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FUENLABRADA 97-90 CAI ZARAGOZA

Cuando es el otro el que las mete

Xavi Rabaseda se cuelga del aro del CAI ante el delirio de la afición y la seriedad rojilla.
Cuando es el otro el que las mete
ACB PHOTO

La racha de victorias finalizó en Fuenlabrada. Tras tres triunfos consecutivos el CAI Zaragoza cayó derrotado en su visita a la localidad madrileña. Y perdió con su propia medicina, con la del enorme acierto exterior en un partido tremendamente loco en el que los ataques se impusieron claramente a las defensas y el tanteador fue altísimo. Jugar a eso en una cancha como la del Fernando Martín es un riesgo enorme y los de Abós lo pagaron. El partido fue bastante igualado, pero en momentos puntuales el equipo local 'enchufó' unos cuantos triples que resultaron claves, levantaron al público de sus asientos y condenaron a los zaragozanos. Se temía a Batista y el uruguayo respondió, aunque tanto Hettsheimeir como Chubb no se lo pusieron nada fácil. Eso sí, cuando los rojillos cerraban la puerta al jugador más valorado de la liga, aparecieron invitados inesperados como Valters, Mainoldi, Guardia o Rabaseda para sentenciar el encuentro desde el perímetro. Un encuentro que devuelve al CAI al suelo, a su sitio y le demuestra que la ACB no será un camino fácil. Porque cuando es el otro el que las mete..., se pierde.

La moral que acumulaban los rojillos les permitió afrontar el duelo con la confianza suficiente, planteándolo de tú a tú ante un rival que se hace grande al abrigo de su afición y con la mentalidad positiva y creyendo en sus opciones de triunfo. Pero para ganar en pabellones como el Fernando Martín no sólo hay que jugar bien y no dejarse influenciar por el bullicioso público presente sino que también hay que defender. Un partido loco no suele interesar a quienes lo visitan, pero el CAI no fue capaz de evitarlo.

Durante la primera mitad las defensas apenas existieron y predominó el acierto de cara al aro. La salida tanto de Ayón como de Batista metía miedo. Al poste hacían daño mientras sus compañeros trataban de hacerlo en rápidas transiciones. Menos mal que ahí estaban Hettsheimeir con su poderío interior y Aguilar con sus triples para compensar la contienda.

Era una lucha sin cuartel y todos se unían a la fiesta. Salva Guardia anotaba de fuera (vaya manita la del veterano pívot), Ayón reboteaba más con Rafael en el banco y Miso podía con Rabaseda. Todo podía cambiar en instantes. El Fuenlabrada encontraba al poste a su MVP, Cabezas sacaba partido de sus penetraciones y Toppert de sus triples. No había tregua, el que dejara de anotar se quedaría rezagado y por eso la lucha interior entre Batista Y Hettsheimeir fue, por momentos, genial. Que si aquí me quitas un rebote por fuerza, pues allá te la lío y anoto con facilidad.

Ya por aquel entonces el base Valters hacía de las suyas a Van Rossom y los árbitros calentaban el ambiente, algo que no beneficiaría a los de Abós, quienes recibieron 53 puntos al descanso. Muchos. Demasiados. Excesivos.

El CAI tenía un problema: si cerraba las acciones del uruguayo en la pintura dejaba espacios en el perímetro y el 'Fuenla' lanzaba cómodo. Así, se depende del acierto del rival, y si las mete, como ocurrió, pues adiós muy buenas.

El técnico aragonés optó por jugar con dos 'cincos'. Y no estuvieron mal, pero Batista estaba mejor. bien anotando o bien asistiendo. Lo peor es que desde fuera anotaban todos, hasta un Laviña que no se prodiga en esa faceta.

El CAI sólo jugaba a ramalazos, como reaccionando a lo que sufría. Si alguien anotaba fácil encarando a Quinteros o Barlow, rápidamente el que fuera se la jugaba contra su par. Chubb mejoraba sus anteriores prestaciones y Cabezas se hacía respetar. Pero ni por esas. Cuando llegaron los fallos el partido se escapó.

Que si dos gorros a uno, que si agotamos la posesión. Eso ante un equipo en el que Colom, Kus y Rabaseda se unían al festival 'triplero' llevaba al más que seguro tropiezo.

La desventaja se fue a los diez y más tarde a los catorce con los nuevos triples de Mainoldi y Kus. El CAI estaba sentenciado. Chubb y Miso lo intentaban, pero un mate del gran protagonista Batista suponía el chupinazo del inicio de la fiesta fuenlabreña.

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