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La Copa de Málaga, a entronizar a un ganador sin polémicas

La final 'clásica' entre Real Madrid y Barcelona, que tanto juego dio en las tertulias en las dos últimas ediciones por las polémicas arbitrales de los últimos segundos, no se repetirá en la cita malagueña.

Los jugadores del Barcelona Pierre Orriola (d) y Adam Hanga (i) celebran una canasta ante el Real Madrid, durante la final de la Copa del Rey de Baloncesto que Real Madrid y FC Barcelona Lassa disputan esta tarde en el Gran Canaria Arena.
Los jugadores del Barcelona Pierre Orriola (d) y Adam Hanga (i) celebran una canasta ante el Real Madrid, durante la final de la Copa del Rey de Baloncesto.
EFE/Elvira Urquijo

La Copa del Rey, en su edición 2020 en Málaga, busca entronizar a un ganador sin las polémicas arbitrales de las dos últimas ediciones, a un equipo que se gane en la pista el título por méritos propios en un torneo sin margen para el error y de baloncesto total en estado puro.

La final 'clásica' entre Real Madrid y Barcelona, que tanto juego dio en las tertulias en las dos últimas ediciones por las polémicas arbitrales de los últimos segundos, no se repetirá en la cita malagueña.

Madridistas y culés están en el mismo lado del cuadro y se enfrentarían en unas hipotéticas semifinales si ambos superan su primer duelo, ante Bilbao y Valencia, respectivamente. Si el choque llega a hacerse realidad será un nuevo clásico especial, con cuentas pendientes y con una gran expectación.

Málaga, una ciudad que exuda baloncesto por el Martín Carpena, será el escenario de la LXXXIV edición de la Copa del Rey que, como las anteriores, promete espectáculo, intriga, tensión, risas, lágrimas y toda suerte de emociones, algo para lo que se preparó hace apenas tres semanas acogiendo los Premios Goya.

BA-LON-CES-TO, el nexo común de ocho aficiones con el mismo objetivo, ganar y, sobre todo, vivir momentos inolvidables en una ambiente deportivo sin ambages ni dobleces, lo que ha hecho de la Copa del Rey uno de los torneos más atractivos dentro y fuera de nuestras fronteras.

Son cuatro días sin cuartel. El campeón deberá ganar tres partidos, a cual más duro, sin tiempo para nada más que competir en las mejores condiciones posibles. Un gran esfuerzo para una gran recompensa.

Aunque Real Madrid y Barcelona sean los grandes dominadores del palmarés, este año al ir por el mismo lado del cuadro y poderse cruzar en semifinales, dejan más abierto que nunca el pronóstico.

Los tres equipos de Euroliga están en el mismo lado del cuadro -Barcelona y Valencia se enfrentan en cuartos de final- y en el otro se abren las posibilidades en los cruces Iberostar Tenerife-MoraBanc Andorra y Unicaja-Casademont Zaragoza.

Llegados a este punto no existe el cansancio, no existe el dolor, no hay historias o trayectorias, sólo un partido directo que abre la siguiente puerta para llegar a la gloria. Es el aquí y ahora.

Canastas, triples, bloqueos, asistencias, tapones, defensas, ataques, pasos, zona y demás jerga de la canasta se adueñan de los sueños y anhelos de los asistentes en directo y también de los televisivos para conformar un fin de semana perfecto para los aficionados, sobre todo si gana su equipo.

Sólo uno de los participantes alcanzará la gloria de conseguir el primer titulo de la temporada, pero todos participarán de la fiesta -lo que ya es un logró en sí- y reforzarán sus probabilidades para conseguir los objetivos marcados.

Los seguros ganadores serán los aficionados, que disfrutarán de un menú degustación de baloncesto de la más alta calidad a cargo de los ocho mejores de la Liga en la primera vuelta.

Málaga, el Martín Carpena y la Copa elegirán al mejor. Y el baloncesto lo certificará.

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