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Continúa la dura escalada

Lafita se deja un balón atrás ante la oposición de Baraja.
Continúa la dura escalada
ricardo suarez/efe

Pudo ser peor y debió ser mejor. El empate que cosechó ayer el Real Zaragoza en Valladolid tiene bastantes valores positivos en su analítica, pero también presenta datos que no permiten redondear un sabor dulce a la hora de añadir el punto obtenido en Zorrilla en la cuenta corriente de la clasificación.

Lo mejor es que el Zaragoza suma con este 1-1 en Pucela su tercera jornada consecutiva sin perder, o sea, sumando puntos (en tres partidos ya ha adicionado siete, la mitad de todos los que logró en la primera vuelta completa). Como consecuencia de esto, los chicos de Gay siguen fuera de los puestos de descenso y mantienen el colchón de 2 puntos de ventaja sobres su rival de ayer, un limitado e histérico Valladolid que solo ha vencido en tres partidos en lo que va de curso. También dentro de lo positivo cabe incluir el primer gol en jugada de Suazo, con un punterazo tan poco estético como enormemente efectivo, que es el paradigma de la efectividad que mostró ayer el cuadro zaragocista. Los de Gay, pese a tener menos ocasiones claras de gol que su adversario, obtuvieron al final el mismo rédito que el Valladolid.

En el lado oscuro del análisis, el Real Zaragoza salió de Zorrilla con el 'golaverage' perdido con los vallisoletanos (estos habían ganado 1-2 en La Romareda en septiembre), por lo que no le valdrá igualar a puntos con ellos en la clasificación final si hay algo crucial en juego. En ese mismo saco negativo, incluyan la incontestable expulsión de Ander Herrera, a falta de casi media hora para el final, por una entrada fea y a destiempo por detrás sobre Diego Costa, el mejor jugador local. En el lote feo va asimismo la quinta amarilla de Diogo que, por lo tanto, también será sancionado para el domingo que viene, al margen del alcance que pueda tener su lesión -se resintió de la rodilla operada, la derecha-. Pulido también se sumó ayer al paquete de lastimados del equipo, que empieza a crecer de nuevo de manera preocupante, y abandonó el campo prematuramente antes del minuto 25. Y, claro, en el ámbito futbolístico, no queda más remedio que volver a citar un gravísimo error de Carrizo en el gol blanquivioleta, un regalo a medias con Jarosik que empieza a colmar el vaso de la paciencia de cualquier zaragocista no contaminado por el 'statu quo' del aparato que rige el club. No está el Real Zaragoza en condiciones de ir haciendo donaciones del tamaño de las que Carrizo consuma más veces de las deseables desde su aparición en la portería blanquilla. Una pena.

El 1-1 final pudo ser peor porque el Real Zaragoza no apareció en el partido hasta el minuto 36, todo un lujo para una escuadra tan necesitada. Y, en ese largo periodo inicial del partido, el Valladolid mandó y generó cinco jugadas de gol que podrían haber triturado a los aragoneses si los chicos del debutante Onésimo hubiesen tenido un poco de clarividencia ante la portería. Sesma, Del Horno, Borja y Diego Costa (en dos ocasiones) fueron sus rematadores y solo este último acertó con el marco en la reseñada acción patrocinada por el guardameta zaragocista tras un balón colgado al área que no logró capturar y dejó a placer al goleador brasileño para que anotase a puerta vacía.

El Zaragoza, en ese penoso arranque de partido, fue superado permanentemente por el sistema de ataque pucelano a balón parado (el mal se repitió toda la tarde). Por alto, ayer no dieron una a derechas los zagueros blanquillos. Córners y faltas laterales fueron un suplicio constante. La defensa zonal permitió siempre los remates de los locales, que , menos mal, conforman uno de los peores ataques de la Liga.

Pudo ser peor porque, pese a que en los últimos 9 minutos de la primera fase Suazo consiguió empatar y casi le da la vuelta al tanteador en un cabezazo a bocajarro que se le fue alto al borde del descanso, Diego Costa perdonó el 2-1 en una carambola increíble. Nada más iniciarse el segundo tiempo, el carioca se quedó solo ante Carrizo tras un error monumental de Jarosik y remató hasta en tres ocasiones a quemarropa. En la primera, la menos clara, Carrizo rechazó como pudo; en la segunda, Costa empaló el balón con la puerta desguarnecida y lo estrelló contra el poste derecho; y, para concluir el episodio de suspense, el ariete pucelano agarró de nuevo el rechace del palo a unmetro de la raya de gol y echó la pelota por encima del larguero ante la desesperación de todo el estadio. Esta jugada mostró que la tendencia del Real Zaragoza ha cambiado en estos últimos 15 días. Ahora la fortuna está de cara, el viento de popa. En la primera vuelta, esta ocasión hubiera sido gol sí o sí. Y a la primera. Ayer no lo fue ni lo hubiera sido aunque Costa hubiese estado rematando veinte veces delante del arco con Carrizo tumbado.

Pudo ser peor también porque el Zaragoza afrontó los últimos 30 minutos en inferioridad numérica por la chiquillada del joven Herrera. Pero el Valladolid, que acusó notablemente la marcha de Costa por una lesión en el hombro cuando aún restaban 25 minutos para el final del duelo (se quejaron los locales de las diversas entradas que sufrió su goleador por parte de los defensas zaragocistas), no supo jugar con un futbolista más sobre el campo y apenas apretó.

Pero debió ser mejor, y da rabia que no lo fuese, porque en los pocos minutos donde el Real Zaragoza tuvo el balón y buscó la combinación arriba, demostró que podía hacerle mucho daño a un rival vulnerable, atenazado, responabilizado y, posiblemente, con menos recursos futbolísticos libra a libra que los hombres de Gay. Ayer, volvió a fallar la línea de creación. Los medios centros Gabi y Herrera estuvieron obturados por enésima vez. Las bandas, con Lafita y Eliseu intermitentes y espesos, aportaron poco. 

Arizmendi no enganchó bien con el multiusos Suazo. Y hasta la renovada zaga tuvo dudas como en los viejos tiempos. Con esto, ¿alguien se va a quejar de este puntazo sumado en Zorrilla? No es un mal botín.

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