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“Ayuda por favor”, el llamamiento de Carlos Molina, el ex del BM Aragón y el Bada Huesca atrapado en Ucrania

El jugador de balonmano relata en sus redes sociales la desesperada situación de la gente que como él trata de alcanzar la frontera con Polonia.

Carlos Molina, durante un partido con el Motor Zaporozhye.
Carlos Molina, durante un partido con el Motor Zaporozhye.
EFE

“Tenemos mucho miedo, el tiempo pasa, es una invasión en todo el país, están tiroteando calles, bombardeando edificios, todo dios escondiéndose con un temor horrible y las tropas enemigas cada vez más cerca de nuestra ubicación. Ayuda por favor”. Carlos Molina no pudo ser más descriptivo y claro en sus redes sociales a la hora de exponer su situación y la de los miles de personas que están intentando abandonar Ucrania. El jugador de balonmano, ex tanto del BM Aragón como del Bada Huesca se encuentra intentando alcanzar la frontera con Polonia dentro de un trayecto que no está siendo nada sencillo.

En los mensajes que ha publicado en las últimas horas explica que están “desesperados”, que en tres horas habían conseguido recorrer 8,5 kilómetros, que les quedaba aún otros veinte para salir del país y que eso podía suponer hasta cuatro o cinco días de espera “casi sin comida y con muchísimo frío”. “Durante el día hay ventiscas y agua nieve y por la noche -10º pasando un frío horrible para no gastar gasolina, porque cada vez va a menos y en la frontera se juntan coches, con autobuses y con ucranianos que llegan caminando”, narra.

Molina, cordobés de 30 años, juega desde 2020 en el Motor Zaporozhye. El inicio de la guerra le cogió regresando de Polonia tras un partido de la Liga de Campeones con el Kielce. Cuando a su avión le quedaban cinco minutos para aterrizar en Zaporiyia, ciudad situada junto al Dniéper en la mitad este de Ucrania, el vuelo fue obligado a dar la vuelta y tomar tierra en Kiev, donde ya se escuchaban explosiones, para continuar viaje en autobús en sentido contrario al de la gente que ya huía hacia el oeste. Una vez allí, el sábado comenzó su actual odisea. “Tan cerca y a la vez tan lejos, estoy intentando tocar suelo europeo, pero cada vez que avanzamos todo me hace pensar que estoy más lejos, las gasolineras van cerrando, desabasteciéndose con límite de 10 litros por coche”, contaba ya entonces.

Molina llegó al BM Aragón en 2012 como una promesa que había alcanzado la Asobal de la mano del Barcelona, señal inequívoca de que atesoraba calidad, y tras dos temporadas en Zaragoza, en las que no acabó de tener protagonismo, su carrera cogió velocidad en Huesca. A las órdenes de Jose Nolasco formó parte de la histórica clasificación de los oscenses para las competiciones europeas y también vivió su debut como internacional. En sus dos campañas destacó como una pieza valiosa tanto en defensa, condición que ha seguido manteniendo, como en ataque, faceta en la que no ha vuelto a brillar como en el Palacio de los Deportes. Una oferta inalcanzable para el Bada hizo que pusiese rumbo al Logroño y desde La Rioja inició su trayectoria fuera de España habiendo jugado, además de en Ucrania, en el Magdeburgo alemán y el Benfica portugués. Más allá del balonmano, su estancia en Huesca la aprovechó para estudiar Enfermería.

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