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Condenados por el rebote y las prisas

Unicaja, que capturó 43 rebotes, 21 de ellos en ataque, dominó la pintura ante un Casademont que extrañó a Justiz y que pagó cara su precipitación en el tramo decisivo.

Unicaja-Casademont Zaragoza
Unicaja-Casademont Zaragoza
ACB Photo

El Casademont Zaragoza rozó con la punta de los dedos las semifinales de la Copa del Rey. Las tuvo en su mano, las acarició y se vio incluso jugando esta noche contra Andorra, el vencedor del anterior cruce, pero su incapacidad para cerrar el rebote y las prisas por remontar en el último cuarto le condenaron contra un rival muy inspirado en los minutos decisivos. El equipo dirigido por Porfirio Fisac no encontró el modo ni la manera de cerrar el grifo de los rebotes: Unicaja captutó 21 en ataque –una auténtica barbaridad– y 22 en defensa para un total de 43. Los zaragozanos, por su parte, apenas cogieron 7 en ataque y 25 en defensa. Una diferencia abismal. 

Una diferencia que supone estar o no en las semifinales de la Copa del Rey. En este sentido, la ausencia por lesión de Javier Justiz fue más relevante que nunca. La baja del cubano, que ya no volverá a jugar esta temporada, generó un agujero en la pintura que supieron aprovechar a la perfección Rubén Guerrero (9 rebotes), Carlos Suárez (7), Thompson (5), Jaime Fernández (4) o Alberto Díaz (4). Unicaja dominó el rebote, dominando así la pintura y dominando así el partido. El ABC de la ACB.

Pero aun así, aun con el rebote totalmente decantado a favor de los malagueños, el Casademont pudo ganar ayer en el Martín Carpena. Sostenido por los puntos de un inspirado DJ Seeley –se marchó hasta los 29–, fue venciendo hasta el ecuador del tercer periodo, cuando la maquinaria ofensiva de Unicaja comenzó a carburar de la mano de Alberto Díaz y Darío Brizuela. Pero el Casademont, que vivía de las rentas de los dos primeros cuartos estaba ahí. Aún tenía el partido a tiro. 

Sin embargo, el Casademont estuvo muy errático en ataque. Quería remontar rápido y las prisas le condenaron. Falló pases sencillos, perdió balones absurdos, abusó del lanzamiento exterior, cometió errores por pura precipitación –un campo atrás inexplicable en un saque de banda– y erró lanzamientos que le hubieran metido de lleno en el partido –un decisivo triple de San Miguel solo desde la esquina–. Quiso remontar lo antes posible y terminó perdiendo preso de su propia impaciencia, de sus precipitadas decisiones. Unicaja, que tampoco estuvo mucho más sereno en el tramo final, aprovechó los regalos aragoneses y se impuso al final sin demasiado sufrimiento.

Quedará aprender para compromisos y torneos venideros: el Casademont tuvo en sus manos la clasificación para las semifinales de la ACB y se le resbaló en el último momento. Eso sí, cayó con la cabeza alta y con una valiosa lección para el futuro.

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