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El Tecnyconta, un puzle en el que han encajado todas las piezas

Pese a su escaso presupuesto, el club ha funcionado en todos sus estamentos: desde el director deportivo a los jugadores, pasando por el entrenador. 

Tecnyconta - Barcelona / 11-06-2019 / FOTO: TONI GALAN [[[FOTOGRAFOS]]]
Los jugadores del Tecnyconta unen sus manos tras el último partido frente al Barcelona.
TONI GALAN

Decía Michael Jordan que el talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos. A su manera, el Tecnyconta Zaragoza ha aplicado esta máxima para firmar una feliz temporada en la que ha sobrepasado de largo los objetivos con los que arrancó. Con uno de los presupuestos más modestos de la ACB (apenas dos millones de euros para la masa salarial de la primera plantilla), ha desafiado a la lógica para acceder a las semifinales de la Liga y obteniendo la clasificación para la próxima edición de la Champions League. Un éxito rotundo que encierra un concienzudo trabajo colectivo que engloba a todas las instancias de la entidad.

En su estreno como máximo responsable de la faceta deportiva, Pep Cargol ha exhibido un admirable acierto a pesar de las restricciones económicas con las que contaba. Ha confeccionado un plantel equilibrado y sumamente competitivo, una atinada mezcla entre veteranos y jóvenes que han aunado sus fuerzas en pos del bien común. Desde el explosivo Stan Okoye, a ese obrero altamente cualificado llamado Nemanja Radovic, pasando por la fiabilidad de Renaldas Seibutis, el esplendor físico de Javier Justiz, las apariciones mágicas de Nacho Martín o la sabiduría de Fran Vázquez… Todas las incorporaciones han aportado y han cumplido con el papel asignado.

Para maridar a este ramillete tan heterogéneo de jugadores también se acertó en contratar a Porfirio Fisac. El técnico segoviano ha llevado con tino las riendas de un grupo humano al que ha exprimido hasta la última gota. Cuando el talonario no permite fichajes de relumbrón, debe apelarse a la fuerza comunal. Y en este sentido, el entrenador ha conseguido que su discurso calara en la plantilla. Más allá de ganar o perder, el Tecnyconta jamás se ha desconectado en la inmensa mayoría de partidos. Una lacra que arrastraba de las anteriores campañas y que se ha desterrado para alegría de una afición que se ha reconciliado con su equipo. Además, Fisac ha sintonizado con la política de apuesta por la cantera que preconiza el club. Entregar a Carlos Alocén la responsabilidad en los tramos decisivos de los encuentros es la máxima expresión de esta valiente comunión.

Stan Okoye se ha erigido en la gran figura del conjunto rojillo. Su impacto en la Liga Endesa ha sido demoledor. No es casualidad que el nigeriano integre por méritos propios el cinco ideal de la competición, junto a Nico Laprovittola (Joventut), Facundo Campazzo (Real Madrid), Bojan Dubljevic (Valencia Basket) y Walter Tavares (Real Madrid). Ha promediado 14,8 puntos, 5,2 rebotes y 13,7 de valoración. Sus capacidades atléticas han descerrajado las defensas enemigas y han sembrado de acciones espectaculares carne de ‘lo mejor de la jornada’. Además, el pulso no le ha temblado en los últimos segundos de los duelos, cuando la muñeca se les encoge a la mayoría. Todo un hallazgo.

El montenegrino Nemanja Radovic ha sido otro refuerzo vital. Aterrizó sigilosamente procedente del Obradoiro, para revelarse como una pieza indispensable para que el engranaje funcionara. Sus estadísticas (9,6 puntos y 4,7 rebotes) no alcanzan a plasmar los intangibles que aporta. Atesora un gen competitivo y una alma guerrera que contagia a sus compañeros. Es uno de esos jugadores sin ruido mediático ni excentricidades cuyo concurso es esencial.

Otro internacional que ha despejado cuantas incógnitas se posaban sobre sus espaldas es Renaldas Seibutis. El lituano desembarcó en el Príncipe Felipe con 33 años, con un glorioso pasado (fue bronce en un Mundial y plata en dos Europeos) y con un incierto futuro. El rendimiento de estos veteranos con mil guerras en su haber supone siempre un riesgo. Pero el influjo del escolta báltico ha sido rotundamente positivo, tanto por su aportación cuantificable (11,1 puntos y 2,1 asistencias) como por su labor de tutelaje de proyectos tan prometedores como el de Carlos Alocén.

Un caso similar al de Fran Vázquez. El pívot, de 36 años, es historia viva del baloncesto español. Campeón de la Euroliga y triturador de récords varios en la ACB. Su paso por el Tecnyconta no ha sido anecdótico ni insustancial. Su envergadura y las muchas horas de vuelo que atesora, han mostrado luz en momentos de oscuridad. Su labor fuera de los focos, como referente en el colectivo, es muy valorada por Porfirio Fisac, que no ha escatimado elogios hacia el gallego, que ha promediado 7 puntos y 4,7 rebotes.

De la misma generación, la de 1983, es Nacho Martín (7,5 puntos y 3,7 rebotes). El vallisoletano, con pasado en la entidad, ha retornado por la puerta grande. Ha asumido su condición de revulsivo desde el banquillo y ha satisfecho con creces esa exigencia. Hasta el punto de ser elegido el MVP de la jornada 26. Sus triples salvadores y su conocimiento del juego han multiplicado las posibilidades rojillas.

Javier Justiz (6,1 puntos y 4,1 rebotes) ha emergido como una de las grandes revelaciones. El pívot cubano, que hasta ahora solo había militado en la liga de su país y en Argentina, ha sido un titán en la pintura. Intenso, generoso en el esfuerzo y con una envergadura intimidatoria, ha asumido el cometido de sostén defensivo, multiplicándose ante los cincos rivales. No ha pagado el peaje que se le suponía al cambiar de continente y de liga.

Pese a no efectuar su temporada más brillante dentro de una carrera de primer orden europeo, Bo McCalebb ha compartido su toque de calidad, el talento inherente a un jugón que llegó a proclamarse máximo anotador de la Euroliga en 2012. Los problemas físicos han martilleado al base de Nueva Orleans, que ha contribuido con 8,7 puntos, 3,7 asistencias y 2,1 rebotes.

En misiones menos vistosas han estado involucrados el internacional de nuevo cuño Jonathan Barreiro (4,1 puntos y 3,2 rebotes), Johnny Berhanemeskel (8 puntos) y Fabio Santana (tal vez el jugador con menor influencia). El canterano Marc Martí ha proseguido con su proceso de aprendizaje. Y Latavious Williams fue un eficiente parche improvisado a la lesión postrera de Fran Vázquez.

Y, por último, un caso aparte. Carlos Alocén ha deslumbrado a sus 18 años como la joya de la corona, confirmando todas las expectativas que le precedían. Su designación como el mejor joven de la ACB es la justa recompensa a una eclosión con la que se ha deleitado una afición entregada a su prototipo más perfecto. El base derriba muros y prejuicios a golpe de un talento salvaje y desbocado. Sergio Scariolo le ha dado la alternativa en la selección absoluta y los clubes más aristocráticos se pelean por hacerse con sus servicios. El futuro le pertenece, pero en el presente ya gobierna.

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