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España-Macedonia: el día grande de Jaime Pradilla

El zaragozano, de 21 años, tuvo una actuación destacada al calor de sus familiares y amigos. Fue el jugador más aclamado por la grada en el pabellón Príncipe Felipe.  

Jaime Pradilla machaca el aro de Macedonia.
Jaime Pradilla machaca el aro de Macedonia.
José Miguel Marco

Fue otra jornada festiva, otro homenaje al baloncesto. La selección española volvió a competir ayer en Zaragoza, en el pabellón príncipe Felipe, y su repercusión mediática se trasladó a las gradas con una gran asistencia: pese a la escasa entidad del rival, alrededor de 6.200 espectadores presenciaron en directo al combinado nacional, que superó a Macedonia del Norte, con una autoridad manifiesta, en su cuarto partido de la fase de clasificación para el Mundial de 2023. Aunque España compareció sin algunos de sus jugadores más rutilantes, sigue manteniendo una imagen seductora, y aún despliega por momentos un juego alegre, ágil, dinámico y veloz. El resultado fue una exhibición generosa, muy atractiva para la afición; pero con Macedonia contribuyendo sobremanera al espectáculo con sus debilidades, muy acentuadas en los dos lados de la pista.

Aunque la selección se distinguió, sobre todo, por su buen funcionamiento colectivo, sí hubo nombres propios a subrayar. El jugador más aclamado fue Jaime Pradilla, quien ocupó el centro de la escena en el regreso a su hogar. El aragonés, de 21 años, portó el escudo de la selección española en Zaragoza, en su tierra, en su casa, al calor de sus familiares y amigos, y lo hizo con su solvencia y personalidad habituales: formó parte del quinteto inicial, y enseguida dio sobradas muestras de su categoría. Fue su día grande. Finalizó la contienda con 17 créditos de valoración, fundamentados en 8 puntos –con un solo fallo en los tiros de campo–, 5 rebotes y 3 asistencias en los 26 minutos que permaneció sobre la pista. Pero más allá de las estadísticas, Pradilla se aplicó atrás con contundencia y tesón, sin distracciones, y es un jugador con una notable incidencia en los aspectos intangibles del juego.

Y eso que Pradilla erró su primer lanzamiento –un triple ejecutado desde la esquina–; pero se sobrepuso con prontitud para sumar en sus siguientes intervenciones y acabar el partido con una destacada actuación. Asistió primero a Jaime Fernández, para que el base anotara bajo los aros sin ninguna oposición, y después convirtió su primera canasta al culminar un rápido contragolpe.

Cuando Scariolo le concedió descanso, a los ocho minutos de juego, Pradilla abandonó la pista en medio de una atronadora ovación, unánime y sincera, de los seguidores zaragozanos. Fue sustituido por Jonathan Barreiro, otro jugador especialmente querido en el pabellón Príncipe Felipe, tras haber defendido durante cinco temporadas la camiseta del Casademont.

Aunque fue después, en sus siguientes apariciones, cuando ofreció su mejor exhibición y se ganó los aplausos más sonoros y enérgicos de la grada. También participó Santi Yusta, cuyo regreso al combinado nacional supone la justa recompensa al esfuerzo, la tenacidad y la perseverancia de un jugador ejemplar. Después de superar dos importantes lesiones en la rodilla izquierda –el primer percance le llegó, precisamente, con la selección española en Zaragoza–, el alero ya ha recuperado el crédito y la confianza en su juego. Su aportación ya resultó capital, en la recta final de la temporada, para que el Casademont consumara la permanencia en la ACB. Y ayer, de nuevo, se manejó en la pista con descaro y acierto. Al cuarto de hora, nada más saltar a la pista, ya levantó al público de sus asientos con dos triples consecutivos que iniciaron el despegue del conjunto español (33-21). Acabó con 6 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias, y también fue repetidamente ovacionado por la afición.

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