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Decepcionante epílogo del Casademont Zaragoza en Murcia

El conjunto aragonés cierra la temporada con una contundente derrota en la pista del UCAM Murcia (91-68).  

Jacob Wiley, jugador del Casadmeont Zaragoza.
Jacob Wiley, jugador del Casadmeont Zaragoza.
EstherCasas

Fue un epílogo decepcionante, desalentador, acorde con la línea gris exhibida durante gran parte de la temporada (91-68). El Casademont Zaragoza clausuró ayer el curso en Murcia, y lo hizo con otra deficiente actuación colectiva. De nuevo faltaron compromiso, fuerza y convicción; de nuevo fue un bloque indeciso y timorato, indolente, apático, sin alma. Los zaragozanos finalizan la Liga Endesa en la decimotercera posición, con un balance de 14 triunfos en los 36 encuentros disputados; y no participarán en la competición europea la próxima temporada, salvo que medie una de las cuatro invitaciones que reparte la Basketball Champions League.

El entrenador del conjunto aragonés, Luis Casimiro, cumplió 700 partidos dirigidos en la máxima categoría nacional, registro únicamente superado por Aíto García Reneses (1.077 encuentros), Pedro Martínez (912) y Manel Comas (745). Desde su incorporación al banquillo zaragozano –sustituyó al argentino Sergio Hernández el pasado 17 de abril–, el Casademont había mostrado su mejor versión de la temporada, con la única mácula del partido del pasado miércoles ante el Lenovo Tenerife (60-91). Antes, el conjunto aragonés sí había exhibido orden, disciplina táctica, compromiso e intensidad en cada una de sus actuaciones, lo que le había reportado cuatro victorias consecutivas en el torneo doméstico, además de la medalla de bronce en la competición continental. Sin embargo, en los dos últimos compromisos, ante el UCAM Murcia y el Tenerife, han vuelto la desidia, la apatía y la dejadez. Una actitud perezosa, indiferente e inadmisible, aunque se tratasen de partidos ya irrelevantes. La honra y el decoro deportivo siempre están en juego.

Muy precipitado ya en sus primeras acciones, el Casademont permaneció los dos primeros minutos de juego sin anotar. Fue Elias Harris, desde la línea de personal, quien inauguró el tanteador de los zaragozanos, que fueron a remolque durante todo el partido, sometidos por el mayor ímpetu y determinación de los locales. El Casademont no sólo atacaba con dudas, con un juego anárquico y descontrolado (2 de ocho en tiros de campo), sino que también se aplicaba en defensa sin la firmeza y el tesón que demandaba el partido.

En el ecuador del primer cuarto, los aragoneses ya habían encajado 19 puntos, la mayoría convertidos por su oponente con lanzamientos liberados, sin apenas oposición (19-10). Transcurridos 10 minutos, el marcador retrataba con fidelidad la manifiesta superioridad de los locales, muy poco exigidos en los primeros compases de la contienda (29-19).

El conjunto aragonés, vulnerable y quebradizo, muy frágil, muy permisivo, acentuó sus desequilibrios defensivos en el inicio del segundo cuarto. Y el UCAM Murcia enseguida amplió su ventaja, que se disparó hasta los 16 puntos al cuarto de hora de partido (37-21). Los locales hallaban situaciones muy ventajosas en cada uno de sus ataques; especialmente en el juego interior, con Cate castigando repetidamente las lagunas de los zaragozanos. Al mismo tiempo, los de Luis Casimiro se manejaban sin lucidez ni criterio en sus acciones ofensivas, lo que supuso un lastre gigantesco en su facturación: alcanzó el intermedio con sólo 33 puntos en su haber (44-33), una cifra exigua para la dimensión real de la plantilla.

El partido fue un concierto de errores e imprecisiones en los primeros compases de la reanudación. Sobre todo por parte de los zaragozanos, que se manejaron siempre con prisas, sin las pausas preceptivas, sin una propuesta colectiva solvente. En este escenario, los de Luis Casimiro anotaron una sola canasta en cinco minutos de juego, lo que aprovechó su adversario para estirar su renta hasta los 20 puntos (55-35). A partir de ahí, el cuadro aragonés todavía se desatendió más, presentando muy poca resistencia a la derrota. A la media hora, el Casademont seguía sin facturar un solo triple, con una asombrosa carta de tiro desde más allá del arco: 0 de 12. Por entonces, el duelo ya estaba sentenciado (66-50), con los zaragozanos emitiendo señales muy negativas en los dos lados de la pista. De hecho, el partido se consumió después sin que los aragoneses acertaran ni uno de sus 17 intentos desde el perímetro. Fue un epílogo decepcionante, tal y como expuso el marcador final (91-68). 

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