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El Casademont Zaragoza, un líder en Europa

El equipo aragonés finalizó la fase de grupos en la primera posición, tras haber sumado seis victorias consecutivas.

CHAMPIONS BASKET ZARAGOZA CASADEMONT-PAOK SALONICA EN EL PRINCIPE FELIPE / 29-01-2019 / FOTOS: FRANCISCO JIMENEZ [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Carlos Alocén, en el partido de la Champions League ante el PAOK.
FRANCISCO JIMENEZ PHOTOGRAPHY

El Casademont Zaragoza es un bloque sólido, fiable, comprometido, enérgico y vigoroso, con numerosos argumentos en su plantilla. Su andadura es firme, convincente, sin apenas mácula, tanto en la Liga Endesa –tercer clasificado– como en la Champions League, donde accedió a los octavos de final como primer clasificado en la fase de grupos. El cuadro de Fisac está completando la mejor temporada de su historia, y ha ido elevando sus ambiciones conforme avanzaba la competición: en el torneo doméstico, camina con paso firme hacia los ‘play off’ por el título, como cabeza de serie, tras contabilizar 16 triunfos en 22 encuentros; y en Europa se ha propuesto alcanzar la Final Four, un reto gigantesco, de muy difícil ejecución, aunque ni mucho menos utópico.

Y eso que el Casademont inició con dudas su participación en el torneo continental. En sus primeros compromisos fue un equipo voluble, inconstante e imprevisible, por momentos indolente, que se desencajaba con una facilidad asombrosa en la mayoría de sus actuaciones. De hecho, transcurridas ocho jornadas de la Champions League, los zaragozanos facturaban 76,1 puntos por partido, por los 81,8 tantos de media que anotaba por entonces en el campeonato español; y la valoración también era mucho más elevada en la Liga Endesa (91,6 créditos) que en el torneo continental (82,2).

Sin embargo, la mayor diferencia entre las dos competiciones atendía a la aplicación defensiva. En la Liga española, el Casademont era un muro resistente, sin apenas fisuras, prácticamente inabordable (74,6 tantos recibidos por encuentro). Por el contrario, el cuadro aragonés era un bloque quebradizo y vulnerable en el campeonato europeo, con numerosas desatenciones: sus 80,1 puntos encajados por partido, tras la celebración de 8 jornadas, retrataban la fragilidad de su estructura de contención y, sobre todo, habían comprometido drásticamente su clasificación para las eliminatorias directas. Por entonces, el Casademont acababa de doblar la rodilla contra el Telekom Bonn alemán (72-77), en el pabellón Príncipe Felipe, y era quinto con un balance de cuatro triunfos y cuatro derrotas. Su indecisa trayectoria en Europa ya no admitía ni una sola concesión.

Y llegó la reacción. A partir de la novena jornada, el Casademont se recompuso con una fortaleza admirable, y enseguida recuperó sus señas de identidad, su espíritu solidario y su esencia competitiva. Volvió la mejor versión de los zaragozanos, la exhibida en la Liga Endesa, y entonces comenzó a coleccionar triunfos sin apenas oposición.

El conjunto aragonés se impuso al Besiktas (80-73), al Falco Szombathely (70-77) y al Neptunas Klaipeda (86-70) para, ya en la duodécima jornada, asaltar el liderato del grupo con una contundente victoria en la pista del JDA Dijon (73-105), en una de las actuaciones más completas del Casademont Zaragoza en el presente ejercicio. La secuencia continuó después con los triunfos ante el PAOK de Salónica (86-76) y el Brindisi (91-93), para cerrar la fase de grupos desde lo más alto de la clasificación. Seis victorias seguidas, algunas de rango mayor, para afrontar las eliminatorias directas desde una situación privilegiada: se medirá en octavos con el Lietkabelis lituano, cuarto clasificado del Grupo A, y tendrá el factor cancha a su favor.

Mientras, su oponente se presenta a la cita tras haber acumulado tres victorias seguidas en el torneo continental. El conjunto de Nenad Canak pasó de ronda de manera apurada. De hecho, se hallaba prácticamente desahuciado el pasado 14 de enero, a falta de tres jornadas para el cierre de la fase de grupos, tras haber claudicado en su pista contra el Oostende belga (68-76). Ni siquiera los triunfos posteriores ante el Torun (81-85) y el Estrasburgo (82-69) le garantizaban su presencia en los octavos de final. Fue en el último suspiro de la última jornada cuando el equipo lituano pudo, por fin, sellar su clasificación para las eliminatorias directas.

Lo hizo gracias a una carambola imprevista: superó al Unet Holon, desde la línea de personal, con tres tiros libres de Paulius Valinskas con el tiempo ya consumido (68-69); y se benefició, además, de la derrota del Manresa en su propia pista (61-64), en otro duelo igualado que se resolvió también en el último segundo. El Lietkabelis y el Manresa finalizaron la fase de grupos con siete victorias, pero se clasificaron los lituanos por el ‘basketaverage’ particular.

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