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España y Pradilla buscan la gloria: a por el oro en la final del Eurobasket

La Familia vuelve a otra final europea, absolutamente impensable hace medio mes, tras otra soberbia muestra de su carácter indómito.

El zaragozano Jaime Pradilla y Willy Hernangómez celebran el triunfo español
El zaragozano Jaime Pradilla y Willy Hernangómez en uno de los partido del Eurobasket
ANNEGRET HILSE

De tener que titular una novela le toma a uno por las solapas la idea de escribir algo así como 'Lo absolutamente imprevisto'. Nadie en su sano juicio, salvo quienes se apuntan tantos con la táctica ventajista de adivinar el pasado ya visto y no el futuro por resolver, pensaba que la España postPau y la generación inolvidable pudiese alcanzar el muelle donde se bambolean tranquilas las embarcaciones victoriosas. Al margen del resultado de esta noche a eso de las 22.30, La Roja del baloncesto habrá atracado su teórica quilla quebradiza en el puerto de la grandeza. Tal vez solo Sergio Scariolo, en su cabeza repleta de diagramas, imaginaba que un combinado tierno, inexperto y mecido por un halo de fatalismo clausuraría el Eurobasket. De largo, vocablo preciso para este deporte de tipos longitudinales, un acontecimiento tan difícil de intuir como la visión del célebre cometa una sola vez en la vida.

Hay sucesos amables que de tanto reiterarlos alcanzan el rango de la costumbre. ¿Otra vez finalista?, cabría decir de esta selección recordando un veterano anuncio televisivo. Pues sí. Cuarta pugna continental por la medalla de oro para el técnico italiano -tres ya en su buchaca- que ha ascendido al olimpo gobernando a la España de la canasta. Y otra vez contra Francia, un adversario sólido y asiduo en los peldaños donde se cuecen las leyendas. Solo que hoy no figura en el grupo aquel Gasol I El Emperador que le metió 40 puntos al conjunto galo en la semifinal europea de 2015. Una de las exhibiciones de jerarquía y autoridad más salvajes, y dúctiles a la vez, que dejan en la memoria olfativa el reguero de la pólvora perenne.

Sendas parecidas

La senda de ambos contendientes, calmada en parte y tortuosa en algunas curvas con ojos al precipicio, los empareja. El equipo de Vincent Collet concluyó la primera fase con un balance de 3-2 por el 4-1 del que lidera Scariolo. A partir de ahí, bastantes semejanzas en el filo de la navaja. El cuadro 'bleu' ganó a Turquía por un punto en octavos y necesitó la prórroga ante Italia en cuartos -más de un pie fuera de la vía- antes de arrollar a Polonia en la antesala del duelo definitivo. España requirió de cinco minutos de propina ante Lituania, remontó ante la sorprendente Finlandia y viene de esparcir una soberbia cátedra de rebeldía, juego y carácter frente a Alemania, la selección anfitriona. De pronto, aquel grupo que podía caer en el primer cruce rotula -otra vez- la cartelería de la final. Un equipo contumaz, pese a la evidente pérdida de talento, cada vez que huele la gloria.

Rudy, líder espiritual

Desde el embozo que abrocha una capa de realismo a nadie le sorprendería el aprobado general para la selección por competir, el menos, en la primera eliminatoria directa. A Georgia primero y Berlín después viajaba un grupo en el que dos terceras partes de sus integrantes jamás se había visto en otro reto como éste. Un conglomerado que descansaba sobre la Santísima Trinidad de Rudy -líder espiritual y nexo carnal entre pretérito glorioso y presente incierto-, Willy (talento ofensivo de rango mayor como faro elevado dentro de la zona) y la maestría incuestionable de Scariolo, el estratega sin el que nada de esta jornada se entendería. Ajedrecista, trabajador y meticuloso con quien sus equipos siempre crecen en el transcurso de las competiciones. Conjuntos serios, identitarios y creadores de buen baloncesto.

Claves del éxito

El preparador italiano que ya ocupa un hueco profundo en el baloncesto español ha armado un equipo con los restos del naufragio. Escribo esto desde el absoluto respeto a jugadores con el carácter sobrado para sobreponerse a la sombra extensa de un pasado formidable. De pronto el conjunto aprecia el acoplamiento del dúo interior Juancho (se esperaba más de él) y Garuba. La valentía sin complejos de Brizuela encaja como un guante en el espíritu indesmayable de un grupo que va tapando bocas con ambas manos. La defensa feroz del repescado Alberto Díaz resulta capitular en los momentos fundamentales. Y el talento tranquilo del nacionalizado Lorenzo Brown por la vía del decreto perentorio -motivo para el justificado debate- explica por qué ahora leen sobre la inminente final europea.

Poderoso adversario

Al margen del oro o la plata, España habrá superado con botas de siete leguas los pronósticos agoreros. Y nada temerarios, por otra parte. Enfrente se topará con un equipo francés favorito, como tantos otros a los que se ha enfrentado el combinado nacional en este torneo de iconos (Jokic, Antetokounmpo, Doncic) caídos. Un conjunto, el de Collet, superior desde la vertiente física y muy especialmente en la batería interior, que alinea a tipos como el base Heurtel -tan dificilito de querer como talentoso y resolutivo-, el exterior Fournier, el completo 'cuatro' Yabusele o el excelso cancerbero de su aro Gobert, defensor mayor de la República desde su atalaya en todo lo alto.

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