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Casademont Zaragoza: el coro de Porfirio

La gesta del Casademont Zaragoza en su victoria frente al Real Madrid se cimentó en la aportación global de sus jugadores: cinco hombres distintos firmaron más de 12 de valoración.

Histórico rodillo del Casademont Zaragoza ante el Real Madrid
La mayoría de los jugadores celebrando la victoria contra el Real Madrid.
TONI GALAN

Los ecos de la gesta del Casademont Zaragoza y su triunfo por aplastamiento contra el prestigioso Real Madrid el pasado domingo aún resuenan y endulzan la mirada a un equipo que sobrepasa límites, derriba imposibles y fabrica sueños. Es el momento del baloncesto en Zaragoza y la victoria, el cómo de ella, frente a los blancos advierte de un equipo que no es flor de un día: a la hermandad de Fisac ya no se le observa como un conjunto rebelde, osado, impulsivo y puntual sino como un bloque sólido, tenaz, competitivo y fiable. Una revolución a no descuidar.

 Su tercer puesto es la prueba de ello, casi tanto como el calado de sus dos victorias de postín. Ganar en el plazo de un mes a dos gigantes del baloncesto europeo como son Barcelona y Real Madrid está al alcance de muy pocos. Constituye un hecho extraordinario, una proeza más bien si se valoran los posibles económicos de Casademont, su potencial supuesto. Los zaragozanos, con esas dos victorias, se han asomado a un universo muy alejado de su realidad. Pero lo ha hecho.

Y lo ha hecho reafirmando los valores que educa, forma y trabaja su entrenador Porfirio Fisac. El espíritu de equipo por encima de todas las cosas. La victoria contra el Real Madrid lo vino a reafirmar. Ninguna individualidad sobresalió más allá de otra. Fue un triunfo coral, sinfónico, con los méritos bien repartidos. Brilló Radovic en la segunda mitad, también lo hizo Hlinason, o Carlos Alocén en el último cuarto… Del mismo modo que Ennis o Seeley… Pero lo realmente destacable es que todos y cada uno de los jugadores que pisaron la pista tuvieron su momento en el partido. Lucieron, con sus funciones y virtudes concretas, allí y cuando lo demandó el equipo. No hubo un protagonista en la victoria, sino varios. Fue el triunfo del colectivo. Los números del mapa del partido lo confirman y refuerzan la cultura grupal cultivada por Porfirio Fisac: cinco jugadores distintos cuajaron una actuación igual o superior a los 12 de valoración. Ninguno llegó a 20 -otra señal más de ese triunfo sostenido en lo gremial-, pero cinco de ellos firmaron al menos 12: Hlinason, en el día de su graduación, destacó un paso más que el resto con 17. Ennis disfrutó y sonrió con sus 16. Rodrigo San Miguel y su batuta se fueron a 15. Y Brussino y Seeley vivieron sus momentos de partidos y se alzaron a 13. Además de ellos, Radovic se afianzó con una actuación portentosa: 14 puntos y 14 rebotes instalando su dominio en la pintura. En valoración, se quedó en 9, pero su producción fue más allá.

Ya es habitual en esta temporada que esta distribución de su hoja de registros presente un reparto proporcional, global. En Casademont, no hay jugadores franquicia. No hay titulares ni suplentes, como ya advirtió Fisac en su día. Es el resultado de una precisa gestión de grupo. Donde todos suman y todos brillan. No ha un anotador de referencia. No hay un abanderado estadístico. No hay un único asistente o motor. No predomina un defensor sobre otro… El sonido musical del Casademont es de todos. De sus jugadores y de un entrenador, Porfirio Fisac, que maneja la orquesta con la mano de los elegidos.

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