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El muro defensivo del Casademont Zaragoza

El conjunto de Porfirio Fisac basa su gran arranque de temporada en su defensa. Es el equipo de la ACB que menos puntos encaja.

El islandés Hlinason tapona a Álvaro Muñoz, del Obradoiro.
El islandés Hlinason tapona a Álvaro Muñoz, del Obradoiro.
José Miguel Marco

Los resúmenes televisivos se quedarán con el jugadón con el que Carlos Alocén coronó la paliza sobre el Obradoiro. O con el triplazo más tiro libre adicional de Robin Benzing. O con los espectaculares mates de Javier Justiz... Sin embargo, el factor que mejor explica el momento de plenitud que devora el Casademont Zaragoza no debe buscarse en su inspirada faceta ofensiva, sino en un capítulo menos rutilante: la defensa. Desde esa labor tan ingrata y menos lucida que consiste en neutralizar o desactivar al contrincante es como mejor se explica el fulgurante arranque rojillo.

Una buena defensa es fruto de la suma de sacrificios, de la generosidad con el esfuerzo y de la solidaridad entre los jugadores. Un manual que los discípulos de Porfirio Fisac han interiorizado con ardor. Los semblantes desconcertados en el Herbalife Gran Canaria y, sobre todo, el pasado domingo en el Obradoiro, delataban la asfixia a la que estaban siendo sometidos. Un muro de manos, cuerpos y brazos se oponían incansablemente a cada uno de sus intentos de tiros o de entradas a canasta. Cuales hambrientos perros de caza, emergía una camiseta roja en cada acometida. No es de extrañar que los gallegos firmaran unos números nefastos (28% en triples con 8 de 29 y 38% en tiros de dos con 12 de 32). En el primer cuarto apenas anotaron 12 puntos, 8 en el segundo –20 en la primera mitad– y 18 en el tercero. Al Gran Canaria también lo dejaron en 16 puntos en el primer acto y en 13 en el tercero.

Las estadísticas, que no son definitivas pero ayudan a diagnosticar tendencias, gritan la fiabilidad de la escuadra aragonesa. El Casademont es el equipo que menos puntos encaja en la Liga Endesa, con 137, mejorando las prestaciones del mismísimo Real Madrid (137), Barcelona (173), Valencia (151) o Baskonia (177).

Un trabajo coral que halla argumentos en lo individual. El gigante islandés Tryggvi Hlinason, con sus 216 centímetros, es un monumento a la intimidación y lidera el ranquin de taponadores, con 2,5 por encuentro. El pívot también es el noveno mejor ‘matador’ de la competición, con 1,5.

La intensidad y la determinación también se materializan en el dominio del rebote. El gladiador Jonathan Barreiro es uno de los paradigmas y ocupa el segundo puesto en la tabla de rechaces defensivos de la ACB, con 8,5.

No es de extrañar que Porfirio Fisac pusiera el foco sobre este carácter aguerrido de su plantel. El preparador segoviano fue claro en su análisis tras la exhibición ante el Obradoiro. «Nuestro grado de intensidad defensiva desde el inicio del partido ha marcado el camino. El empuje y el trabajo atrás nos ha dado esa comodidad en el marcador que hemos conseguido desde el primer cuarto, manteniéndola todo el partido», indicó.

La visita al UCAM Murcia de Sito Alonso el próximo sábado servirá para calibrar el blindaje de este equipo que vuelve a soñar con las alturas.

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