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Andorra, la victoria imprescindible para seguir creyendo en el Casademont

El triunfo, acompañado de un notable juego, evita que el conjunto aragonés caiga a zona de descenso.  

Así celebraron la victoria los jugadores del Casademont en el vestuario.
Así celebraron la victoria los jugadores del Casademont en el vestuario.
Casademont Zaragoza

La esperada reacción del Casademont Zaragoza llegó en Andorra, donde el conjunto de Jaume Ponsarnau atrapó una victoria fundamental para su futuro y también para su presente. El dato de que una derrota habría despeñado al cuadro aragonés a la zona de descenso desvela la trascendencia del resultado. Ahora, con cinco triunfos en el haber, el descenso a la Liga LEB lo ocupa el Betis (2 triunfos) y el San Pablo Burgos (4 triunfos). Todo eso se ganó en Andorra...

Eso y mucho más. Importa el qué, pero también el cómo. Además del altísimo valor numérico en la tabla clasificatoria, el Casademont elevó sensiblemente la capacidad de su baloncesto. Sumar 111 créditos de valoración en 40 minutos denota riqueza en el juego y connota una implicación global proporcional a la cifra. Ciertamente, no es sencillo perder valorando 111... Incluso valorando 90. Este dato resulta incluso más trascendente que el marcador final absoluto: 83-92.

Los registros siempre significan la traslación numérica del juego. Y jugó mucho y bien el Casademont. Invirtiendo una tendencia que lo conducía al sumidero, vertebró un baloncesto potable para competir en la ACB. Ojo, porque la ACB se está poniendo bastante más complicada que en los últimos años: un finalista europeo, el Burgos, ocupa plaza de descenso. La elevación del nivel del Casademont fue colectiva, no individual. Respondió, por tanto, al objetivo común de un esfuerzo colectivo.

La lesión de Okoye abrió incógnitas durante la semana pasada. Sin embargo, en Andorra se vio un conjunto bien dirigido por unos bases que socializaron más el balón. San Miguel, el reaparecido Cook y el recién llegado Bone no asumieron los lanzamientos que no les corresponden y distribuyeron con criterio el balón, que por fin llegó en buenas posiciones a los exteriores, y ¡por fin!, a los interiores. No anotó Okoye, pero sus tiros los asumió un Mobley soberbio, incluso afortunado en los lanzamientos finales. Por dentro, el trabajo oscuro pero eficaz de Thompson (8 rebotes) y la aparición estelar de Hlinason (14 puntos, con un sensacional 7/10 de dos), constituyeron los factores determinante del éxito en Andorra.

Quizá Radoncic merezca un apartado. Crecido a la sombra de Lucka Doncic, Radoncic necesitaba un partido como el de Andorra. Sus datos merecen un análisis profundo: 17 puntos y 23 de valoración en 24 minutos en la pista. Ya valora más que anota. Ergo, ya hace algo más (rebotear, asistir...) que anotar. Si su objetivo es jugar en la Euroliga, que lo es, Radoncic necesita partidos como el del fin de semana pasado. Zaragoza debe ser su trampolín. Él lo agradecería. El Casademont, también.

Y, desde luego, es menester un subrayado final para Adam Waczynski: 16 puntos, 21 de valoración en 23 minutos de baloncesto sabio. Sabiduría que es filosofía. Saber de jugar, de leer, de entender el juego mejor que nadie. Y saber de sabor, de aroma a baloncesto con regusto de antaño. Ese sabor que el Casademont pudo catar por fin para capturar una victoria absolutamente vital.

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