debido afrontar la entidad.


Su pérdida de protagonismo, el papel secundario que ahora adopta el empresario es la muestra más clara de la pérdida de un norte. ¿Hasta que lleguen mejores tiempos...?