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REAL ZARAGOZA

Ayala, o el revolcón al submarino

Ayala vuelve a la casa que nunca tuvo. Fichado a bombo y platillo por el Villarreal, el Zaragoza se lo birló gracias a una cláusula de rescisión asequible.

Ayala vuelve al feudo que nunca le vio jugar, a la casa en la que estaba llamado a ser mariscal y nunca ejerció gobierno. El central argentino regresa a Villarreal, el equipo que anunció su fichaje mediada la temporada pasada, orgulloso de arrebatárselo a su vecino de la capital del Turia, y que después vio cómo se lo birlaba el Zaragoza en una jugada maestra de alrededor de seis millones de euros.

El submarino amarillo lo fichó aprovechando que Ayala terminaba contrato en junio de 2007 con el Valencia. La entidad que preside Fernando Roig accedió a firmarle un contrato por tres temporadas. El argentino tenía entonces 33 años, pero no daba la imagen de un jugador en el ocaso, sino la de un veterano con muchas cuerda todavía.

El Valencia había sido su hogar durante siete años. Al final de cada uno de ellos siempre aparecían los cantos de sirena de los "grandes": Que si al Barcelona le gustaba, que si había firmado un precontrato con el Madrid… Ayala era un fijo de los culebrones con arena en el periódico, pero llegaba finales de julio y se presentaba otra vez con la elástica ché.

Cuando Carboni cambió las botas por los despachos a los 40 años y se convirtió en director deportivo del Valencia, se le debió olvidar que en el fútbol hay más ejemplos de longevidad aparte del suyo. Las trabas que puso el italiano a la renovación de Ayala fueron el detonante para que el Villarreal pescase en río cercano.

La petulancia de Carboni le llevó a despreciar el acuerdo de palabra que Ayala y el presidente Soler habían alcanzado para la renovación del argentino por dos temporadas, a razón de millón y medio de euros libres de impuestos. Carboni reinventó la filosofía del club para establecer el tope salarial de los mayores de treinta años en un millón de euros netos.

El desencanto de Ayala, el flirteo continuo de su agente -Gustavo Mascardi- con clubes pujantes y la pericia del Villarreal sellaron un pase anunciado a bombo y platillo por todo Castellón.

Pero cuando el futuro del argentino parecía encarrilado a una jubilación de oro junto al Mediterráneo, el Zaragoza tenía que maniobrar para reemplazar el cromo de Gaby Milito, traspasado al Barcelona. Las buenas relaciones de la secretaría técnica con Mascardi, el interés de Víctor Fernández por Ayala y una cláusula de rescisión de seis millones euros (asequible para un Zaragoza crecido en su imagen), propiciaron el escándalo del verano con el fichaje del argentino por el club aragonés. De Valencia a Zaragoza sin pasar por Villarreal. El hombre de las tres camisetas en una semana.

Un mediático por otro

El jugador forjado en las categorías inferiores de Ferro Carril Oeste llegó a la capital del Ebro para mitigar con gancho publicitario el daño mediático que producía la baja de Milito. Todo eso aparte del cambio de un buen jugador por otro buen jugador.

Ayala, como el resto de zaragocistas desgastados por la Copa América, tardó en demostrar la firmeza de sus galones. El paso de los meses, en una temporada convulsa como pocas, tampoco le ha ayudado a erigirse en el referente que de él se esperaba.

La llegada de Manolo Villanova y la perspectiva de tres meses sin más sobresaltos pueden contribuir a que se vea su mejor versión. Lo primero que hizo el técnico es hablar con él de perro viejo a perro viejo, y decirle que para solucionar una crisis hace falta gente que ladre desde la banda, pero también dentro del rectángulo de juego.

Habrá que ver cómo se le recibe mañana en Villarreal. Puede que Ayala sea el cabeza de turco de una operación legítima por parte del Zaragoza y en la que el conjunto castellonense, si pecó de algo, fue de ponerle una cláusula de rescisión apetitiva para otros bolsillos.

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