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REAL ZARAGOZA

Bertolo promete

El centrocampista argentino es fuerza, carácter, llegada y despliegue. En Riazor brilló con su fútbol entregado.

Nicolás Bertolo, durante el ligero entrenamiento de ayer, en la Ciudad Deportiva.
Bertolo promete
TONI GALáN/ A PHOTO AGENCY

Varias veces ha buscado Nicolás Bertolo su sitio en el fútbol. Lo hizo en su país natal, en Argentina, cuando no consiguió engarzar con los engranajes de Boca Juniors y tuvo que cerrar etapa, para abrir ciclos nuevos en el Nacional de Montevideo y en Banfield, posteriormente. Ahora, en Europa, recorre, de alguna manera, el mismo camino. En Zaragoza trata de hallar el espacio que se le ha negado en Palermo por unas razones u otras. Hace tiempo que su cuerpo poderoso y potente no afronta noventa minutos enteros de competición, un partido de principio a fin. Quizá sea José Aurelio Gay el técnico que vuelva a confiar en él plenamente, como un día hizo Burruchaga.

Sus inicios en el equipo aragonés han sido, sin duda, un anuncio prometedor, una buena nueva. Nicolás Bertolo sube, baja, trabaja y se proyecta. Por su banda, el equipo encuentra salida las más de las veces. En otras, incluso va más allá: pisa el área del adversario con decisión, con firmeza, con la clara intención de terminar aquello que ha empezado con el balón metido en la red de la puerta contraria. El fútbol que desplegó en Riazor fue una notable carta de presentación para un fichaje, para un hombre que todavía no ha tenido contacto prolongado con las claves íntimas del vestuario. Rara vez un recién incorporado ha dado un nivel tan elevado en su primer encuentro, sea aquí o en cualquier otro lugar. Bertolo ha trasladado la impresión de que en su espíritu no caben los tiempos de toma de contacto o de aclimatación. Ha entrado de lleno en el equipo.

El argentino hizo una exposición intensa y entregada en el estadio de Riazor de La Coruña y en ese empeño sobresalió por encima de las horizontes del equipo y del encuentro entero. Probablemente fue el mejor jugador del litigio terminado en tablas.

Con él en el campo, el ala izquierda ha adquirido una dimensión que no se conocía hace tiempo. El bloque de Gay, de hecho, ha quedado en cierto modo escorado hacia ese costado. O, al menos, mostró esa tendencia en el primer encuentro. El balón suele tender hacia esa parte de modo natural, porque por allí halla las vías de progreso más directas. Se las da Nicolás Bertolo, al que se suma la inteligencia táctica de Iván Obradovic, que este año es otro, el lateral de futuro que se intuía en el Partizan de Belgrado. Desde ese flanco izquierdo nació el mayor peligro del Real Zaragoza en Riazor.

Acaso el futbolista de Córdoba (Argentina, 1986) se estuviese reivindicando a sí mismo, para aportar razones de peso y fondo al sueño de aquél joven centrocampista que soñó un día que jugaría en Europa. Él lo sabrá. Esas cosas suelen quedarse en el interior de cada uno. Pero en todo caso firmó un partido serio y profesional, acreedor de titularidad.

Según ha declarado alguna vez, el elemento determinante para alcanzar su mejor versión radica en un intangible: en la confianza, en la confianza que tenga uno en sí mismo y en la que reciba de su entrenador. Por paradójico que pueda resultar, no establece claves en el poder de sus piernas, o en su envergadura, o en su capacidad para abordar sin problema alguno el contacto físico. Es posible que Bertolo haya entrado en sintonía con José Aurelio Gay, en un lenguaje que no puede escribirse porque no tiene palabras. Sólo lo entienden quienes, como futbolistas, han ocupado en el campo posiciones iguales o similares y han tomado en fracciones de segundo decisiones de idéntica naturaleza. Gay tiene muy claro desde un principio que Bertolo es hombre de banda. No establece ninguna otra consideración acerca de dónde ubicarlo o sobre dónde sacarle provecho. En este sentido, resulta evidente que entrenador y futbolista se han encontrado. Por el momento, Nicolás Bertolo ha hecho suya la banda izquierda, según se tienen las cosas en propiedad legítima y pacífica, sin discusión.

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