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REAL ZARAGOZA

Braulio se hace importante

El gol del delantero canario da la victoria ante el Salamanca (1-0) y colocó al Real Zaragoza en situación de liderato momentáneo de la Segunda. La victoria del Xerez el domingo por la mañana devolvió al equipo a la segunda posición. Braulio ha dejado su papel secundario y se ha erigido en pieza clave en las dos últimas jornadas

Braulio celebra su primer gol en la Romareda
Braulio se hace importante
JUAN CARLOS ARCOS/ MAITE FERNÁNDEZ

Hasta aquí, Braulio ha dado motivos para todo tipo de sentires: para la desesperanza propia y para la ajena, para preguntarse varias veces acerca del porqué de su fichaje y para considerar que es un buen recambio de Ewerthon u Oliveira, para valorar de forma positiva su trabajo solidario para los demás y para aborrecer su escasa empatía con el gol. Para todo ello ha dado, a veces en un mismo acto. Pero en los dos últimos partidos, se ha elevado sobre los múltiples juicios de valor conocidos en relación a su papel. En este año recién iniciado es otro futbolista, un jugador importante, con peso específico y de influencia capital en lo que le sucede al equipo. A través del gol que marcó ayer al Salamanca y del que anotó al Albacete hace siete días respira oxígeno el Real Zaragoza. Por medio de estas aportaciones se ha encaramado el conjunto de Marcelino a lo alto de la clasificación, a la cota que se presuponía que iba a ascender desde un principio y que, sin embargo, no ha tocado hasta el momento presente. Braulio, por paradójico y contradictorio que pueda resultar el fútbol, ha venido a ser quien dé esa perspectiva de superioridad real sobre los demás.

Anoche, el Zaragoza se acostó en posesión del liderato de la Segunda, que no es cuestión menor en el caso. Todo lo contrario. Puede resultar de una relevancia mayúscula. Es en este punto donde cabe que varíen las cosas a su favor; es decir, más a su favor. El título de líder trasciende el plano de lo honorífico. Se quiera o no, otorga una autoridad que hace distintos los encuentros. El reconocimiento implícito o explícito de los demás tiende las más de las veces a romper la tradicional igualdad de los encuentros de Segunda en un sentido determinado, en el del líder. Seguramente, no ha sido ninguna casualidad que el Salamanca haya ocupado el liderazgo clasificatorio durante un buen trecho de campeonato.

Arrebatarle esa condición en el encuentro de ayer, en La Romareda, no resultó una empresa cómoda. Así lo preveía Marcelino en las horas previas al encuentro y de este modo se vio sobre el campo. El equipo de David Amaral entregó las mejores muestras de fútbol que se han visto en la división de hojalata. El Salamanca fue una escuadra ordenada, disciplinada, bien dirigida por Jorge Alonso y que siempre tuvo la voluntad de dispensar buen trato al balón, sin duda su punto de referencia para cada uno de sus componentes, para los que juegan con vocación defensiva y para los que se mueven con intenciones ofensivas o de creación en el centro.

Si el Zaragoza incorporara a sus formas el contenido futbolístico que enseñó ayer Amaral, sería un bloque inaccesible, inabordable para cualquiera de sus rivales, ya jugara en feudo propio o en campo ajeno. También serían indiferentes las rachas de sus delanteros, de Ewerthon, Oliveira o Braulio. Es más, sería probable que ni siquiera se produjeran dichas fases de acierto o desacierto. El caudal de juego les estaría alumbrando de manera constante. Pero, desgraciadamente, no es el caso. Se encuentra en un estadio muy lejano de ese nivel de comprensión y desarrollo del fútbol. Para eso hace falta, en primer lugar, entregar la dirección del equipo a un futbolista con talento, como lo hace el Salamanca con Jorge Alonso. Sin embargo, aquí, hace mucho tiempo que se perdió ese buen sentido. Han primado otras doctrinas futbolísticas, las que dicen que es más segura la consistencia, la fuerza y el equilibrio del doble pivote. En esa tesis vive y se muere este Zaragoza, cuyo fútbol se juzga muchas veces pobre, raquítico en sus argumentos. Por momentos decepciona en forma y contenido. No es de extrañar que Marcelino no se atreva a asegurar que la posición de privilegio conquistada la vaya a conservar sin contratiempos de relevancia. No lo sabe él, como no lo sabe nadie. La sospecha de que aparezca un bache es un temor cierto y no extinguido, ni siquiera en la actual coordenada de gobierno de la clasificación.

Este equipo que mira hacia el regreso a Primera se hace inatacable, básicamente, por una sola razón: nadie le ha pedido que juegue bien y todo el mundo le reclama que esté en ascenso, que es donde se encuentra desde hace varias jornadas. El pragmatismo es su verdadero aliado.

Al principio se agarró a la efectividad de Oliveira, luego al acierto de Ewerthon y ahora mantiene su progresión gracias a la inspiración de Braulio, a quien le comienzan a entrar los balones aunque le salgan mordidos tras el correspondiente golpeo. Así batió ayer a Alberto, con un toque híbrido, a medio camino entre el acierto y el fallo. Sin ser una cosa ni otra se coló en la meta salmantina, al mismo tiempo que entregaba un tesoro.

En estos tres nombres descansa buena parte de la diferencia que se registra respecto a los rivales en la contienda. Que Ewerthon y Oliveira estaban por encima de la categoría, se sabía. Ahora se incorpora Braulio a la construcción del hecho diferencial zaragocista. Bienvenido sea. Nunca estará de más.

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