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El crecimiento del Casademont pasa por enriquecer el ataque

El equipo aragonés, necesita mejorar su ritmo ofensivo. Resulta fundamental en un bloque que no guarda tanto talento individual como en años pasados.

Foto del partido Barça-Casademont Zaragoza, Liga Endesa
Foto del partido Barça-Casademont Zaragoza, Liga Endesa
acb Photo / V. Salgado

Las tres derrotas encajadas en otros tantos partidos han oscurecido el prometedor inicio de un Casademont en desarrollo. La última, ante el Barça, entraba en los planes. Las dos anteriores, no tanto. Principalmente, porque el Valencia de Joan Peñarroya se presentó en el Príncipe Felipe muy condicionado por las bajas y porque el San Pablo Burgos, que a priori no está al nivel que alcanzó en cursos pasados con el propio Peñarroya, se llevó la victoria de forma aplastante (54-75).

Aquel revés, por las formas y también porque el Casademont Zaragoza venía de ganar sus dos primeros compromisos ante Manresa y Bilbao, fue tan duro como inesperado. Pero la semana en que nos encontramos, con esos dos duelos en cuestión de tres días, ha reafirmado las carencias mostradas ante el Burgos.

El Casademont es un equipo trabajador, disciplinado y organizado, pero no guarda tanto talento como la pasada temporada. Va a tener que sudar cada victoria. Difícilmente habrán partidos en los que un jugador, como para bien y para mal era Dylan Ennis, que cambie un partido. La anotación va a estar más repartida y requiere que todos los jugadores comiencen a mejorar las prestaciones ofrecidas en los partidos recientes.

Aunque el poder defensivo del Valencia y del Barcelona no ayuda, los porcentajes de lanzamiento del Casademont deben ir a más. La pelotita tiene que volver a entrar. Tiene que viajar hacia el aro con una efectividad que, al menos, se acerque a la mostrada en los dos primeros choques de Liga Endesa.

De los 99 puntos de media en la anotación ante Manresa y Bilbao, con una efectividad del 60% en los tiros de dos y del 45% en los triples, se ha pasado a 63,3 puntos de media a partir de unos porcentajes del 44% en tiros de dos y del 23% en tiros de tres. Un bajón que, además de la mencionada entidad de los rivales y del desatino, que ya se sabe que va a días, viene motivado por la dificultad para encontrar situaciones cómodas de lanzamiento.

Como le ocurre a cualquier equipo en construcción, el Casademont necesita tiempo para adquirir automatismos. Los pívots tienen que ganar presencia; los exteriores, amenaza; y los bases, como norma, deben tratar de generar más juego. El equipo al completo ha de moverse más, para no caer en el error que, como advirtió Ponsarnau tras la derrota en el Palau, supone caer en el error de «tirar excesivamente del talento sin encontrar acierto».

El preparador catalán sabe que la búsqueda del ritmo ofensivo es su gran pelea. En defensa, el equipo está en el buen camino. Viene creciendo en el rebote, en los duelos individuales y en las transiciones. El Casademont es un equipo rocoso, pero no tanto como para permitirse la escasez anotadora reciente. La alegría, el saber correr hacia adelante, es fundamental en cualquier equipo. Más aún, en este Casademont que no goza de grandes individualidades y va a tener que labrarse cada partido, cada punto, a pico y pala.

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