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ALEMANIA - ARGENTINA

Alemania calienta el partido

Schweinsteiger atacó a la selección argentina en lo que parece el inicio del juego psicológico previo al encuentro que medirá a ambos conjuntos el sábado.

Schweinsteiger, en rueda de prensa.
Alemania calienta el partido
AFP PHOTO

Pasaron exactamente cuatro años, pero Bastian Schweinsteiger no perdona. El alemán de nombre complicado lanzó un tan duro como calculado ataque hacia la selección argentina, rival el sábado por un lugar en las semifinales del Mundial de fútbol.

"Cuando uno ve los partidos de Argentina, la forma en que los jugadores intentan influir en el árbitro gesticulando ya antes del partido... Creo que es una falta de respeto, pero los argentinos son así. Ésa es su mentalidad", advirtió el mediocampista del Bayern Múnich.

Por un momento se pensó que la cosa quedaría ahí, pero el hombre que está jugando en el puesto del lesionado Michael Ballack había llegado a la colmada sala del hotel 'Velmore', en la diminuta Erasmia, dispuesto a calentar el partido con Argentina. Dispuesto, de hecho, a jugarlo 75 horas antes de que comience.

Schweinsteiger es, a sus 25 años, alumno modelo de Mark Van Bommel, el hombre que en el Bayern sabe mejor que nadie cómo y cuándo desquiciar al adversario con pequeñas faltas, pataditas, codos o palabras gruesas.

"No debemos dejarnos provocar", dijo Schweinsteiger antes de seguir provocando a sus rivales y condicionando el partido: "Hay que adaptarse, espero que el árbitro tenga un buen día".

Todo un condicionamiento hacia el juez de la tarde del sábado en Ciudad del Cabo, un partido en el que los alemanes intentarán acortar distancias: de 18 partidos jugados ante Argentina los alemanes perdierton ocho y sólo ganaron cinco.

El enojo, aun cuando también incluya cierta escenificación, se basa en el escandaloso cierre del choque de cuartos de final que Alemania ganó por 4-2 a Argentina el 30 de junio de 2006. Aquello está grabado a fuego en la mente de los germanos, que regresaron hoy al trabajo tras un día y medio libre.

Está grabado hasta en la del joven Thomas Müller, que en 2006 estaba muy lejos de la selección alemana y siguió aquel partido de Berlín en un "Biergarten" (patio cervecero) con amigos.

"No nos vamos a dejar provocar, no me voy a involucrar en una pelea si ganamos", aseguró el mediocampista ofensivo que encarna como pocos la "nueva" Alemania.

Müller se pone en el lugar de Torsten Frings, y dice que no repetirá aquel error, el de darle un puñetazo al argentino Julio Cruz.

La reacción de Frings llegó tras la patada del suplente argentino Leandro Cufré a la altura de la entrepierna del alemán Per Mertesacker y el golpe de Maxi Rodríguez a Schweinsteiger por la espalda. Frings sería luego suspendido y no jugaría la semifinal con Italia.

Los alemanes, que mañana serán recibidos en Ciudad del Cabo por Ballack, no quieren que vuelva a suceder algo así. Hoy se deshicieron en elogios a Diego Maradona, hablaron de Argentina como "la" favorita para ganar el Mundial y dijeron que les resulta difícil encontrarle defectos a la albiceleste.

Joachim Löw, el entrenador alemán, hizo de "policía bueno". Schweinsteiger asumió con gusto el papel de "poli malo", pero en su intento de desestabilizar emocionalmente a los futbolistas argentinos rozó la ofensa a todo un país y su gente.

"Espero que el árbitro tenga la sensación de quién y cómo provoca. Ya se vio en el partido contra México en el entretiempo lo que pasó, o como los hinchas argentinos se sientan juntos en bloque pese a que esos no son sus lugares e impiden que otros espectadores con las entradas correctas vean el partido".

Schweinsteiger, desde su mentalidad bávara y alemana, dejó en claro que no puede ni quiere entender a los argentinos: "Muestra un poco el carácter y su mentalidad, tenemos que prepararnos".

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