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Justiz abre el cielo del Casademont

El conjunto aragonés impone su fuerza interior con un estratosférico pívot cubano y captura un triunfo en Burgos que lo instala en las alturas de la ACB.

Una de las jugadas del partido
Barreiro intenta detener a Huskic. j
Efe

Desde que al profesor de educación física James Naismith le dio por poner una cesta de melocotonos en una barandilla del gimnasio del YMCA de Springfield, en Massachusetts (Estados Unidos) e invitara a los alumnos a lanzar una pelota sobre una cesta, se suele encestar más cuanto más se aproxima uno. Igual en 1891, cuando Naismith tuvo a bien inventar este precioso deporte, que ayer, cuando el Casademont gobernó las alturas para lograr un triunfo en Burgos que lo instala en las ídem. Victoria ante un rival directo en la pista con más ambiente de la ACB. Más mérito si cabe para el conjunto que gestiona Porfirio Fisac, que ya almacena seis bingos sobre siete posibles, en una retahíla de éxitos que lo consolida en la segunda posición de la tabla, solo superado por el mejor equipo de Europa en el último lustro, el todavía invicto en ACB Real Madrid de Laso. La triste comparecencia ante los húngaros en la Basket Champions League ya forma parte del pretérito. El presente queda plasmado en la clasificación que ven ahí arriba a la derecha.

Cuando la bocina sonaba, el balón acabó en las manos del Javier Justiz como reflejo de un encuentro en el que el Casademont se elevó en la pista y en el marcador sobre el poderío del pívot cubano, dueño de los cielos en Burgos y de los sueños del crecido conjunto aragonés. En verdad, solo perdió Justiz el salto inicial, ganado por Augusto Lima.

En el tramo inicial, en los primeros 10 minutos, el Burgos se mostró muy acertado en el lanzamiento exterior. Con un base enchufado, como Ferran Bassas, los de Peñarroya arriesgaron en el lanzamiento de tres puntos. Hasta cinco triples transformó el San Pablo, amparado en el acierto de Benite y en un Clark que hizo muchísimo daño jugando como cuatro abierto. Pronto tomaron los locales rentas sustanciales (10-4). Fisac, que ha perdido la voz en los últimos partidos, no perdió la calma. Pese a las ausencias de Seibutis y Fran Vázquez, pintó un quinteto madre reconocible (Alocén, Seeley, Benzing, Radovic y Justiz). Barreiro forzó para jugar y se dejó la vida en la pista. Si el Burgos no se fugó en este primer acto, fue gracias a sus dos triples y a su garra: 25-18 en la meta volante situada en el minuto 10.

Además de Barreiro, Rodrigo San Miguel también volvía ayer después del empentón que sufrió en Estambul ante el Besiktas de Ivanovic. También sumó el base zaragozano, en un segundo cuarto en el que el Casademont movió con más pausa, buscando mejores posiciones de tiro que en un arranque en el que se había impuesto la energía local. Barreiro y Brussino activaron a los rojos, cada vez más duros. La rehabilitación aragonesa encontró pronto su traslación numérica en el marcador. Así, Krejci (qué pinta más buena tiene este chaval...) estableció la primera ventaja visitante (25-26). Se sucedián las igualadas en el marcador, aunque el San Pablo continuaba alimentándose de triples. En este segundo cuarto fue el base Ferran Bassas el principal abastecedor de puntos de los locales. Un gancho a lo Karim Abdul Jabbar de Javier Justiz (en serio, un ‘sky hook’ por su sitio) firmaba el empate a 32 y anunciaba lo que llegaría después. Gancho del cubano desde el cielo, gancho sobre la canasta y sobre el mentón de un Burgos sin capacidad operativa debajo del aro. Clark estiró la última ventaja local (37-32), pero un 0-10 de parcial en la clausura del segundo acto rubricaban un 37-42 al intermedio que abría la puerta a la esperanza aragonesa.

