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ALPINISMO

Aguantar el dolor

El reconocimiento médico en el Clínico confirma que Pauner tiene tres costillas rotas tras la caída del domingo en el Shisha Pangma. El himalayista ya piensa en ascender el Annapurna en primavera

Pérez, Pauner, el doctor Morandeira, el gerente del Sector Salud, Víctor M. Calleja, y la doctora Nerín ayer en el Clínico.
Aguantar el dolor
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Durante un mes, Carlos Pauner tendrá que soportar el dolor que le provoca la rotura de tres costillas. Durante un mes, Carlos Pauner deberá sobrellevar el golpe emocional por una nueva expedición frustrada. Hay periodos en los que nada sale bien, y el himalayista jacetano parece pasar por uno de ellos. No le molesta reconocerlo.

 

Desde que firmó su octavo ochomil aquel 1 de mayo de 2008, el Dhaulagiri, 'la montaña blanca', la suerte le ha dado la espalda. El Lhotse, el Manaslu y, desde esta semana, el Shisha Pangma, han agrandado la sensación de frustración. La campaña, áspera, dura, no ha podido terminar peor. Y allí donde se esperaba poner la guinda a tanto revés, en la elegante Shisha Pangma, una montaña solitaria aislada en medio del vasto altiplano tibetano, la más pequeña de los catorce 'ochomiles' (8.013 metros), Carlos Pauner se encontró el pasado domingo con una caída, a 5.800 metros, que le obligó a un tortuoso regreso que culminó el jueves en el Hospital Clínico. El reconocimiento médico confirmó ayer las primeras sensaciones: "Múltiples fracturas costales: 7ª costilla en su porción posterior; 8ª y 9ª costillas en la inflexión del arco costal, todas ellas en la parrilla costal derecha.

 

Hematomas en otras costillas". El pronóstico de la Unidad de Medicina de Montaña del Clínico, que dirigen los doctores José Ramón Morandeira y María Antonia Nerín, señala que las lesiones son "muy dolorosas", y le impiden "completamente" la actividad física. En un mes, Pauner podrá reanudar "progresivamente" la práctica deportiva. Y preparar su próximo objetivo: el Annapurna (8.091), con una fama, justamente ganada, de montaña difícil y peligrosa. Será en 2010, en primavera. "Hay gente que ante la adversidad se echa atrás, yo soy de los que miran adelante", reconocía ayer el alpinista, escoltado por los médicos del Clínico y su fiel amigo e improvisado enfermero en este viaje, el zaragozano Javier Pérez.

Domingo para olvidar

Todo ocurrió el domingo 13 de septiembre, a las 8.30 hora de Nepal. Así lo relataba Pérez, que caminaba detrás de Pauner. "Salimos en busca del material que habíamos dejado en el depósito a 5.800 metros, aproximadamente, al borde del glaciar, para recogerlo y subirlo al campo 1, a 6.400. Llevábamos un poco más de una hora andando tranquilamente, nos notábamos aclimatados. Atravesábamos unos bloques de granito de la morrena; un terreno 'guarro' como lo llamamos, mezcla de barro, hielo y arena. Carlos se subió a un bloque que se volteó, se quedó en el aire y se dio un golpe violento. Por los gritos que daba pensaba que se había roto el brazo derecho. Pero se dolía del costado derecho. Cuando lo moví un poco, con cuidado, el quejido era por las costillas. Esperamos un rato a ver si se le pasaba el dolor. Le puse tumbado con las mochilas. Tenía unos ruidos, un 'clac, clac', que ratificaban que algo se había roto. Hablamos un rato y vimos que no podíamos seguir para arriba. Estaba claro que la expedición se iba a acabar".

 

Después de una hora, los dos deportistas de Montañeros de Aragón iniciaron el descenso, lento, complicado, al campo base, donde les recibieron el cocinero, personal de la agencia nepalí organizadora de la expedición y un cirujano griego que emitió el primer pronóstico: "Ya no eres un alpinista, ahora eres un paciente". A las siete de la mañana, hora española, el teléfono de la doctora Nerín sonó con fuerza. Se encontraba, junto con José Ramón Morandeira, en Calcena con los alumnos del Máster de Medicina de Montaña. El número que aparecía en la pantalla era el satélite de Pauner. "Algo ha sucedido", le alertó a su colega. "Hicimos una exploración dirigida por teléfono, en la que nos interesaba saber sus constantes, como la frecuencia respiratoria y cardiaca, si había dificultad al respirar? Todo para descartar posibles lesiones internas, que no hubiera habido lesión del hígado, un neumotorax...", detallaba ayer Nerín. Al otro lado del teléfono, a miles de kilómetros, Pauner temía lo peor: "Tenía taquicardia y la tensión muy baja. Creía que me había perforado algún órgano interno, que me desangraba y que me quedaba ahí".

Una tortura de regreso

Al día siguiente, empezó la odisea. Atrás quedaba el perfil del Shisha

-"la siguiente vez subiré por la vertiente sur; la norte no me ha gustado, es demasiado esfuerzo desde el campamento base hasta la falda del pico", explicó-. Por delante, 18 kilómetros a pie hasta el campo base chino. A las cinco de la mañana comenzaba la "tortura", aliviada por la ayuda de un caballo. A las cinco de la tarde, un jeep condujo "por pistas horribles, llenas de baches" a Pauner y Pérez a la frontera de China con Nepal, que se cerró a las 18.30 lo que les obligó a hacer noche. El martes 15, carretera hasta Kathmandú con Pauner en el asiento trasero, doblado de dolor. El miércoles, vuelo desde la capital de Nepal a Delhi (India) y de allí a Londres, donde se perdió la conexión con Madrid por retrasos. El jueves, por fin, en casa.

 

Pauner ha llegado abatido. "Me fastidia cerrar un año tan mal. Me fastidia todo el esfuerzo y la ilusión que había puesto en este proyecto para culminar la temporada con el noveno ochomil", se lamentaba ayer. Y sintiendo que había faltado a su pensamiento, pidió "perdón" a los aficionados y a los patrocinadores "por no haber cumplido las expectativas que tenían depositadas en mí".

 

Una vez curadas las heridas del cuerpo y el alma, Pauner ya mira al futuro, a 2010, a la empresa de los catorce 'ochomiles' que apadrina el Gobierno de Aragón. "El Annapurna. Lo intenté en 2002. Me apetece romper esta mala racha con un proyecto muy serio que me motive para entrenar en invierno. Creo que es una buena solución a tanta desgracia. Ahora está todo negro pero ya saldrá el sol. Por eso voy a luchar", anunciaba el altoaragonés.

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