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HIMALAYISMO

Annapurna, la cima polémica

Pauner, en la cima del Annapurna.
Annapurna, la cima polémica
C. PAUNER

Apenas unas horas después del rescate, herido en la piel, en la visión y, sobre todo, en la mente, cuando empezaba a sentir el calor de los suyos tras el frío inhumano y con la pesadumbre lógica sólo horas después de haber perdido a su amigo Tolo, a su 'gudari', en las hambrientas y venenosas paredes del Annapurna, a Juanito Oiarzabal le pusieron el anzuelo. Y picó. Frustrado (se había esfumado toda posibilidad de rescatar a Calafat) al vasco le pedían desde España culpables, una explicación convincente con la que dar respuesta a tanta pregunta de apariencia irresoluble. Juanito, posiblemente imprudente, disparó contra la expedición coreana ("han sido insolidarios"), contra sus sherpas ("les hemos ofrecido 6.000 euros a cada uno y no han querido ir a rescatarlo") y contra Miss Oh: "Está ahora mismo frente a mí y, si pudiera, le arrancaría la cabeza".

Oiarzabal explicaba la cifra con la que se intentó 'comprar' la solidaridad de los sherpas y ponía, de esta forma, nombre y apellidos a los responsables indirectos del profundo tedio que sintieron los expedicionarios españoles al no ser correspondidos en su solicitud. Eran las frases que, trasladadas miles y miles de kilómetros a través del satélite, removieron las tripas del montañismo de élite, el único que conoce cada punto, todas las disposiciones y los anexos del código de honor que rige en la alta montaña, ése que, pese a no estar escrito, permanece grabado en las mentes de todos los que sueñan con acariciar el techo del mundo.

Aunque sólo los que estuvieron ahí arriba hasta el final conocen (y conocerán) con detalle lo que sucedió, el ataque de Juanito contra los coreanos y los sherpas sacudió la paz en que vive la familia del montañismo. Del ingente abanico de comentarios que han señalado la poca fortuna del himalayista vasco en sus comentarios se deduce un punto en común: los sherpas son personas, tienen familia y su vida no se compra con dinero.

"Los sherpas también se cansan y más aún después del esfuerzo de la cumbre. No podemos pensar nunca que la solución a los problemas en la montaña está en los sherpas", señalaba la himalayista Edurne Pasaban desde el Shisha Pangma. "Son seres humanos que no tienen la obligación de jugarse la vida cuando sus fuerzas están mermadas, cuando regresan cansados de trabajar en la montaña. No se les puede responsabilizar de nada, ni señalarles como culpables", añadía Juan Vallejo, colega de Oiarzabal. Mientras, el vasco se defendía desde Nepal: "Yo lo que quería era rescatar a Tolo. El que diga que yo pago para que se jueguen la vida y se mueran en vez de Tolo, miente. Hay que estar allí para saber la tragedia que hemos vivido". Porque, como explicaba la tolosarra Pasaban, los sherpas "son compañeros" y como tales son tratados. Así que, quizá, el problema reside en la mala interpretación de las frases del himalayista vasco. O en que se hayan entendido erróneamente.

Donde más se ha sentido la pérdida de Calafat, allí donde sus seres queridos afrontan la dramática pérdida, las críticas han ido más lejos, y apuntan directamente al vitoriano y, de fondo, al aragonés Carlos Pauner. Así lo ha reflejado la prensa balear, donde han tenido cabida los comentarios más hirientes y apasionados. "Oiarzabal pudo evitar la situación de riesgo que se creó. Fue una imprudencia. Me sorprende que el jefe de la expedición se arriesgase a subir tan tarde a la cima de una montaña con un descenso muy peligroso, y que, con toda su experiencia, y tras ver que Tolo no tenía técnica suficiente, no le dijese: Tolito, tú no tienes el nivel suficiente y nos vas a poner en peligro a todos y sobre todo a ti", lamentó Juan Antonio Olivieri, himalayista balear, compañero y amigo de Calafat.

Comentarios, unos y otros, fruto de la frustración e impotencia ante el trágico desenlace que acompañó la cima obrada por la expedición española. Aguijonazos que sólo contribuyen a perturbar la serenidad del montañismo, a perjudicar la belleza de este deporte.

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