Tangibles e intangibles

La estadística, los datos, la plasmación contable del rendimiento de un equipo, proclamaba que el Burgos había anotado ocho triples en los primeros 20 minutos. Gracias a ellos sobrevivía, pues solo había sido capaz de encestar tres tiros de dos puntos, es decir, cerca del aro. ¿La razón? Por encima de todo, un imponente Justiz, bien secundado por ese islandés que nada tiene de bacalao, Hlinason. Muy bien también Hlinason. Pero lo de Justiz es otra historia. No solo sus puntos, su valoración, sino los intangibles que se hacen tangibles al condicionar por completo el juego del rival. Otra historia era también el planteamiento aragonés, que llenó sus 42 puntos con 13 canastas de dos, solo tres triples y siete libres. Igual que en el gimnasio donde se parió el baloncesto, igual que si mañana lunes intentan atinar con una pelotita de papel en la papelera de la oficina, se suelen meter más cuanto más se acerca uno... Solo eran cinco puntos de renta en el meridiano, pero, segun la argumentación anterior, según el guión de este deporte desde 1891, la pauta apuntaba al éxito final aragonés en el minuto 40.

En el tercer acto, el Burgos, como se suponía, disminuyó en su acierto exterior. Solo un triple facturó en estos 10 minutos. El Casademont siguió a su marchica y tomó rentas de hasta 10 puntos (45-55). Aguantó en pie el cuadro local merced a su intensidad defensiva y agarrándose a unos tiros libres que todavía le mantenían con vida en el minuto 30: 51-57, pese a que en ese instante los de Peñarroya solo había fabricado seis canastas de dos puntos.

En el cuarto final, Joan Peñarroya lo intentó todo, refugiándose en una defensa zonal para detener la explosiva salida aragonesa (0-9), irrupción coronada por un 2+1 estratosférico de Justiz (51-64). La eliminación tras técnica de Radovic también ayudó a la pizarra de Peñarroya, que hizo sentir su aliento en el cogote aragonés con un parcial soberbio (11-1), repleto de casta y argumentos tácticos (64-68). Se salió tras danzar en el aro un triple de Bassas, igual que también escupió el hierro otro de Benzing. El goteo de puntos posterior nunca separó a los dos equipos más de tres puntos. Todo hasta que Justiz, a falta de solo 36 segundos, se marcó una canasta a tabla desde seis metros con la que amplió su riqúisimo repertorio, abrochando una victoria trascendental (69-74). Unos tiros libres de Benzing y otros de Seeley castigaron la desesperación del Burgos, ese equipo que vivió mientras acertó con lo extraordinario (los tiros de tres puntos) y murió cuando careció de lo ordinario (las canastas de dos). Por eso ganó el Casademont, porque las canastas hechas debajo del aro solo valen dos puntos, pero son las que ganan, porque son las de mejor porcentaje. Igual hace más de un siglo en el YMCA de Springfield que ayer en el Coliseum de Burgos.

Ficha técnica:

69 San Pablo Burgos (25+12+14+18): Jean Pierre Tokoto (8), Earl Clark (8),Vítor Benite (18),Ferran Bassas (10) y Augusto Lima (2) - quinteto inicial - Bruno Fitipaldo (3), Alex Barrera (-), Javi Vega (-), Miquel Salvó (-), Thad McFadden (12), Goran Huskic (8).

78 Casademont Zaragoza (20+22+15+21): Javier Justiz (12), DJ Seeley (9),Nemanja Radovic (5), Carlos Alocén (3), Robin Benzing (14) -quinteto inicial - Jonathan Barreiro (13), Nicolás Brussino (8), Aitor Etxeguren (-), Rodrigo San Miguel (2), Vit Krejci (6), Tryggvi Hlinason (6) y Javier García (-).

Árbitros: Luis Miguel Castillo, Raúl Zamorano y Joaquín García González. Fueron expulsados por cinco personales Augusto Lima por el San Pablo Burgos y a Nemanja Radovic por Casademont Zaragoza.

Incidencias: Partido correspondiente a la Jornada 7 de la Liga Endesa disputado en el Coliseum Burgos ante 9562 espectadores. El partido comenzó con unos minutos de retraso por un problema una de las canastas, que volvió a repetirse una vez más tras el descanso.

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