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MONTAÑISMO

Año nuevo en Nepal

El domingo celebramos el año nuevo en Nepal. Comenzamos este 2.065 con buenos deseos y buenas vibraciones. Además, Nepal se estrena con elecciones constitucionales, nuevo hito que marcará el futuro de este pequeño país lleno de montañas. Para nosotros son días de calma, de descanso, tras haber subido a la cota 5.900 y haber instalado el Campo 1, primer campo de altura de los tres que necesitaremos para subir a la cima de este gigante. En unas seis horas y media cruzamos bajo el pequeño Eiger, pared vertical que domina el campo base, para luego atravesar un largo glaciar hasta el enorme collado que conforma el comienzo de la arista noreste del Dhaulagiri.

Llegamos con buen tiempo, montamos las tiendas y comenzamos con las tareas de fundir nieve para obtener agua. Al caer la noche, la nieve hizo acto de presencia y a la mañana siguiente un blanco manto lo cubría todo. Tras pasar la noche en este lugar, comenzamos el descenso hacia el Campo Base, para descansar y permitir que el cuerpo se vaya recuperando del esfuerzo realizado. De momento todo va sobre lo previsto. En el próximo tirón habrá ya que montar el Campo 2, a unos 6.500 metros, pero eso será dentro de unos pocos días.

Luce el sol de nuevo en nuestro Campo Base y hemos aprovechado para hacer una buena comida. Hemos traído dos buenas piezas de bacalao y nuestro amigo Asier, miembro de la otra expedición, ha instruido a nuestro cocinero en las artes de la cocina de este manjar. El resultado no ha podido ser mejor y hemos degustado un buen bacalao al pil pil que ha hecho las delicias de nuestros paladares. El estado de ánimo no puede estar más alto y nos encontramos tranquilos, con los deberes hechos hasta la fecha y con energía para pegar duro en esta montaña.

A pesar de la altura y del frío, los equipos de ordenadores y cámaras están funcionando perfectamente. Aprovechamos las horas centrales del día, las de más calor, para trabajar con ellos y poder enviar las crónicas y las fotos de nuestras peripecias, así como los videos para la televisión aragonesa. Es un trabajo duro, pero nos reconforta el poder compartir con todos los aragoneses estos bellos paisajes, tan alejados de nuestra tierra como salvajes en sus formas.

Hablamos con expedicionarios de otros países sobre nuestras montañas, acerca de nuestras costumbres y no podemos evitar dejar entrever una cierta melancolía tras estas tres semanas ya alejados de nuestro hogar. Poco a poco va pasando el tiempo y nos vamos acostumbrando a estar aquí, viviendo sobre el hielo y las piedras, escuchando avalanchas en la noche o reconfortándonos por los primeros rayos de sol en la helada de la mañana. Como animales de costumbres que somos, nos hemos hecho a este tipo de vida tan extraño y empezamos a encontrar cierto confort en nuestra existencia en las alturas. Es un proceso inevitable, necesario para seguir ascendiendo, para seguir soñando con la lejana cima de nuestra montaña.

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