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Deportes

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN

Bandrés, en tiempo de reflexión

El presidente del Real Zaragoza no atraviesa por un periodo confortable en el seno del club. En medio de la crisis total de la entidad, su desgaste como cargo ejecutivo es imparable, por eso asegura concederse una sosegada mirada interior en las próximas fechas.

Eduardo Bandrés, en la última Junta General de accionistas del Real Zaragoza
Bandrés, en tiempo de reflexión
EFE

El ridículo, el caos, el desgobierno, el disparate, la mediocridad, lo absurdo? al Real Zaragoza lo acompañan todas estas palabras y muchas otras de peor sonoridad. La situación deportiva, social e institucional alcanza tal precariedad que las personas a bordo del club comienzan a tambalearse más que nunca en sus posiciones. Si en el Consejo de Administración se han detectado importantes síntomas de debilidad interna, el presidente Eduardo Bandrés tampoco pasa por momentos fáciles.

 

Su figura como ejecutivo a sueldo (se dice que abultado) se encuentra más erosionada que nunca. Señalado y ferozmente censurado, las últimas semanas no han hecho más que profundizar ese desgaste. Cada palabra vertida, cada excusa dada o cada ausencia de autocrítica ha contribuido a dinamitar la credibilidad y labor de Eduardo Bandrés. Su desfile semanal por diversos medios de comunicación así lo ha subrayado.

 

El propio presidente del Real Zaragoza no es ajeno al deterioro de su figura y así comienza a destilarlo en su círculo de confianza.

 

En este sentido deben encuadrarse sus declaraciones tras la vergüenza del Bernabéu. "Estamos en un momento difícil. Espero que hayamos tocado fondo. Vamos a pensar. Tenemos unos días, pero nunca se debe anticipar mucho después de un partido. Lo que hay que hacer es pensar mucho esta Navidad, desde luego yo lo voy a hacer", advirtió Bandrés.

 

Aprovechando la pausa de la competición, el presidente zaragocista se concede a sí mismo una sosegada mirada interior: "Todos debemos pensar y reflexionar. Lo que haya que hacer hay que hacerlo pronto, pero manteniendo siempre la tranquilidad y la cabeza fría".

Debilitamiento imparable

La trascendencia de este tiempo de reflexión resulta impredecible, pero las afirmaciones de Bandrés, el mero hecho de pronunciarlas públicamente y en el sentido en el que se dirigieron, constatan la fragilidad en un cargo que le ha superado.

 

Desde su aterrizaje en el Real Zaragoza vía Gobierno de Aragón, el debilitamiento de Bandrés ha resultado imparable. Exceptuando la primera temporada en el club y el momento puntual del ascenso, su labor en la entidad está regida por la decepción. Fue, precisamente tras el regreso a Primera División, cuando se le asesoró desde las amistades más cercanas que había llegado el justo momento de bajarse del barco. Recuperar la categoría perdida había sido una obligación cumplida e invitaba a coger la puerta para marcharse. Pero Eduardo Bandrés, poderosamente atraído por su cargo, desoyó los consejos y se mantuvo inquebrantable y fiel a la derecha de Agapito. Perdió, de ese modo, la oportunidad de salvaguardar un prestigio profesional intachable cuando saltó desde los pasillos del Pignatelli a los de La Romareda.

 

Desde sus funciones como presidente ejecutivo debía encargarse, principalmente, del contenido económico del club. Su historial como catedrático de Economía Aplicada, Consejero de Economía del Gobierno de Aragón, candidato a secretario de Estado en el Ministerio de Economía o, incluso, como futurible sucesor de Marcelino Iglesias lo convertían en el ingeniero financiero perfecto para Agapito Iglesias.

 

Sin embargo, sus habilidades con las cuentas del club no han evitado los números rojos. Más bien sus labores principales se han situado en el terreno de la representación y el padrinazgo de la entidad, con escasa voz ejecutiva en la decisiones tangenciales de la vida del Real Zaragoza, especialmente en el ámbito deportivo.

 

Tampoco de esos modos ha evitado que su crédito como presidente pierda cero tras cero a toda velocidad. Sobre ello, Bandrés asegura un tiempo de reflexión.

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