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GETAFE 1 - 1 REAL ZARAGOZA

Aguirre, el único cambio

La era Aguirre arrancó con la conquista de un punto en Getafe. Como sucede con muchos empates, el resultado da para todas las lecturas, según la óptica que se tome.

Javier Aguirre, ayer, en su área técnica.
Aguirre, el único cambio
ENRIQUE CIDONCHA

La era Aguirre arrancó con la conquista de un punto en Getafe. Como sucede con muchos empates, el resultado da para todas las lecturas, según la óptica que se tome. No saca, desde luego, al Real Zaragoza de la zona de descenso a Segunda; pero no es menos cierto que en la larga batalla por la supervivencia un punto alimenta la esperanza. El equipo sigue más o menos cerca de la vida en términos de clasificación. Cada cual, por eso, puede optar por la vertiente que desee. Las dos son legítimas, sin que esto signifique relativismo ni se pueda utilizar como velo con el que cubrir debilidades del bloque aragonés.El equipo, en términos generales, sigue siendo el que era bajo el gobierno de José Aurelio Gay y Nayim. Poco ha cambiado. Acaso prácticamente nada. Aguirre, en realidad, aún no ha tenido tiempo de entrar en profundidades. Su compromiso voluntarista es el de siempre y sus vacíos los de casi todos los días. Desde anoche, el Vasco seguramente tiene una idea más cercana a la empresa a la que realmente se enfrenta, que no es de orden menor, ni mucho menos, desde un punto de vista futbolístico.

Como era previsible, determinadas lagunas de orden invidual siguen estando presentes, porque éstas escapan a cualquier posibilidad de control por parte de unos entrenadores u otros. Gay y Nayim las padecieron, y como entrenadores noveles que buscaban un hueco al sol de la élite del fútbol español se callaron. Ya veremos cómo reacciona el técnico mexicano ante aquello que le habían contado y que ahora le ha enseñado la realidad.

Aguirre no es hombre de silencios ni de resignaciones. Tampoco su carácter abre vías al conformismo. Falló Jiri Jarosik varios despejes dentro del área, la defensa dejó unos preocupantes huecos por arriba, pareció que Sinama Pongolle nunca hubiera desempeñado funciones de delantero o que una amnesia le hubiera arrancado la conciencia del fuera de juego, Gabi se perdió para la causa cuando se tuvo que desplazar al lateral derecho y Lafita no entendió en qué debían consistir sus despliegues.

Una vez más, este tipo de viejas cuestiones nos conducen a los diseñadores de la actual plantilla; es decir, a Antonio Prieto, director deportivo, y a Pedro Herrera, secretario técnico. A este respecto, no es que el río Pisuerga pase por Valladolid o que un sonsonete haya quedado atrapado en el interior de un altavoz para salir al aire a su antojo. Se trata de una realidad cruda que se muestra semana a semana. A ellos habría que pasarles esta cuenta.

El Zaragoza adolece de una preocupante falta de calidad. La conversión industrial de melones en balones no puede establecerse como mecanismo de operaciones de ninguna de las maneras. Este déficit arruina cualquier disposición táctica: las intentadas por el anterior cuerpo técnico y las anunciadas ayer por Aguirre.

Hasta aquí, todos y cada uno de los rivales con los que se ha enfrentado el Real Zaragoza -con independencia del resultado que se haya dado finalmente- se han mostrado superiores. El Getafe, también lo fue. En los aspectos sustanciales del juego, la escuadra de Míchel reveló mejores prestaciones y un comportamiento más eficiente.

José Edmilson dio pausa, serenidad y sentido a la primera salida de la pelota. Pero a partir de ahí se careció de las combinaciones necesarias. Sólo Nico Bertolo supo dar contenido a las progresiones que emprendió por la banda. El argentino fue lo mejor del Zaragoza. Su gol, sin embargo, no llegó por obra de la creación colectiva. Su origen estuvo en un pelotazo y en un error de considerables dimensiones de Codina, guardameta del Getafe. Únicamente esta circunstancia permitió que el Zaragoza se situara por delante en el marcador antes de que concluyera la primera mitad.

El árbitro, protagonista

Luego, el colegiado del encuentro, Teixeira Vitienes, condicionó todo lo que sucedió. La injusta expulsión de Ponzio obligó a los hombres de Aguirre a un ejercicio de ejemplar resistencia, una vez que el Getafe ya hubiera igualado el encuentro por medio de Adrián Colunga, en el lanzamiento de un penalti. Cuando de esto se trata, cuando se habla de entrega, compromiso, voluntad o lealtad, a los futbolistas del Real Zaragoza no se les puede recriminar absolutamente nada. Ha sido así desde un princpio y ayer se comprobó de nuevo que este capítulo no existen fisuras. Aguirre tiene mucho trabajo.

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