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SELECCIÓN ESPAÑOLA

Algo le pasa a Cesc

Es el alma del Arsenal, pero en la selección es un número doce de lujo, un papel que no le motiva nada.

Algo le pasa a Cesc
Algo le pasa a Cesc

La calidad de Cesc Fábregas es incuestionable, pero que el futbolista catalán sea 'simplemente' bueno o brillante depende de su cabeza. Y algo le debe rondar en este Mundial porque se le ve deprimido, sin chispa, cabizbajo, desmotivado.Cuando el lunes sustituyó a Xavi en el minuto 65 ante Honduras, tampoco se le iluminó el rostro. Tuvo una ocasión clara de gol y, tras fallarla, se fue al banderín de córner y le dio una patada.

Pero lo hizo con desgana, apático, como si su mente estuviera en otra parte y tuviera cosas más importantes en las que pensar. La motivación de Cesc está íntimamente ligada a su protagonismo.

En el Arsenal lo es todo, el alma de un club histórico al que llegó en la adolescencia y en el que, siete años después, le rinden pleitesía. Es el señor del centro del campo, el motor, cerebro y gran capitán de los 'gunners'. En la selección, sin embargo, ha coincidido con una generación de lujo en la medular y la titularidad está muy cara. Xavi, Xabi Alonso, Busquets, Silva, Iniesta... El plantel es estelar y, a pesar de su valía, a Cesc le ha tocado ser el jugador número doce, ese recambio de muchos quilates por el que cualquier entrenador del mundo suspiraría.

En la pasada Eurocopa de Austria y Suiza, la que encumbró a este grupo, el entonces seleccionador, Luis Aragonés, gestionó el diván con acierto para convertir al de La Masía en un revulsivo.

Le costó lo suyo y, lo que son las cosas, la estima del catalán ganó enteros cuando David Villa se lesionó y tuvo más minutos. El punto de inflexión, el que convirtió a Cesc en algo más que un excelente centrocampista, fue el penalti que le marcó a Italia en la dramática lotería que clasificó a la Roja para semifinales.

Quiso el destino que tuviera esa posibilidad, y la aprovechó. Cómo lo notó el equipo días después, cuando se jugó el pase a la final ante Rusia. Bajo el diluvio universal en Viena, cogió el timón del arca y lo dirigió con maestría.

Fábregas estaba convencido de que podía ser titular ante Honduras, y quedarse en el banquillo fue un palo muy duro para él -también lo fue para Silva, pero el canario es menos expresivo-. Así que se sentó junto a sus compañeros con el malestar reflejado en su rostro, un gesto que ni siquiera cambió cuando saltó al campo. Del Bosque tiene una ardua tarea por delante para reactivar al 'pistolero' del Arsenal, fundamental en el esquema cuando el juego está atascado.

Los cantos de sirena de su posible regreso al Barcelona -él mismo se ha postulado para la vuelta a la casa culé- han podido influir en el rendimiento del catalán, pero desde luego en menor medida que su rol hasta ahora secundario en la Roja. El entorno azulgrana le recibiría como el recambio de futuro de Xavi, como recibió a Xavi como sucesor de Guardiola. Pero para que eso suceda tendrá que esperar. Y la paciencia no es su fuerte.

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