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Balonmano
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JORNADA 4: CAI ARAGÓN, 30 - BARCELONA, 32

El CAI tutea al Barça

El conjunto naranja ofrece su mejor versión y pone contra la cuerdas a los azulgrana en un choque intensísimo.

Un instante del encuentro
El CAI tutea al Barça
PEDRO ETURA. APH PHOTO

Ni la grosería de Rutenka fue capaz de ensuciar un partido intensísimo. El hombre con más gentilicios y patrias del balonmano Asobal (de Bielorrusia a España pasando por Eslovenia) se encaró con el respetuoso público zaragozano articulando palabras y dibujando gestos irreproducibles en estas páginas. El partido estaba acabado. La victoria, asegurada en el zurrón azulgrana. Maqueda se limitó a cumplir con su trabajo e intentó que no marcara gol haciéndole penalti. Juanín lo transformó con el reloj a cero en medio de una bronca monumental. Los pitidos se acabaron en apenas un minuto. La afición aragonesa se partió las manos después avocionando el sensacional partido de los suyos. También aplaudió al Barça. Luego, en los vestuarios, Javier Pascual 'Pasqui' alabó el juego del CAI y se quejó de los árbitros. Esto de que excluyan a más jugadores del Barça que del CAI debe ser delito... Habrá que enviar a Can Barça los vídeos del Granollers-CAI y del Alcobendas-CAI para que vean lo que es un atraco de verdad, de los de película. La diferencia esencial es que el Barça se fue con los puntos en las alforjas y sin una letra ni medio escrita en el acta arbitral sobre el 'show' Rutenka. Esto es, Rutenka no será sancionado y los puntitos los ven en la tabla aneja, en la misma clasificación en la que no constan el par de puntos que le llevan birlados al CAI Aragón en solo cuatro jornadas de Liga.

El resultado no ofrece puntos, chicha, pero destiló sensaciones muy positivas en el organismo del CAI Aragón. Globalmente, desarrolló un encuentro completo, con los únicos peros de la mala gestión de los ataques en superioridad y contra defensa 5-1. Con un central en condiciones, con un hombre que piense, que mueva, que mastique la jugaba, quizás sería más sencillo. En el resto, poco más se le puede pedir en el día en que pudo devorar al Barça más simplón de los últimos años. Sí, Pasqui habló de los árbitros y de las narices que le echaron los suyos. Del juego apenas hizo referencia, porque en juego real su equipo no fue superior a un CAI que ofreció su mejor versión. Alimentado por la sabiduría de Lozano, el ímpetu de Maqueda y Ruiz Casanova, y la seguridad de Malumbres, el primer tiempo ofreció continuos momentos de equilibrio. Como colectivo, elaboraban mejor los naranjas. El Barça aguantó el tirón local e incluso volteó el marcador en los minutos finales propulsado por la extraordinaria calidad en esfuerzos individuales de Raúl Entrerríos y Juanín García.

En la reanudación, no se alteró el guión. El reloj avanzaba y la esperada ruptura azulgrana no llegaba. Más bien, al contrario. Los mejores momentos de Demetrio y Maqueda, y el gran inicio de la segunda mitad de Pablo elevaban al CAI en el tanteador. El conjunto aragonés incluso adquirió rentas de dos goles (19-17, minuto 41). El pabellón, volcado, revivía tiempos pretéritos. El Barça no perdió la calma. La pausa, la espera paciente, esa enorme virtud en el deporte de competición, salvó a los catalanes, que sobrevivieron con la garganta reseca y con el aliento aragonés en el cogote durante toda la reunión. Así, con una tensión enorme, el choque alcanzó los cinco minutos finales en igualdad. Demetrio firmó el último empate (27-27, minuto 55). Después, el Barça evidenció su mayor experiencia, esas barbas crecidas en tantas batallas. Al imberbe CAI le tembló el pulso al final. Eso sí, nadie negará que tuteó al Barça, que está creciendo, que se ha declarado creyente, que amenaza con hacerse grande. Ahora, hasta dicen que le favorecen los árbitros...

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