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Deportes

OLIMPISMO

Alta tecnología contra el dopaje

La colaboración entre los gobiernos, el COI y la AMA quiere evitar la escalada de casos positivos en los Juegos.

En materia de dopaje como en otros dominios, los Juegos de Pekín serán los más vigilados de la historia olímpica, pero nadie, comenzando por el Comité Olímpico Internacional (COI), puede afirmar que estarán libres de escándalos. El aumento de casos registrados en las tres últimas ediciones de los Juegos (2 positivos en Atlanta-1996, 11 en Sydney-2000, 27 infracciones en Atenas-2004) hace presagiar una nueva ola de dopaje y permite en todo caso medir la pertinencia del credo de los deportes más corruptos, comenzando por el ciclismo: "Se encuentra porque se busca".

La epidemia de casos de dopaje en los últimos Juegos es el resultado de una persecución cada vez más eficaz de los tramposos por las instancias olímpicas y deportivas en general. Las cifras son elocuentes: habrá el doble de controles en Pekín que en Sidney (4.550 contra 2.350). Atenas marcó un cambio: Los Juegos de 2004 fueron los primeros celebrados bajo el gobierno del código mundial antidopaje, texto de ley de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) cuya creación, cinco años antes, fue fruto de la dolorosa toma de conciencia de la amplitud del fenómeno del dopaje.

En Grecia, el COI operó su cambio, dirigido desde hace tres años por Jacques Rogge, adepto del concepto 'tolerancia cero'. Esta intransigencia estará más acentuada en Pekín por varias razones.

Porque el COI, resentido por la crisis del Tíbet y el caótico recorrido de la antorcha olímpica, quiere ahorrarse un nuevo escándalo. Porque el olimpismo ya vio su imagen manchada por el engaño de la estadounidense Marion Jones, uno de sus iconos. Y porque muchos dudan de los esfuerzos de China en términos de honestidad deportiva.

La AMA y el COI repiten que los Juegos de Pekín serán el escenario "del mayor despliegue de medios para luchar contra el dopaje en la historia olímpica", según palabras de Arne Ljungqvist, presidente de la comisión médica del COI y número dos de la AMA.

Pero uno puede interrogarse por la eficacia de ciertos métodos de análisis, comenzando por el test de la hormona de crecimiento, cuyo margen de detección (3 días máximo) no está a la altura del supuesto uso de este producto por los deportistas de todas las disciplinas en sus periodos de preparación.

Controles 'inteligentes'

Más allá de las competiciones, la intransigencia ha sido ya extrema. Las agencias nacionales y la AMA han llevado a cabo campañas precompetición exhaustivas, a imagen de Francia, que ha controlado a cada uno de sus deportistas seleccionados. Los controles previstos en Pekín deberían ser 'inteligentes', según el término de moda. Los primeros de cada prueba seguirán pasando controles antidopaje, pero los controles con un blanco determinado se multiplicarán gracias a las informaciones recogidas por la 'task force', verdadera célula de información formada por representantes del COI, de la AMA y del Comité de Organización Chino (BOCOG).

La AMA y el código mundial antidopaje han hecho posible que se comparta información entre gobiernos y autoridades deportivas. Una cooperación que dará sus frutos en Pekín, especialmente en materia de colaboración de las aduanas. China busca limpiar su imagen en materia de lucha antidopaje, y la reciente suspensión de por vida de varios de sus deportistas por una primera infracción -que teóricamente equivale a una simple sanción de dos años- es un ejemplo notable.

Frenado por la lentitud de entrada en vigor de los textos reglamentarios y principalmente del código mundial antidopaje que será revisado el 1 de enero de 2009, Jacques Rogge no pudo imponer para Pekín las medidas drásticas que deseaba y que ha aplazado para los Juegos de Londres.

En 2012, todo deportista suspendido al menos seis meses durante los cuatro años anteriores estará excluido de los Juegos, se aumentarán las sanciones económicas y un deportista será suspendido provisionalmente en caso de positivo de su muestra A, sin esperar al contraanálisis. Los Juegos de Pekín serán por lo tanto una etapa hacia una mayor intransigencia.

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