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CAI ZARAGOZA

Así, ni al Unicaja ni a nadie

La inexistente defensa de la segunda mitad condenó al CAI en Málaga, donde recibió más de cien puntos y Chus Mateo debutó en liga con victoria. Aguilar no jugó, el Unicaja hizo daño por dentro y acabó sentenciando con su acierto exterior, mientras en el banquillo aragonés no había respuesta.

Adam Chubb falla un mate ante la oposición de Carlos Jiménez.
Así, ni al Unicaja ni a nadie
ACB MEDIA

Recibiendo más de 100 puntos (105-80), con una defensa totalmente inexistente en la segunda mitad, con las ausencias de Carlos Cabezas y Pablo Aguilar, y ante un rival que hace daño por dentro y acierta de lo lindo desde fuera es imposible ganar. Pero al Unicaja y a cualquier adversario de la ACB. El CAI Zaragoza volvió trasquilado de Málaga después de que el 'tocado' conjunto en el que debutaba Chus Mateo en liga pasara por encima de los rojillos sin que tampoco hubiera una respuesta concreta y acertada desde el banquillo aragonés. No era un partido con el que se contara, pero los zaragozanos dejaron escapar una buena oportunidad de vencer en la pista andaluza. En realidad, no llegaron a tener ni una sola opción, pero por su mal encuentro, especialmente tras el descanso, que quedó sentenciado en el tercer parcial.

Era un día para dar la cara, para tutear a un grande en apuros y para tratar de sorprenderlo y que la presión le afectara sobre la cancha. Pero no. Al conjunto aragonés le faltó la garra, la rasmia y la actitud para poner en problemas a un Unicaja que acaba de cambiar de entrenador. Para él, para Chus Mateo fue una de las primeras ovaciones de la mañana, otra fue para DP que regresaba a la que fue su casa y la más sonora y espontánea fue cuando hizo acto de presencia vestido de calle el malagueño Carlos Cabezas.

Ya los primeros compases no eran demasiado halagüeños para el CAI. En los primeros ataques andaluces el pívot Joel Freeland sacó una canasta y una falta a cada poste rojillo. Lo lógico, ya que Mateo iba a tratar de explotar sus puntos fuertes. Por su parte, el equipo zaragozano no seleccionaba bien sus tiros, estaba a punto de comerse las primeras posesiones y el gran damnificado fue un Paolo Quinteros a quien Abós sentó y se olvidó de él un buen rato.

Menos mal que por aquel entonces el CAI dominaba claramente el rebote ofensivo y Hettsheimeir espabilaba tras unos fallos iniciales. El equipo estaba serio sobre el parquet. La intensidad todavía estaba presente, pero los nervios también, esos que llevaron a los rojillos a cometer errores tontos, que no pasaron a mayores por la falta de puntería malagueña.

La primera puñalada local fue por dentro, con un inspirado Freeland y un aguerrido Guille Rubio. Y dolió porque Abós se enfadó y sentó rápidamente a Chubb. La batalla interior tenía las ausencias de Aguilar y Archibald y eso llevó a los técnicos a trasladar el duelo de aleros altos entre Barlow y Jiménez al puesto de 'cuatro'. Fuera donde fuese la baza siempre caía del lado del Unicaja.

El castigo a Quinteros quedó evidenciado cuando una vez más Abós confió momentáneamente en Riera (luego daría marcha atrás) en lugar de dar entrada al argentino y colocar de 'uno' a Miso, quien se había mostrado como el más listo de la clase, pero con excesivos errores en el tiro.

Casi sin querer, el conjunto local fue abriendo brecha y sólo el acierto en los triples del belga Van Rossom equilibraba la contienda. No era el único con la muñeca 'tonta'. Por parte del Unicaja Tripkovic ya apuntaba el festival anotador que protagonizaría después. Sin embargo, la atención se centraba en el gran duelo interior entre Freeland y Hettsheimeir. Saltaban chispas y ambos sumaban con pericia para sus conjuntos hasta el descanso (49-40).

En la reanudación Abós buscó algo distinto: jugar con dos 'cincos'. La idea era buena, pero sus jugadas siempre buscaban a Hettsheimeir -marcado por el pívot rival-, en lugar de buscar a Chubb ante un 'cuatro' menos corpulento. El CAI se chocaba contra un muro y Freeland dominaba la pintura.

La desventaja iba en aumento, el técnico zaragozano se enfadaba con Chubb y lo sentaba. Justo al lado de un Quinteros que seguía sin contar para su entrenador. Con ese panorama y la fiesta del Unicaja desde la línea de tres el partido se escapó mediado el tercer cuarto. El equipo aragonés no defendía nada y los tiros cómodos de los de Chus Mateo acababan siempre en la cesta. El CAI era un muñeco en manos de un grande enrabietado y acertado. Hasta por 23 fueron perdiendo los rojillos (70-47). Se había acabado.

Sólo entonces regresó Quinteros a la pista y le demostró a su técnico que podía haber estado ahí sumando para el equipo. Un triple, un robo, una canasta al contragolpe y en un chispazo el CAI se acercaba a 12 de la mano del argentino. Demasiado tarde. O mejor dicho, sin tiempo de compensar los triples continuos de Tripkovic y Jiménez.

El último cuarto sirvió para poco. Bueno, para comprobar que pueden estar juntos en la pista Quinteros y Miso, para que el joven Lima tuviera sus minutillos y para que continuaran las ovaciones. En este caso todas para un Unicaja que humilló a los aragoneses en el tramo definitivo.

Chus Mateo recibió el mejor regalo de cumpleaños posible (era ayer) y devolvió el presente a sus mejores hombres sustituyéndolos para que el Martín Carpena se rindiera a sus pies. Ni allí ni en ningún sitio hubiera ganado la versión del CAI que se vio en Málaga.

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