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NIEVE

Trucos contra el dolor de las botas de esquí

Una mala compra supondrá un sufrimiento difícil de salvar.

Para encontrar la mejor bota de esquí hay que tomar las medidas del pie lo más exacto que se pueda.
Trucos contra el dolor de las botas de esquí
ÁNGEL SAHúN

Una buena forma de adaptarse a las botas de esquí (nuevas) es llevarlas puestas en casa mientas hace las tareas del hogar. Quizá tenga un cierto aire de soldado imperial de la Guerra de las Galaxias y a los vecinos del piso de abajo no les haga gracia, pero luego, en pistas, igual las puede soportar mejor.

Pocos son los esquiadores que pueden decir alto y claro que nunca han sufrido en el estreno de sus botas. Incluso las que en la tienda eran maravillosas, flexibles, ligeras y cómodas, a la hora de la verdad, cuando uno empieza a acumular descensos se transforman en instrumentos de tortura. «Los pies duelen por una mala compra; bien porque adquieres unas más grandes de lo que necesitas, bien porque la horma no se te adapta a tus pies o porque tus pies son especiales y necesitas de unas plantillas a medida para que vayan más cómodos deformando la carcasa exterior para que un hueso, un maleolo lateral que no se encaja bien lo haga», explica Héctor Julvez, director técnico del Equipo Barrabés.

La bota tiene que ser perfecta para evitar sufrimientos, y el mercado afirma mucho para intentarlo. Su adquisición es más importante que las propias tablas de esquí. «Hay que buscar que la longitud y la anchura de la bota -explica Julvez- sea la ideal. La bota es tridimensional: longitud, anchura y altura. Si compro una bota larga la anchura me quedará bien, pero la altura no y los huesos de nuestros maleolos quedarán en una posición incorrecta y eso nos molestará». El problema añadido es que en una jornada intensa de esquí, los remontes en vez de ser la zona de descanso se convierten en un potro de tortura. ¿La razón? La falta de movilidad. Para contrarrestarlo, lo mejor es soltar los ganchos. De esta forma, la sangre circula mejor y se oxigenan los músculos. «Hay que evitar que el pie vaya comprimido. Además, al ir sentado te molestan mucho más que cuando uno esquía».

La evolución del material de esquí ha sido exponencial en los últimos años. Ingenieros y cada vez más podólogos intervienen en el diseño de las botas de esquí. Todo un concienzudo trabajo para proteger unas extremidades que por el propio proceso de evolución del Hombre han ido perdiendo fuerza. «El calzado actual en nada fortalece los músculos de nuestros pies. Llevamos un calzado tan cómodo que en cuanto nos ponemos unas botas que son duras y rígidas cuesta mucho que se adapten, porque hemos perdido fortaleza», explica el técnico de Barrabés.

Otra recomendación es llevar un calcetín adecuado. En el caso del esquí -en el debate entre uso de calcetines delgados o no- la recomendación es de usar los que son finos donde la bota no toca en el pie y con protecciones donde más rozadura hay: en las puntas de los dedos, talón y espinilla. «Y tienen que estar bien adaptados, por eso hay calcetín para un pie y para el otro pie», subraya Julvez.

Y para conservar las botas, tanto durante la temporada como fuera de ella, lo mejor es dejarlas en un sitio seco, sin humedades, en la misma bolsa donde se transportan, abrochadas al mínimo y dejar muy bien puesta la lengüeta para evitar rozaduras. Un último consejo: antes de ponérselas, que estén calientes y secas. De lo contrario le costará un mundo introducir sus pies en ellas.

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